Mil millones

El financiamiento de la estabilidad por el sector agroexportador

El País Agropecuario
Enero de 1999 

En esta misma publicación, en el número correspondiente a octubre de 1995, publicamos un artículo titulado “El impuesto cambiario” , en el que se planteaba la hipótesis de que el principal “impuesto” que pagaba el sector agropecuario, sin pasar por ninguna ventanilla, era el aporte que hacía al conjunto de la sociedad, por medio del atraso cambiario generado por el desfasaje entre la evolución del tipo de cambio y de la inflación.  En ese momento, en base a información del Banco Central para 1994, dicho aporte se estimaba en el orden de los 200 millones de dólares. Ajustes posteriores, con cifras definitivas, redujeron esa cifra en aproximadamente un 9%.

En el cuadro adjunto, se utiliza la misma metodología de cálculo, pero para todo el período de generación del atraso cambiario, es decir aquellos años en los que existió el desfasaje antedicho, que corresponde al período 1990 al 96. Incluso ya en este último año, el desafasaje es prácticamente inexistente. Con posterioridad a esa fecha, en el 97 y 98, ambas variables evolucionaron a la baja en forma muy similar, por lo que no se generó más atraso cambiario, llegándose al final del 98 con inflación del 9% y una tasa de devaluación del 8%, cifras inéditas en el país desde hace décadas.

El cuadro muestra que para el conjunto del período analizado, el monto del valor generado en el sector agropecuario pero trasladado hacia el resto de la economía -principalmente al consumo y a los sectores importadores- a través del abaratamiento relativo del dólar, alcanza a los 1023 millones de dólares. Este habría sido el costo que el sector agroexpotador pagó para que el país alcanzase la ansiada estabilidad de precios.

En el período en que el atraso cambiario se estaba generando, los responsables de la política económica lo negaban. Mencionarlo era mala palabra, no se lo podía nombrar. Incluso la prensa adicta al gobierno cuando lo escribía lo hacía entre comillas, denotando así su excepticismo  respecto a la existencia misma del fenómeno.

Uno de los mecanismos de negación eran los aspectos metodológicos, que en ningún cálculo resultaban satisfactorios, utilizándose este argumento como razón suficiente para  negar la propia existencia del atraso cambiario. Sin duda que cualquier metodología puede ser mejorada, empezando por la utilizada en este cálculo. Pero un afinamiento de la metodología, no hará variar en forma significativa la magnitud global de la transferencia, por más que la misma aumente o disminuya en algún centenar de millones de dólares.

Como ocurre casi siempre, y la historia es rica en ejemplos, el fenómeno se niega mientras ocurre, y se lo reconoce después que el responsable de su ocurrencia ya no ejerce esa responsabilidad. Acá no hubo que esperar 500 años, como con la Iglesia Católica y la Inquisición, pero sí los 5 que insume el período de gobierno. Y cuando se lo reconoce, a partir de 1996, falazmente se dice que “el atraso cambiario se terminó” cuando lo que se terminó es la generación de más atraso cambiario, y se adopta la política de los hechos consumados “ahora ya está, y es imposible volver atrás”.

Es cierto. Ahora ya está, es imposible volver atrás, y lo más importante, se alcanzó la estabilidad. Aunque el 9% actual de inflación asustaría a un país de la Unión Europea, y le impediría ser signatario del Tratado de Maastrich, para nosotros, que tenemos 4 décadas de historia inflacionaria, es un éxito. Como no estamos acostumbrados a vivir y trabajar sin inflación, nos cuesta visualizar los beneficios de esta situación.

Pero la estabilidad de precios permite planificar mejor la producción, estimula la inversión y el cambio técnico, hace menos atractivas las actividades de tipo especulativo, premiando en cambio la eficiencia productiva. Y esto hay que reconocerlo, por más que esa estabilidad se haya logrado consolidando una estructura de precios relativos entre productos e insumos y servicios que el agro consume, menos favorable para el sector respecto a la existente antes de 1990.

Y no se puede volver atrás desandando el camino recorrido, es decir generando adelanto cambiario, porque nuestra historia inflacionaria nos condena. Una devaluación, además de su efecto directo sobre los equipos, insumos y bienes de consumo importados, provocaría inmediatamente un reposicionamiento de los agentes económicos, presionando para compensar, vía precios y/o salarios, sus pérdidas de competitividad y/o poder adquisitivo. Se desataría así, además de una creciente conflictividad social,  una espiral inflacionaria que revertiría los beneficios derivados de la estabilidad, antes enunciados.

Otra es la historia en países sin tradición inflacionaria, como Australia, que compensa el deterioro de los precios internacionales de sus exportaciones, en particular la lana, devaluando su moneda lo suficiente como para mantener su competitividad. Esos cambios se internalizan en la economía sin expectativas de cambios bruscos en los demás precios, provocando los ajustes necesarios y alguna inflación momentánea, pero sin desatar un proceso que se retroalimente generando una espiral inflacionaria.

El atraso cambiario perjudicó objetivamente a un sector de la economía, el agroexportador, y benefició, también objetivamente, al sector importador y al consumo. Simultáneamente, el atraso cambiario fue el “ancla” que permitió abatir la inflación generando la estabilidad actual. Algo beneficioso para el conjunto de la sociedad, pero que implicó un gran esfuerzo que lo pagó solo una parte de la misma.  Quienes pagaron, quedaron con sus economías muy deterioradas.

