Cuatro vacas locas

El País Agropecuario
Agosto de 1997

 “La vaca”, tal como aquélla que diera título a la inefable redacción del niño de la escuela del maestro Firpo1, ha estado, como nunca, en los titulares de la prensa en los últimos tiempos. Menos surrealistas que ésa, “la vaca loca” y “la vaca cuatro” nos han invadido. “La vaca loca” fue la vedette europea que hizo furor desde el 95 y a la cual, felizmente, se le viene pasando el cuarto de hora. Actualmente, en los medios de nuestro país, el protagonismo le ha sido arrebatado por una congénere mucho más saludable: “la vaca cuatro”.

Para los que no están en el tema, “cuatro” hace referencia a un estado corporal, en una escala de gordura que va de 1 a 8, correspondiendo estos extremos a la vaca flaca y gorda respectivamente. El grado 4, definido como “moderado liviano”, corresponde al estado requerido para que la vaca exprese su potencial reproductivo a plenitud.

Llegando al momento del entore, en el estado 4, la vaca entra en celo y puede retener el servicio, lo que permitiría, si este manejo se generalizara a todo el país, elevar los porcentajes de destete del 60% tradicional a 80%. Esto representaría unos 600.000 terneros más por año, que, siguiendo el razonamiento aritmético, podrían generar anualmente US$ 300 millones adicionales en exportaciones.

La tecnología de manejo que permite estos coeficientes productivos ha sido desarrollada y validada en la Facultad de Agronomía, y constituye el eje del actual programa de acción del Plan Agropecuario, en su nueva etapa de organismo público de derecho privado.

El diagnóstico en que se basa el Plan, dicho en pocas palabras, es que la cría es el cuello de botella para el desarrollo de la ganadería, que ya ha instrumentado respuestas tecnológicas para la recría y la invernada, pero recién ahora lo hace para la etapa que es el cimiento del conjunto de la actividad.

“Toros gordos y livianos” aconseja desde siempre el saber tradicional para la estación de cría del ganado, el concepto es extensible a las vacas. La investigación de la Facultad de Agronomía no pretendía descubrir esto, que es bastante obvio para el que tenga alguna noción de la cría vacuna.

El mérito del trabajo radica en el establecimiento de parámetros objetivos y prácticos para la definición del estado corporal de la vaca y en la cuantificación biológica del impacto de este estado en el momento del entore, a nivel del comportamiento reproductivo del rodeo.

El tema en que nos queremos centrar es el de la extrapolación del resultado experimental a eje programático -tanto es así que le da nombre al programa-, realizada por el principal organismo de difusión tecnológica para la ganadería del país. Extrapolación que, partiendo de lo biológico, se aventura a sacar conclusiones económicas de carácter general, que atañen al conjunto de la ganadería como actividad.

A nuestro juicio, esa extrapolación sólo sería válida si existiera una clara respuesta a la única pregunta pendiente en todo este asunto: ¿porqué no se hace?. Si la respuesta a esta pregunta lo justifica, la extrapolación puede hacerse. Si no, no. Trataremos de explicar por qué.

Se ensayan muchas respuestas a esa pregunta. La primera, y más equivocada, es que no se sabe que un buen estado corporal es imprescindible para la obtención de buenos resultados reproductivos. La verdad es que esto se sabe desde el siglo pasado, desde que la ganadería dejó de ser una actividad puramente extractiva y se iniciaron la primeras prácticas de manejo, con el alambramiento y la introducción de las razas europeas, entre otros factores.

La siguiente respuesta es que se sabe, pero no se sabe cómo. También errada. Desde hace más de medio siglo se conocen formas de mejorar la productividad del campo natural que permiten, sin recurrir a la forma puramente extensiva de “darle más campo”, mejorar el nivel nutricional y, con él, el resultado productivo.

El tercer nivel de respuesta es que se sabe, y se sabe cómo -básicamente, a partir de los años 60, cuando se introdujo el “paquete” neocelandés de las praderas artificiales-, pero no se puede. Y las explicaciones de porqué no se puede son variadas; tanto como las carencias: falta de crédito, falta de escala, falta de asistencia técnica. El mismo Plan Agropecuario, durante muchos años, dio asistencia técnica gratuita y créditos -muchas veces subsidiados- a infinidad de empresas sin problemas de escala2, pero seguimos en 60% de destete.

