La evolución de la producción agraria en la última década

El País Agropecuario
Febrero de1996

Considerar al bajo rendimiento del sector agropecuario como sinónimo de inmovilismo es un error que, felizmente, ha sido superado hace años en nuestro país. Es sabido que, debajo de esa “quietud” superficial, se esconden turbulencias de diferente signo, rubros que emergen y crecen, mientras que, simultáneamente, otros languidecen y mueren. O, como ocurre al interior de la ganadería, aumentos y disminuciones alternativos de vacunos y ovinos, que, a largo plazo, más o menos se compensan.

Pero no todos son movimientos de vaivén. Hay también rubros que crecen, con dinamismo propio de largo plazo, como el arroz y la lechería. Y otros -como el sector forestal- que, gracias a una política  específica de promoción, multiplicarán por 10 el volumen producido, en el correr de la próxima década.

El propósito de este artículo es el de realizar algunas cuantificaciones sobre estos fenómenos, ya conocidos, para el período transcurrido desde mediados de los 80 hasta la actualidad. Para ello se analiza la evolución del volumen físico de la producción por rubros y subsectores. Utilizar el volumen físico (la producción de cada año valorada siempre por los precios de un año base) en lugar del valor de la producción (la producción de cada año valorada por los precios de los mismos años) permite hacer comparaciones en moneda constante, es decir aislando el “efecto precio” que, coyunturalmente, puede “inflar” o “desinflar” una determinada producción.

Para estas variables existen datos desagregados, publicados por el BCU, que llegan a 1993. Para el 94 y el 95 se utilizaron estimaciones de OPYPA aparecidas en los anuarios de los mismos años. El cuadro y la gráfica adjuntos resumen lo fundamental de esta información.

El cuadro muestra, en primer lugar, la estructura de la producción de los principales subsectores, para 3 momentos en el tiempo. En 1986 (los datos corresponden al promedio 1985-87), mientras los cereales (incluido el arroz) y los oleaginosos sumaban 20,8%, la ganadería más que los duplicaba (con 44,2% del total), al tiempo que la lechería se ubicaba en el entorno del 10% y un ítem “otros”, integrado por los sacarígenos y toda “la granja”, explicaba un cuarto del total.

 

Estructura del VBP y tasas de crecimiento del sector agropecuario, 1986-1995

(Valor Bruto de Producción en $ constantes de 1983,en %)

Estructura Tasas de crecimiento anual
1986 1993 1995 86-93 93-95 86-95
Agropecuario 100,0 100,0 100,0 1,6 6,7 2,6
Agricultura secano 12,7 11,6 17,7 2,1 32,1 6,5
Arroz 8,1 12,8 14,4 7,6 13,1 8,7
Ganadería 44,2 41,2 36,1 0,8 -0,2 0,6
Lechería 10,3 11,5 11,5 3,0 6,8 3,8
OTROS 1/ 24,7 22,9 10,3 0,4 0,4 0,4
1/ Incluye: sacarígenos, raíces y tubérculos, frutas, cítricos, hortalizas, uva, porcinos, apicultura, avicultura y otros productos menores.

Fuente: elaborado en base a información del BCU y de OPYPA-MGAP.

 

1996-2 La evolución de la producción agraria en la última década

ojo, separar los años (5 barras cada uno)

En los 8 años subsiguientes estos subsectores presentaron tasas de crecimiento anual (segunda parte del cuadro) claramente diferenciadas. Mientras la ganadería sólo creció al 0,8% anual (producto de un estancamiento de los lanares y un moderado crecimiento de los vacunos), el arroz lo hizo al 7,6%, la lechería al 3,0% y la agricultura de secano al 2,1%. Este último guarismo es producto del dinamismo de la cebada y el girasol, y, en menor medida, del trigo, parcialmente compensados por la disminución de los granos forrajeros y el derrumbe de la soja.

Finalmente, “la granja” permanece globalmente estancada, con crecimientos de los cítricos y, en menor medida, de papa y avi y apicultura, y estancamiento o ligeros decrecimientos de frutas, hortalizas y uva, lo que lleva a que la granja disminuya un par de puntos su participación en el total. Todo esto arroja un crecimiento global del sector, en términos físicos, de 1,6% anual, acorde con su trayectoria histórica, que muestra un incremento con tasas apenas superiores al de la población.

En el bienio 1994-95 se produjo -según las estimaciones de OPYPA- una “explosión” de la producción agrícola. Tasas de crecimiento anual de entre 50 y 60% para cebada, girasol y sorgo, y de entre 15 y 20% para trigo y maíz, explican un crecimiento promedio de 32% anual en la agricultura de secano. Este excepcional crecimiento se produjo a instancias de las excelentes condiciones climáticas del 94 y de los niveles de precios del 95.

Además de los cereales y oleaginosos, el arroz y la lechería prácticamente duplicaron en el bienio sus tasas de crecimiento históricas y, en contrapartida, la ganadería en conjunto se mantiene estancada, como resultado de un crecimiento de 5% anual de la producción vacuna, compensado por una caída de 6% anual de la ovina.

Tomando las tasas de crecimiento del conjunto del período -8 años calculados y 2 estimados- se tiene a la agricultura de secano, el arroz y la lechería como sectores dinámicos, mientras que, tomados como conjuntos, la ganadería y la granja estarían estancados, existiendo, en su interior, rubros en crecimiento y otros en retracción.

La estructura que resultaría de estas tasas de crecimiento en el 95 es sustancialmente diferente a la de una década atrás. El conjunto de la agricultura está cerca de alcanzar a la ganadería (32 y 36%, respectivamente) cuando 10 años antes era menos de la mitad. La lechería, que crece más que el promedio, aumentó ligeramente su participación, mientras que “la granja”, en 10 años, cayó de un cuarto a un quinto del total.

Si estas tendencias se confirmaran, tendríamos un país cada vez más cerealero (particularmente arrocero) y lechero, y cada vez menos ganadero (particularmente lanero) y granjero. Y, en un futuro cercano, crecientemente forestal, dado que para la producción de madera se estiman tasas de crecimiento superiores a 20% anual para el próximo quinquenio y superiores a 30% anual, para el siguiente.

Pero es poco probable que una coyuntura tan favorable para la agricultura se mantenga a largo plazo; se debe esperar un cierto retorno a las tendencias históricas. Además, durante la última década, el atraso cambiario que se ha ido acumulando perjudica relativamente más a la ganadería. Aunque a nivel del precio real de los productos ambos sectores ven deteriorados sus ingresos, la ganadería, al tener pocos insumos importados, se favorece menos que la agricultura con el abaratamiento de éstos. Por lo tanto, al menor dinamismo tradicional de la ganadería, se le suman los efectos de la política económica, que le son particularmente adversos.

En este contexto es esperable que continúe la pérdida de importancia relativa de la ganadería, aunque no las tasas explosivas del bienio 1994-95. Sus posibilidades de recuperación deberían visualizarse no a través de la competencia, sino por la asociación con la agricultura, internalizando productivamente el dinamismo de ésta.

Existen en el país tecnologías probadas, como la de praderas asociadas al cultivo de trigo o sobre rastrojos de arroz, el engorde de vacunos en confinamiento total o parcial en base a la producción agrícola y la producción de carne asociada a la lechería, entre otras, que, en la medida en que los precios relativos de los granos y la carne lo permitan, harán disminuir la actual brecha entre las tasas de crecimiento de ambos subsectores.

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