Por otra parte, la existencia de esta gigantesca transferencia, producto de la política económica instrumentadas, vuelve absurdas las afirmaciones, de los responsables de esa misma política económica, en el sentido de que la misma es y debe ser neutra, no generando transferencias en ningún sentido. Las trasferencias existen, por más que se las niegue, y el atraso cambiario es la prueba más palmaria.

Pero también existen transferencias en sentido opuesto, hacia el sector agropecuario. El caso más notorio es el subsidio a la forestación, pero también se subsidia el riego -básicamente para el sector arrocero- la granja, la vitivinicultura, la organización de pequeños productores.

Sería muy útil que OPYPA u otra oficina del gobierno cuantifique estas transferencias, en todos los sentidos, determinando además quienes las pagan y quienes las reciben. Quizá así se demuestre que el gran sacrificio de miles de productores ganaderos, lecheros y agricultores, muchos de ellos marginados por este motivo de la actividad productiva, esté “justificado” por los beneficios recibidos por algunas grandes empresas forestadoras o los arroceros brasileños que trabajan en el norte del país.

Tendremos así elementos de juicio más objetivos para determinar los montos de futuras transferencias a realizar, de donde hay que sacarlas y a quién hay que dirigirlas, para pagarles de algún modo a los que “bancaron” el atraso cambiario. Y dado que el adelanto cambiario no puede ser el instrumento, también tendremos que definir las  herramientas para instrumentar esas transferencias, de modo que lleguen a quien corresponda de la forma más directa posible, y con la mayor libertad de utilización.

Porque se puede decir que es imposible dar marcha atrás, pero lo que no se puede decir es que todo tiene que quedar como está. Al menos no pueden decirlo los que en las próximas campañas electorales proclamen que “apuestan al país productivo”.

EN RECUADRO APARTE:

 
METODOLOGÍA

El cuadro adjunto muestra el Valor Bruto de la Producción (VBP), el de los Insumos (IS) y el del Valor Agregado Bruto (VAB) de los principales subsectores agropecuarios, para el período 1990-96. Se define un “factor de corrección” del atraso cambiario, derivado de la relación entre la inflación anual y la devaluación en el mismo período, que se utiliza para recalcular el producto sectorial.

Prácticamente el total de la producción agropecuaria es transable internacionalmente, por lo que tiene precios condicionados por el tipo de cambio (TdeC). A los efectos del cálculo, se estimó que el (TdeC) incide nó sobre el total, sino sobre el 80% del VBP, mientras que los aspectos condicionados principalmente por el IPC inciden en un 20% del valor de loa producción. En el caso de los insumos determinantes de los costos la producción, en algunos casos son transables -los importados y algunos nacionales- pero en su mayoría no lo son y/o varían en función del IPC (insumos nacionales, servicios, salarios, impuestos).

La incidencia del TdeC es variable por subsectores, siendo mayor cuanto mayor sea la utilización de insumos importados. Se calculó la participación de éstos por subsectores, y ponderándolos en función de la totalidad de los insumos utilizados, se estimó que la incidencia del TdeC sobre los insumos era del 26% para el conjunto del sector, estando el 74% restante determinado básicamente por el IPC. A continuación se recalcularon el VBP y los insumos, utilizándose el factor de corrección correspondiente a cada año y los respectivos ponderadores. Ambos valores son mayores de los realmente alcanzados, pero la diferente ponderación hace que sea mayor el incremento del VBP, lo que aumenta el monto del VAB, que surge de la diferencia de los anteriores (VBP – VAB)

 

Valor Bruto de la Producción, InSumos y Valor Agregado Bruto (en millones de dólares, por subsectores agropecuarios, 1990-1996)
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 Total
Agricultura
VBP 437 482 600 564 671 834 862 4450
IS 215 242 244 224 236 252 302 1715
VAB 222 240 356 339 435 583 560 2735
Silvicultura
VBP 94 123 131 140 143 159 163 953
IS 6 6 7 8 9 9 10 55
VAB 88 116 124 132 134 150 153 897
Pecuario
VBP 784 813 914 927 1086 1232 1261 7017
IS 167 185 199 263 272 283 303 1672
VAB 617 628 716 663 814 949 958 5345
Total
VBP 1315 1417 1646 1630 1899 2225 2286 12418
IS 387 433 449 496 516 544 615 3440
VAB 927 984 1196 1134 1383 1681 1671 8976
IPC (%) 129,0 81,5 58,9 52,9 44,1 35,4 24,3
TdeC (% dev.) 97,1 57,9 41,1 26,6 27,4 26,5 22,7
Factor de corr. 1/ 1,162 1,149 1,126 1,208 1,131 1,070 1,013
Ponderación VBP: IPC: 20% TdeC: 80%
Ponderación IS: IPC: 74% TdeC: 26%
VBP corregido 1485 1586 1812 1901 2098 2350 2310 13543
IS corregido 403 450 464 523 534 554 617 3544
VAB corregido 1082 1137 1348 1378 1565 1796 1693 9999
VAB c.- VAB real 155 153 152 244 182 115 22 1023
1/ Factor de corrección = (1+IPC) / (1+TdeC)
Elaborado por el autor en base a información del BCU y del Semanario Búsqueda

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