Cuando superamos las primeras dudas -siempre dentro del campo biológico- con respecto a que se sabe, se sabe cómo y se puede, llegamos al meollo del asunto, que es buscar respuesta en el campo económico. La más recurrida implica un retorno al estructuralismo sesentista: “hasta hace poco no lo necesitaban porque estaban cómodos; ahora, si no lo hacen, la quedan”.

Si miramos hacia atrás y hacemos una somera revisión de publicaciones de congresos, jornadas técnicas y entrevistas, encontramos que la tan manida “comodidad” de la ganadería brilla por su ausencia, por lo menos en las últimas cuatro décadas. Pero, aunque la hubiera, no explicaría la no adopción de una práctica que mejora el resultado económico de la empresa, a no ser que se trate de empresarios precapitalistas, que no razonan en términos de tasa de ganancia. Rara esquizofrenia, dado que los mismos empresarios, sin duda, actúan en base a esa racionalidad en todas sus otras actividades, dentro o fuera de la ganadería.

A nuestro juicio la explicación de porqué no se hace es bastante más compleja y no puede encontrarse sólo dentro del campo biológico, ni con voluntarismos económicos. La ganadería es un sistema complejo de interrelaciones económicas, condicionado por lo biológico, lo climático y lo social. La cría vacuna es particularmente compleja por muchas razones, imposibles de discutir en este espacio. A título de ejemplo, podemos mencionar algunas.

La vaca en su estado 4 puede calmar los apetitos del toro, pero también -en particular desde que se exporta carne a Norteamérica- el de los consumidores de hamburguesas. El hecho de ser simultáneamente máquina productiva y producto final hace que el destino último de la vaca pueda cambiar abruptamente, dependiendo de los precios relativos, de las expectativas, de la situación forrajera, etcétera.

Lo que ocurre con la vaca también ocurre con la base forrajera que sustenta el manejo propuesto. Aunque los mejoramientos se realicen pensando en aspectos reproductivos, cambios en el contexto pueden llevar a que se los destine a invernar las mismas vacas u otras categorías, vacunas u ovinas. Porque no se puede ver la cría vacuna como una actividad aislada, dado que es sólo un componente de un complejo sistema, con interrelaciones entre diferentes actividades vacunas y ovinas.

Cuando se entiende la empresa ganadera como un sistema económico y no como un experimento, también se entiende, por ejemplo, que 80% no siempre es mejor que 60%. Cuando por buenas o malas razones no se cuenta con la base nutricional requerida en el invierno, es preferible tener una vaca fallada que se salva, que una preñada que se muere. Felizmente, hubo una seca en la primavera del 95 y hubo bajos procreos, lo que evitó una cuereada de vacas de cría en el duro invierno del 96.

Como en la vieja definición de economía, el recurso escaso -el forraje- tiene usos múltiples. Cada uno de estos usos compite con los otros. Si la cría -al igual que la oveja- es relegada generalmente a niveles nutricionales inferiores, es porque de las otras categorías (o, simplemente, acumulando stocks ante perspectivas de subas de precios) se esperan retornos económicos mayores. Cuando la demanda de terneros sea lo suficientemente alta y permanente como para elevar su precio sostenidamente en el tiempo, se le dará a la vaca de cría mejor alimentación y manejo, y entonces sí llegaremos a 80%.

Todos estos son aspectos que tienen que ver con una actividad cuyo resultado económico se basa no sólo en la creación y en el mejoramiento de la eficiencia biológica de los flujos productivos, sino también en las interrelaciones económicas entre éstos y, sobre todo, en el manejo de stocks.  Toda recomendación técnica, por buena que sea, está condenada al fracaso, si no se la ubica en el contexto correcto. Porque, como dice Umberto Eco, “todo problema complejo tiene una solución simple. Y está equivocada”.

 

  1. En “Cuentos de la Escuela”, decía más o menos así: Redacción “La Vaca”: “La vaca es un animal muy bueno, que nos da la leche, que tiene cuatro tetas, cuatro patas, dos cuernos, dos orejas y dos ojos: total catorce”.
  2. Los predios ganaderos y agrícola-ganaderos de más de 1.000 hectáreas explican 60% del área total y, los de más de 200 hectáreas, 92% de ella (Censo 1990). En algún punto intermedio, seguramente, empiezan los problemas de escala, por lo que estaría libre de éstos entre 70 y 80% de la superficie total destinada a la ganadería.

 

 

 

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