Conaprole, las enseñanzas de un conflicto absurdo

El Mercado Agropecuario
19 al 25 de noviembre de 1993

 Cada vez que en ámbitos académicos o políticos se trata de delinear alguna vía de desarrollo transitable para el país, dentro de las naturales discrepancias, se coincide en varios aspectos, vinculados al tipo de actividades a proponer, y a los instrumentos a utilizar en su promoción.

Partiendo del reconocimiento de la base agropecuaria de la economía del país, se seleccionan actividades dinámicas, que hayan demostrado capacidad de crecimiento, incorporadoras de tecnología, con buen nivel de competitividad externa. Como forma de generar empleo y agregar valor, se reconoce la necesidad de desarrollo agroindustial. Y dadas las restricciones impuestas por el tamaño del mercado interno, debe tratarse de actividades con una buena inserción en los mercados externos.

Todo esto no se logra de un día para otro, por lo que se tratará de actividades en las que el país debe tener una tradición productiva, una acumulación de recursos físicos y humanos reconocible en el volumen y la calidad de los productos del sector en cuestión. La “masa crítica” imprescindible para lograr niveles de desarrollo tangibles, en plazos no demasiado elevados.

En relación al tipo de empresas responsables de liderar estos sectores dinámicos, puede ser de muchos tipos, pero si son nacionales, mejor. Deben tener gran preocupación por reinvertir utilidades a nivel industrial, donde se ubican los núcleos de los complejos agroindustriales, y deben preocuparse por lograr una inserción armónica con su base productiva primaria. Si además se trata de una cooperativa con preocupaciones redistributivas, que no lleven a injustas concentraciones del ingreso, mejor aún.

Los países que logran, con las especificidades de cada caso, una articulación positiva de todos estos elementos, lo hacen partiendo de un principio básico: la priorización de los esfuerzos asociativos por sobre los disociativos, amalgamar antes que enfrentar. Y en estos se comprometen todos los sectores involucrados, el Estado y los privados, empresarios y empleados, en las distintas fases de los complejos productivos. Centrifugar y no centripetar, como forma de desarrollar “núcleos endógenos” responsables de dirigir el proceso de desarrollo nacional. Los “tigres asiáticos” son el ejemplo más acabado y actual de este modelo que hemos pretendido esbozar.

En Uruguay son muy escasos los sectores productivos que en alguna medida llenan los requisitos antes descritos. Pero la lechería, y su empresa líder, Conaprole, son quizás el ejemplo más cercano que puede mostrar el país, de una capacidad de desarrollo autosustentado y de largo plazo, a la luz del dinamismo que el sector y la empresa han mostrado durante las últimas décadas.

En setiembre pasado, venció el Convenio existente desde 1989 entre el Directorio de Conaprole y el Sindicato de trabajadores de la cooperativa. El mismo contenía una cláusula de ajuste por productividad definido como el cociente entre litros de leche recibida sobre el total de horas trabajadas. El procesamiento de leche de Conaprole en otras plantas (que afecta el numerador) y la tercerización de algunos servicios (que afecta el denominador) llevaron a que esta medida de la productividad se hiciera cada vez más discutible.

Pero no se discutió. A partir de mayo, cuando se hiciera el último ajuste, el Directorio dejó de informar mensualmente sobre la evolución del famoso cociente. Y en setiembre, cuando correspondía el nuevo reajuste, estalló el conflicto. El Sindicato argumentaba que de acuerdo a la fórmula tradicional de cálculo, el ajuste correspondía. El Directorio, que el cociente estaba mal calculado y no correspondía.

Desde el inicio del Convenio (1989), tomando como valor 100 tanto los salarios de Conaprole como el precio de la leche, en términos reales, los primeros están en 124 y la segunda en 58. Es decir que durante la vigencia del Convenio, se ha producido un creciente desequilibrio entre los ingresos de los empleados y de los productores. Esto ha llevado a que, dentro del total de los costos, el peso relativo de la masa salarial se haya duplicado en los últimos 7 u 8 años en Conaprole, alcanzando actualmente al 25%, frente al aproximadamente 12% que representa en otras plantas lecheras del país.

En números absolutos esto se expresa en que, como destaca el Sindicato, los 66 cargos más altos ganen en promedio US$ 3.400 mensuales. Y en que, destaca el Directorio, el promedio de los sueldos del resto de los trabajadores (excluidos los 66) sea de US$ 970 mensuales, ganando un operario no calificado, como sueldo de ingreso, aproximadamente 3000 pesos. En resumen, dentro de las grandes empresas del país (más de 700 empleados), Conaprole es la que paga sueldos más altos. Como contrapartida extrema, los 1.100 productores de menor tamaño remitentes a Conaprole tienen ingresos brutos del orden de los 600 pesos mensuales.

Dentro de este panorama, muy escuetamente bosquejado, el conflicto, no del todo resuelto, deja varias enseñanzas, en el sentido de cómo no se deben hacer las cosas. En primer lugar, en relación con el Directorio. Con un mal Convenio, basado en una definición absurda de productividad, el Directorio hace la del avestruz, tratando de eludir la realidad, que obliga al replanteo del mismo. Cuando la situación se hace insostenible, no cumple con lo convenido.

En segundo lugar, el Sindicato. Aún aceptando que formalmente el ajuste correspondiera, no puede desconocerse la situación claramente privilegiada de los empleados de Conaprole, en un contexto de crisis productiva a la que no escapan la gran mayoría de los productores lecheros, que en definitiva son los dueños de la cooperativa. En esa situación, se adopta una actitud intransigente, rechazando las mediaciones y incluso una propuesta de aumento del 6% sobre la inflación, aduciendo que correspondía el 8. Esto es matar la gallina de los huevos de oro.

Finalmente, el Gobierno. En un mes de conflicto el Presidente de la República solo llamó una vez por teléfono, preguntando si habría problemas de abastecimiento de leche a la población (declaraciones del Presidente del Directorio a la prensa). Los ministerios más vinculados (Ganadería y Agricultura) prácticamente no intervinieron. Solo hubo alguna aclaración, más amenazante que mediadora. En general, una actitud de total prescindencia, como que no le interesaran los daños causados a un importante complejo productivo nacional, ni la canibalización de la principal cooperativa del país. Como que apostara a su autodestrucción.

Como reflexión final, y volviendo a lo del inicio, esta triste realidad nos muestra que lejos estamos de empezar a transitar el camino que lleva a los modelos que pretendemos reproducir. ¿Es así que pesamos competir en el Mercosur?

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