Carta a El País

Montevideo, 4 de Junio de 1999

Sr. Director de la Sección Rurales de El País

Javier Pastoriza

 

De mi mayor consideración:

En la carta titulada “¿Revuelta o revolución?” publicada días pasados, el Dr. Ignacio de Posadas hace afirmaciones que, a sabiendas o no, me aluden, por lo que he decidido contestarla. Iniciada con una referencia de tono mayestéutico, donde un sabio Ministro ilumina a un confundido monarca británico con una aclaración de trascendencia histórica –nada menos que referida al nacimiento de la Democracia- la carta a continuación se explaya en consideraciones sobre los objetivos de la movilización rural actualmente en curso.

Dejo a los sicólogos la interpretación sobre la pertinencia de la cita histórica referida al iluminado Ministro monarquista. Porque esto hace referencia a la persona Ignacio de Posadas –tema que no me interesa- y no al mensaje de esa persona, tema que sí me interesa, por estar referido a un tema de gran importancia para el país. Paso, en consecuencia, al contenido explícito de la carta. Después de aclarar de que no se siente eximido de sentir por los que sufren, el ex Ministro de Economía apunta  a demostrar que los “alzados” están equivocados. “Se alzaron pidiendo ventajas, no cambios…Todavía, encima, se dejaron entubar hacia el Parlamento…” Primero descalifica el objetivo –se trata de ventajear-  y luego a los sujetos, con el símil ovejuno del desfile por el tubo.

Este es el contexto de la carta, que considero necesario esbozar, porque es parte insoslayable del mensaje. Del mensaje solo voy a comentar la frase que me atañe directamente. La misma dice “Tampoco es con eslogans superficiales como las absurdas cuantificaciones del “atraso cambiario” o de supuestas transferencias de recursos entre sectores…”. La cuantificación del atraso cambiario (sin comillas) que ha tenido mayor difusión, y que ha sido reiteradamente citada durante la movilización, es la que realizó el que suscribe, que fuera publicada por “El País Agropecuario” en su número de enero pasado.

El adjetivo “absurdo” –por definición lo imposible o que carece de significación- no sé si se refiere al intento de cuantificación o al resultado del mismo. Supongo que a ambos. Al intento, porque desde el ministerio del Dr. de Posadas siempre se negó enfáticamente –denostando por igual al mensaje y al mensajero- la sola posibilidad de existencia del atraso cambiario. En el mismo sentido apunta lo de “supuestas transferencias entre sectores”. Fenómenos cuya existencia ha sido reconocida por el mandatario a quien servía el Ministro de Posadas, en numerosas oportunidades después de concluido su mandato.

Si se refiere al resultado, entramos a un terreno más opinable, y por consiguiente menos merecedor del adjetivo de absurdo, dada la multiplicidad de supuestos y estimaciones que deben hacerse, los que siempre son discutibles.   Es fácil definir el  “techo”. Recalculando el PBI agropecuario para el período 1990-96 (el que analicé en el artículo citado) por el sencillo (y erróneo) método de proyectar el tipo de cambio en relación directa con el IPC, se llega a un monto de 2020 millones de dólares. De ese total, hay que empezar a restar las transferencias “positivas” que el mismo atraso cambiario generó hacia el sector agropecuario: abaratamiento de insumos importados, disminución del servicio de deuda en moneda extranjera, etc, llegando a estimar así un saldo final.

En el trabajo citado estimé ese saldo en 1023 millones de dólares, aclarando reiteradamente de que se trataba de un orden de magnitudes, propio de un artículo periodístico que no era ni pretendía ser una investigación sobre el tema. Poco importaba si un análisis más detallado probaba que el “verdadero” atraso era 10, 20 o 50% mayor o menor. Es decir que el objetivo no era la defensa de esa cifra en particular, sino de la existencia y del signo de la transferencia. Difícil entonces de entender el adjetivo de absurdo, si el mismo califica a un monto definido en esas condiciones.

Coincido con el Dr. de Posadas en que el agro requiere de reformas estructurales, de fondo, que poco tienen que ver con pedidos de reducciones impositivas o refinanciaciones, pero aquellas reformas no excluyen la posibilidad de que existan medidas de emergencia. Y estas se justifican por el enorme deterioro de los precios relativos a que se enfrenta el sector agropecuario, deterioro en gran medida originado en el atraso cambiario, la mitad del cual -cualquiera sea su monto en términos absolutos- se originó durante el ministerio del Dr. de Posadas. Lo que a mi juicio debería llamarlo a un prudente silencio, al menos en lo que a este tema respecta.

Sin otro particular y agradeciendo la publicación de la presente, lo saluda muy atentamente

 Ing. Agr. Rodolfo M. Irigoyen

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