La dimensión económica de las empresas ganaderas

El País Agropecuario
Agosto de 1999 

El análisis de la realidad económica agropecuaria en forma independiente del resto de la economía, es, no solo un vicio que nos viene desde la historia, sino también el resultado de las dificultades que existen para comparar actividades con funciones de producción diametralmente diferentes. La presencia de la tierra como factor de producción le brinda a las actividades agrarias una impronta particular. En la medida que es un recurso finito y por lo tanto monopolizable, en el pasado se visualizaba su posesión como una fuente de rentas extraordinarias (contra toda evidencia, en nuestro país hay gente que sigue pensando así).

En la actualidad, la tierra, al igual que el agua, e incluso el aire, se visualizan como bienes sociales cuya disponibilidad aparece cada vez más condicionada por el incremento de la presión demográfica y la intensificación de los procesos productivos, con sus secuelas de deterioro y contaminación de estos recursos. Paralelamente se constatan  procesos de migración del campo a la ciudad, con el consiguiente vaciamiento poblacional de la campaña. Estos “nuevos” fenómenos trasladan el foco de atención en relación a la tierra desde los aspectos puramente económicos, hacia la órbita de lo ambiental y de la ocupación y gestión del territorio.

La intención de este artículo, es aportar a la búsqueda de pistas que nos permitan dimensionar la real cuantía económica de las empresas ganaderas de nuestro país, como elemento previo –e imprescindible- para que podamos analizar nuestra sociedad rural con la perspectiva integradora de los ámbitos económico, ambiental y territorial que los tiempos exigen.

Las micro y pequeñas empresas (MYPES)[1] urbanas se clasifican tradicionalmente en función de variables tales como el número de empleados y de socios, el volumen bruto y neto de ventas, el stock de capital y el sector de actividad al que se dedican. Las empresas rurales en cambio se agrupan en función de la superficie explotada en propiedad y arrendamiento, el origen de la mano de obra, el nivel de mejoramientos, la productividad en los diferentes rubros, los ingresos brutos y netos, etcétera.[2]

En el cuadro adjunto, se muestran algunos resultados de dos trabajos realizados años atrás. El primero analiza el desempeño y las perspectivas de las MYPES urbanas. El segundo realiza una tipificación de las empresas ganaderas, en función del origen familiar o asalariado de la mano de obra, definiendo 4 categorías de predios: familiares, transicionales, empresas medias y grandes. Un aspecto en común de ambos trabajos, es el de definir el nivel neto de ingresos de las empresas urbanas y rurales, según diferentes estratos de tamaño.

Dado que el objetivo último de toda empresa es generar ingresos, se realizará la comparación de las empresas de ambos orígenes –urbano y rural- en función de esta variable. Innumerables aclaraciones y relativizaciones de tipo metodológico pueden realizarse en una comparación de este tipo. Los diferentes objetivos y metodologías de los trabajos, los diferentes momentos –el urbano en base a datos de 1993, el rural del ejercicio 94/95-, las diferentes implicancias de los niveles de capital y trabajo en los distintos tipos de empresas, etcétera.

A pesar de lo anterior, se cree que la comparación es útil a los efectos de dimensionar relativamente, al menos a nivel de órdenes de magnitud, el tamaño económico de las empresas urbanas y rurales, en función del ingreso generado por las mismas. Las principales reflexiones que surgen de la comparación son las siguientes.

* El 95% de los predios con el 64% de la superficie especializada en la producción de carne y lana, que incluyen los predios familiares, transicionales e incluso las empresas medias, deben, en función de sus ingresos netos, ser consideradas como microempresas.

* Si se compara el ingreso de este mismo grupo con el de las microempresas urbanas, se observa que estas generan un ingreso aproximadamente 3,5 veces superior al de las ganaderas.

* Las grandes empresas (5% del total con el 36% de la superficie ganadera) apenas superan el límite superior de ingreso de las pequeñas empresas urbanas (68 y 60 mil dólares anuales respectivamente).

* Las pequeñas empresas urbanas tomadas en forma independiente, generan un ingreso 4,6 veces mayor que el de las empresas ganaderas medianas, y también superior al de las grandes empresas ganaderas.

Si el ingreso del 95% de las empresas ganaderas es la cuarta parte del de las MYPES urbanas ¿qué sigla tendremos que inventar para caracterizarlas? ¿cuántos prefijos diminutivos será necesario anteponer al sustantivo “empresa” para dimensionarlas correctamente?

Sin duda que la gran mayoría de esos productores perciben ingresos extraprediales, en muchos casos los del predio quizá sean marginales. Incluso muchos de esos pequeños productores ganaderos ya han desaparecido como tales en los últimos años. Los que subsistan, deberán buscar la viabilidad como empresa mediante estrategias asociativas que les permitan aumentar la escala o, principalmente, asociando la ganadería con otros rubros más intensivos que mejoren su nivel de ingreso.

No es, por lo tanto, el objetivo de este artículo reclamar medidas de política que den viabilidad económica a cualquier predio ganadero. Lo que pretende es mostrar, con las limitaciones que el espacio y la información imponen, que cuando se habla de las empresas pecuarias, se está hablando de un universo completamente diferente al usual en la economía convencional, y que por lo tanto se le debe dar un tratamiento también diferencial. Porque tratar por igual a cosas diferentes, es una forma de injusticia.

Siempre se destaca la importancia del sector agropecuario como proveedor de divisas, de alimentos y de materias primas para la industria. Pocas veces se menciona que, si se lo mide por los ingresos generados, se trata de un sector compuesto mayoritariamente por unidades económicas minúsculas. Si además es un sector de gran responsabilidad frente a los compromisos ambientales y vinculados con la ocupación del territorio, parece poco probable que se logren objetivos de competitividad y sustentabilidad solo con políticas macroeconómicas pretendidamente neutrales. No hay en el mundo un ejemplo que avale esta postura.

1999-8 La dimensión económica...

[1] Se definen como micro empresas las que tienen hasta 4 personas ocupadas, no superan los US$ 60.000 de ventas netas anuales y los activos netos no superan los US$ 20.000. Para las pequeñas empresas estos valores son respectivamente de: 5 a 19 personas, 60 a 180 mil US$ de ventas y hasta US$ 50.000 de capital.

[2] El trabajo solo toma en cuenta los modelos de producción “especializados en la producción de lana y carne”, es decir los estrictamente ganaderos. No toma en cuenta por lo tanto a los que tienen otro rubro como el principal (lechería, agricultura, arroz) y que además producen carne y lana. El trabajo cubre el 82% de la superficie pastoreada con ovinos y vacunos (84% y 72% del total nacional de ambas especies) según el Censo de 1990.

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