La ineludible apuesta a nuestras “vacas cuerdas”

Cuadernos de Marcha
Enero del 2001 

Algunos datos pueden ser reveladores de la magnitud económica de la crisis provocada en la Unión Europea (UE) por la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) vulgarmente conocida como la «enfermedad de la vaca loca». Desde el resurgimiento de la enfermedad en octubre pasado, el consumo de carne vacuna en la UE cayó un 27%, mientras que el precio promedio cayó un 26%, con diferencias importantes entre países.

La carne factura 8.500 millones de dólares anuales en Italia, y si continúa la caída del consumo, que actualmente alcanza al 40%, las pérdidas alcanzarán a los 3.500 millones, además de las caídas en la ocupación.

En Alemania, la nueva Ministra de Agricultura (el anterior cayó como consecuencia de la crisis), perteneciente al Partido Verde, se mantiene firme en su idea de sacrificar 400.000 vacunos mayores de 30 meses que se encuentran en establecimientos donde se han detectado casos de Encefalopatía Espongiforme. El sacrificio le costaría al gobierno unos 180 millones de euros.

Como consecuencias de la EEB, en los próximos meses deberían ser sacrificadas en la Unión Europea, según la prensa alemana, 2 millones de cabezas, sin que este extremo haya sido confirmado aún por Bruselas. Se sacrificarán animales de más de 30 meses que no se hayan sometido al test que  pruebe su nivel sanitario. Las compensaciones serán pagadas en un 70% por la Unión Europea y 30% por los Estados. El valor promedio de una vaca es de aproximadamente 700 euros, unos 650 dólares, por lo que una estimación primaria de las pérdidas alcanzaría a los 1.300 millones de dólares. A lo que habría que agregar los enormes problemas logísticos que esos sacrificios masivos provocarían.

Ganaderos italianos, franceses y alemanes están en pie de guerra, pero no les queda otra que resignarse a la medida que prevé el sacrificio de las reses posiblemente contagiadas, que se les indemnizarán en un 100%. Pero mientras tanto sufren la retracción del consumo y la caída de precios, simultánea con un aumento de los costos de producción por las medidas tomadas en relación con la alimentación del ganado.

Los ganaderos alemanes amenazaron con soltar las vacas en las principales rutas y autopistas del país si el Gobierno no actúa rápidamente para sacar al país de la crisis de la “vaca loca”. En todos los países de la UE los gremios de agricultores están muy bien organizados, son muy militantes, y tienen alta capacidad de lobby o “gestión de entorno” como le llaman en España.

Como consecuencia de psicosis desatada debido a los riesgos, reales o imaginarios, para la salud por el consumo de carne vacuna, se están produciendo cambios drásticos en los hábitos de consumo. La clientela de los restaurantes especializados en “carne argentina” bajó un 60% en Roma. Según una encuesta realizada en Milán, el 18% de los consumidores asegura haber eliminado la carne vacuna de su dieta, mientras que el 31% ha reducido su consumo.. La mitad de los consumidores han cambiado sus hábitos alimenticios, pero el 70% aseguró que volvería a consumir carne si las autoridades sanitarias confirmasen que no existe peligro alguno.

Umberto Veronesi, oncólogo italiano de renombre sostuvo que “El riesgo de contagio del bovino al ser humano es de uno sobre un millón. A los 180 mil casos de la enfermedad sobre bovinos en Inglaterra correspondieron solo 80 casos humanos, aunque todos los ingleses probablemente se hayan alimentado con carne contaminada”. Pero todo el mundo se da cuenta que a nivel científico hay más dudas que certezas.

Y las dudas están bien fundadas. El gobierno británico negó irresponsablemente la posibilidad de contagio hasta que la evidencia lo obligó a reconocerla. Los servicios veterinarios ingleses, que son privados, actuaron con negligencia, y los fabricantes de harinas para el ganado fueron por lo menos incompetentes, cando no inmorales.

