La falacia del “Modelo Rengo”

El Mercado Agropecuario
Febrero de 1994

         El Gobierno, a través de importantes voceros de nivel ministerial, ha echado a rodar en los últimos meses la especie del “modelo rengo”, como explicación de porqué, aunque se han hecho muy bien las cosas, las cosas no funcionan. El ahora reconocido atraso cambiario no es causa de gran parte de los problemas del sector productivo exportador, sino que ahora resulta consecuencia de la oposición legislativa y popular. Veamos como se explica el curioso argumento.

1994-2 La falacia del modelo rengo

El atraso cambiario surge, como es sabido, de una evolución no similar entre dos variables clave de la economía: la tasa de devaluación de la moneda nacional frente al dólar y el incremento de los precios internos. Desde 1985, pero con mucho más énfasis desde 1990, el IPC ha crecido, todos los años, más que la tasa de cambio. Visualizando el tipo de cambio real como el cociente TC/IPC, ocurre que el numerador crece menos que el denominador, la relación disminuye, lo que se expresa en la sobrevaluación del peso, o , lo que es lo mismo, en la caída del poder adquisitivo interno del dólar.

TIPO DE CAMBIO POR LA ESCALERA

Empecemos por el numerador. La oferta y demanda interna de dólares es la determinante última del valor del mismo, expresado en pesos. Relativiza lo anterior la acción del Banco Central, que interviene en el mercado determinando una banda de flotación, dentro de la cual puede moverse libremente la cotización de la divisa. La abundante oferta internacional de dólares, originada en la recesión económica y las bajas tasas de interés en los países desarrollados, que lleva a la búsqueda de inversiones más lucrativas en el resto del mundo, presiona a la baja de los tipos de cambio reales en nuestros países.

Ante esta situación internacional, el gobierno puede adoptar, en esencia, 2 posiciones. La primera, es considerar la holgura financiera que genera la afluencia de estos capitales como una bendición, o mejor, como un logro de su política económica, y por lo tanto no se la limita de ninguna forma, al contrario, se trata de estimularla. El tema acá es hacia dónde se dirigen esos capitales que vienen al país. Simplificando, pueden tener básicamente dos destinos: las colocaciones financieras o las inversiones de tipo productivo. En el caso uruguayo, obviamente se trata de las del primer tipo, por una razón elemental: con una devaluación “asegurada” del 30% anual y tasas de interés pasivas en moneda nacional cercanas al 50%, el inversor extranjero puede lograr tasas reales en dólares que triplican o cuadriplican las obtenibles en el país de origen, lo que difícilmente se obtiene en alguna inversión productiva en Uruguay. Esas inversiones en definitiva terminan financiando el consumo, básicamente de bienes importados.

La segunda opción reconoce los riesgos que implica la sobreoferta de divisas para el aparato productivo nacional (lo que en la literatura económica se describe con el nombre de “dutch desease”, por los males que una situación de este tipo acarreó a la economía holandesa) y por lo tanto se trata de acotar, de diferentes formas, estos flujos financieros. Por ejemplo en Chile, actualmente, el gobierno discrimina según el destino y el plazo de las inversiones, castigando relativamente a las financieras frente a las productivas, y dentro de las financieras, a las de corto frente a las de largo plazo. Hasta en Argentina, el mismísimo Cavallo está proponiendo un impuesto a los activos financieros, como forma de desestimular relativamente a las inversiones de este tipo.

En Uruguay, obviamente, el gobierno adopta la primera posición. No solo no acota las inversiones financieras, sino que se enorgullece de la “enfermedad” entendiéndola como muestra de confianza en el “modelo”, lo que, de paso, le permite disimular (a qué costo!), el mayor déficit comercial de la historia del país, con un frívolo “digan lo que digan, las cuentas cierran”

IPC POR ASCENSOR

En relación al denominador de la relación TC/IPC, el combate de la inflación, es decir la disminución del IPC, se ha erigido en el objetivo supremo de la política económica, en el supuesto de que de ahí derivarán la estabilidad, la inversión y el crecimiento. La inflación en Uruguay presenta características estructurales e inerciales que hace muy difícil ubicarla por debajo de un piso del 50%. En la medida que esto es un dato que todos los agentes económicos manejan y al cual se acomodan, la incertidumbre respecto a la inflación futura, más bien se restringe al surplus por encima de esta base, pero esta, en sí misma, no genera mayor incertidumbre.

La explicación oficial del atraso cambiario pasa exclusivamente por la evolución del denominador, considerando la del numerador como “natural”, y por lo tanto intocable (claro que la lluvia también es natural, pero su llueve no nos quedamos a la intemperie, sino que nos ponemos bajo techo). Y si el numerador de la relación evoluciona “naturalmente”, la única forma de aumentar el valor de la relación es disminuyendo el denominador, es decir bajando la inflación. Todo está bien a nivel del numerador (supuesto implícito: no debe tocarse bajo ningún concepto al sistema financiero) pero a nivel del denominador en modelo “renguea” porque el Poder Legislativo o directamente el pueblo, impiden las reformas que el gobierno impulsa. Léase: Reforma del Estado y de la Seguridad Social. Si estas se concretaran como el gobierno pretende, disminuiría el déficit, con él la necesidad de emitir, con la emisión la inflación y con ella el atraso cambiario.

Por impedir la reforma del Estado, se entiende la negativa que dieran más de las dos terceras partes de la población, al intento del gobierno de privatizar ANTEL. Por impedir la Reforma de la Seguridad Social, se entiende la no aprobación legislativa al proyecto que en ese sentido presentara el gobierno al Parlamento. Por medio de un atajo interpretativo, se concluye que de estos dos hechos surge el atraso cambiario, y que, por lo tanto, el gobierno no tiene la culpa de su existencia. Y de ahí la renguera. Un pie -el correspondiente al Poder Ejecutivo-, funciona, y bien, impulsando al modelo, cuya validez no se discute. Pero el pie correspondiente al Poder Legislativo (al que ahora parece que se le sumaría el Judicial) no funciona, es una rémora que no permite el despegue.

¿Pero es que acaso en 1983-84 no hubo adelanto cambiario con un Estado y un sistema de Seguridad Social menos reformados aún que los actuales? ¿De qué forma impide, esta “falta de reformas”, que el gobierno tome medidas, que toda la oposición le reclama, para acotar las ganancias de las inversiones financieras? Nadie está diciendo que no haya que reformar el Estado y la Seguridad Social, pero es absurdo adjudicarles el origen del atraso cambiario.

VICECAMPEONES DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

Para terminar, ubiquemos el éxito que proclama el gobierno en relación al combate de la inflación, en el contexto internacional, dado que también éste recibe la presión provocada por la abundancia de dólares proveniente del “primer mundo”. Respecto a la inflación en moneda nacional, en 1993 la uruguaya fue la segunda de América Latina, solo superada por la hiperinflación brasileña. Respecto a la inflación en dólares, la uruguaya, que alcanzó el 17%, solo fue superada, a nivel mundial, por la rusa, que fue del 70%, mientras que otros países de América Latina, como México, Venezuela y Argentina tenían inflaciones en dólares del orden del 4 a 5%. Como quien dice, vicecampeones de América y del Mundo.

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