Pero lo que en los últimos años era “un problema de los ingleses”, en los últimos meses se ha extendido por el continente, en parte por la negligencia e incompetencia de aquellos (que terminaron reconociéndola públicamente), en parte por los errores cometidos por los demás países, que reconocen actualmente haber descuidado la gravedad de la situación. La crisis europea no estalló por la ausencia de reglas adecuadas, sino por la falta de cumplimiento de las mismas. Y por último, no es menor el hecho de que siguen existiendo dudas respecto a las características de la enfermedad y de sus formas de contagio. El corolario de todo esto es que nadie cree en las declaraciones de los políticos cuando piden calma y aseguran tener la situación bajo control…

Como no podía ser de otra forma, el asunto se ha transformado en un problema político, que algunos explotan en provecho propio. Ante las elecciones generales que habrá en abril en Italia, la derecha aprovecha la psicosis para acusar a la centro-izquierda en el poder de no haber tomado las medidas necesarias.

Hasta el Papa tomó cartas en el asunto al hablar de la “mucca pazza”, invocando la intervención de San Antonio Abad, patrono de los criadores, diciendo que se siente “espiritualmente cerca  de los honestos criadores italianos”, que pasan por un momento más que desesperante.

Las dudas sobre si la leche de animales enfermos puede trasmitir la EEB parecen infundadas –al menos no ha podido demostrarse científicamente que así sea- pero el Ministro de Agricultura italiano dijo que “no ponía las manos en el fuego sobre la leche” ya que “en una materia tan delicada es difícil tener certezas”. Pero a continuación agregó que no piensa renunciar a su “capuccino”. Su colega alemana, también ecologista, afirmó que “nadie puede excluir que la EEB pase a la leche del animal enfermo, pues la investigación realizada no es exhaustiva”.

Se reabre así el debate sobre la seguridad de los alimentos en las sociedades industrializadas. La ganadería intensiva ha cambiado los modos de alimentación y engorde de los animales, incrementando las sustancias químicas que se incorporan a la cadena alimentaria, aumentando los riesgos para la salud del consumidor final.

Es fácil entender que este panorama de incertidumbre respecto a la calidad de la carne producida en la UE, abre espacios comerciales interesantes para las carnes de países donde la cría se hace en forma “natural”. Pero es realmente difícil ocupar esos espacios, por una serie de razones. La primera, es que en un panorama donde ya nadie cree en nadie, ¿cómo se convence al consumidor final europeo que esa carne es realmente de otro origen, que realmente está libre de la enfermedad? Ante la más mínima duda, el consumidor se inclina por la carne de aves, de cerdos, por el pescado, o incluso especies exóticas como el avestruz o el canguro.

Pero además, los productores europeos de carne no aceptarán pasivamente su sustitución en el mercado por productos de otro origen. Como ya se dijo, son organizados, militantes y con gran poder para incidir en las políticas comunitarias.

Nuestros vecinos del Mercosur rápidamente intentaron ganar espacio con sus carnes que, al igual que las uruguayas, son producidas a cielo abierto, con pasturas naturales, sin hormonas y sin riesgo de “vaca loca”. Brasil anunció acciones en ese sentido, y Argentina lanzó una fuerte ofensiva para mostrar que el país está libre de la enfermedad. Para ello el Ministro de Agricultura y Ganadería viajará próximamente a Alemania e Italia, y Gabriel Batistuta y Gabriela Sabatini se han transformando en “embajadores agro-pecuarios”.

Como siempre, en este como en otros temas nos surge la pregunta ¿qué puede hacer Uruguay, con sus carnes naturales, para mejorar su posicionamiento internacional? Hay que destacar que nuestro país fue el primero de América Latina, ya a fines de la década de los 80, en fijar restricciones a importaciones de animales y productos europeos, y en general, en la instrumentación de controles para evitar la entrada de la enfermedad, por lo que nadie mejor que nosotros para asegurar que nuestras carnes están libres de la misma.

Pero simultáneamente con esa buena disposición defensiva, hay que destacar nuestras históricas carencias en lo que a promoción y difusión de la calidad de nuestros productos se refiere. Si bien este es un terreno difícil, donde las campañas de promoción son muy onerosas, todos estamos convencidos que el país no sabe “vender” la imagen de “país natural”. Y de que otros, con menores credenciales que nosotros, a veces logran mejores resultados.

En este sentido los nuevos directivos del Instituto Nacional de Carnes (INAC) han anunciado una drástica reforma del Instituto, poniendo especial énfasis en el fortalecimiento de las tareas de promoción externa que el mismo realiza. Bienvenida esta iniciativa.

Sin descuidar la defensa, que siempre ha sido nuestro fuerte, es hora de pasar al ataque. Porque no alcanza con saber que tenemos carne sana. Hay que demostrarlo, hay que hacerlo saber, y hay que tener la capacidad comercial de hacerlo valer.

El “prión” y el desarrollo de la enfermedad

El origen. El prión es una proteína infecciosa, normalmente inofensiva, pero que cuando se aloja en la corteza cerebral se modifica y contagia a proteínas normales, transformándose en nociva. Provoca la “Encefalopatía Espongiforme Bovina”, enfermedad de la “Vaca Loca” que daña de forma irreversible el cerebro del animal hasta provocarle la muerte.. La autopsia revela que en el cerebro del animal se han formado burbujas como en una esponja.

El contagio entre animales. En Europa, los desechos de los animales de las especies domésticas se cuecen y se utilizan en la producción de harinas, que integran las raciones para alimentar ganado, transformando una especie herbívora en caníbal. Están prohibidas para consumo humano, y desde 1994 para la alimentación de rumiantes, pero esa prohibición no se ha cumplido estrictamente, lo que ha permitido la difusión de la enfermedad.

El contagio a humanos. Al comer la carne proveniente de un animal enfermo, el hombre puede contraer una encefalopatía similar que afecta al ser humano, la enfermedad de Creutzfeld-Jacob.

Las partes más peligrosas son los órganos que contienen tejido nervioso, como los sesos, médula espinal, achuras y otros.

El tejido muscular –la carne propiamente dicha- presenta un riesgo prácticamente nulo.

Las Encefalopatías Espongiformes Trasmisibles (EET)

–           En Estados Unidos se han detectado varios casos de padecimientos neurológicos que pueden ser fatales, tanto para animales como para humanos.

–           La más conocida es la EEBovina que surgió en Gran Bretaña en 1986 y que se ha propagado por muchos países de la UE.

–           La EEOvina o scrapie ataca a los ovinos y caprinos.

–           También existen EET en venados y ciervos, y en el visón.

–           Los priones son proteínas que normalmente se encuentran en el cerebro y otros tejidos de los mamíferos, pero que al distorsionarse en contacto con otras proteínas provocan las EE.

–           Los priones pueden tomar una forma de repliegue anormal que vuelve esponjoso al tejido cerebral, lo que provoca la muerte.

–           En el humano el mal se conoce como la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob, que a su vez presenta dos variantes: la C-J “esporádica” y la variante derivada de la “vaca loca”. La primera tiene formas de contagio desconocidas y ataca a personas mayores, la segunda se contagia por el consumo de carnes infectadas y ataca sobre todo a jóvenes.

¿”Ovejas locas” en Brasil?

En Brasil han aparecido dos focos de scrapie en ovejas del estado de Paraná.

El scrapie o tembladera de los ovinos también es producida por un prión como la EEB. Los animales afectados descienden de animales importados de EEUU. Esta es la segunda vez que Brasil registra casos de scrapie, la primera fue en 1985 en ovejas importadas del Reino Unido.

El portavoz del Ministerio de Agricultura manifestó que “esta enfermedad tiene más de 250 años y no ha habido ningún caso de propagación al ser humano. Querer compararla a la EEB es obrar de mala fe”.

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