La integración empieza por casa

Cuadernos de Marcha
Agosto de 1996

El proceso de integración económica y liberalización comercial en que se encuentra el país, inaugura una etapa inédita de posibilidades y riesgos en relación al desarrollo económico nacional, sobre la cual mucho se ha escrito y hablado en los últimos tiempos.

El propósito de este artículo no es el de abundar en estos temas, sino más bien el de plantear algunos aspectos vinculados a la estructura productiva nacional, que, a nuestro juicio, aparecen como condiciones previas insoslayables, para poder capitalizar, internamente, las potencialidades que brinda el proceso de integración.

El análisis se limitará a la situación actual de las principales cadenas agroindustriales, que como el cuadro adjunto muestra, explican entre el 40 y el 45% de las exportaciones totales del país. Si a estas se le agregan otras exportaciones agropecuarias y pesqueras, y las industriales de origen agropecuario, se llega a un valor del orden del 75% del total exportado, lo que da la pauta de la importancia del sector en el comercio exterior del país.

Con el proceso de integración y apertura comercial, estas cadenas agroexportadoras, como contrapartida de poder acceder en forma privilegiada a mercados ampliados, se ven enfrentadas a la creciente competencia de sus similares de la región, no sólo en ésta, sino incluso en los hasta hoy protegidos mercados internos.  La variada gama de alimentos importados, competidores de los nacionales, que crecientemente se consumen en el Uruguay, son prueba de esto último.

Se trata entonces de competir, acá y en todos lados. Muchos son los elementos que intervienen en la creación de la competitividad, algunos vinculados con las empresas, otros con las características de la demanda, el marco macroeconómico, las políticas de estado, los sectores de apoyo, etc. Pero uno que es central, en particular en las cadenas agroindustriales, es el de la articulación armoniosa entre las distintas fases o etapas de los procesos productivos que las componen. A este aspecto es al que queremos hacer referencia.

El sector agropecuario en general, y en particular la ganadería, tienen una triste historia de articulación antagónica entre las fases de sus cadenas agroindustirales. En este tipo de articulación, las expectativas de ganancia de una de las fases, pasa, más que por su eficiencia empresarial y comercial, por su capacidad de captar parte del ingreso que en condiciones normales le corresponderían a otra fase.

Los ejemplos de lo anterior son abundantes, y prueban fehacientemente de que no se trata de un problema de santos y demonios. A veces es la industria, la que, cuando está en condiciones de ejercer un poder monopólico, “mata” al productor de la materia prima. Este, si las condiciones se lo permiten, puede llegar a dejar a la industria sin materia prima, obligándola a pagar por la misma un valor superior al que la ecuación económica permite.

Estos problemas también se dan al interior de cada fase (por ejemplo, en la carne vacuna, criadores – invernadores; industria de exportación o para el mercado interno, etc.) y también entre las fases posteriores de las cadenas, con los distribuidores, los consumidores internos y externos, etc.

Desde una perspectiva empresarial cortoplacista, estos “buenos negocios” se justifican, dado que el empresario busca maximizar su ganancia. Pero esta maximización debe ser encarada con una perspectiva de largo plazo, tanto desde el punto de vista del empresario -cuando es serio-, como del conjunto de la cadena, y en definitiva, del país.

A ninguna fase, como tal, de la cadena, le conviene cimentar su desarrollo en base al debilitamiento de las otras etapas -a no ser de que se trate de una “isla”, que importa todos sus insumos y exporta todos sus productos, situación prácticamente inexistente en Uruguay- porque un desarrollo con estas características, es “pan para hoy y hambre para mañana”, situación que, lamentablemente, ha sido bastante frecuente en nuestro país.

Yendo a algunos ejemplos concretos. En la cadena de la carne vacuna, es tradicional el enfrentamiento entre la base primaria y la industria, cada una en pugna por captar un porcentaje mayor del valor agregado total de la cadena. Ni el sector más moderno de la industria, con todas las habilitaciones de exportación, ha logrado instrumentar mecanismos de integración “hacia atrás” que le asegure una integración menos antagónica que la tradicional, con su sector proveedor de materia prima. Hay experiencias auspiciosas como la del PUL, pero de baja incidencia dentro del conjunto de la industria.

En la carne ovina, sector con grandes potencialidades productivas en el país, nunca se logró una integración mínimamente estable entre productores e industria, aunque existe una firme demanda interna. Los industriales aducen que la inestabilidad de la oferta, muy condicionada por el precio de la lana, impide el establecimiento de un flujo exportador de corderos gordos, que sería una importante fuente alternativa de ingresos para el sector primario. Este, por su parte argumenta que la inseguridad de la colocación, bloquea el desarrollo de la especialización productiva en ese rubro. Acá también hay incipientes procesos integradores (SUL-Frigorífico San Jacinto; una experiencia piloto de Central Lanera Uruguaya) que sería deseable pudieran consolidarse y avanzar.

La producción lanera, declinante en la década del 90 por caída de los precios internacionales, presenta a nivel industrial un interesante ejemplo de especialización y desarrollo de una de las fases industriales, en este caso la del lavado y peinado, siendo el país el segundo exportador mundial de tops, con un excelente nivel de eficiencia industrial. A pesar de ello, llevó muchos años lograr que se instrumentaran, desde la industria, mecanismos de pago por calidad que impulsara el acondicionamiento primario de la lana, aspecto fundamental para la calidad de la materia prima, y en consecuencia, del producto final. Pero se está avanzando, distribuyendo equitativamente los costos y los beneficios, de forma de lograr un aumento de la eficiencia del conjunto de la cadena.

La lechería y el arroz, son los dos casos más destacados de desarrollo sostenido de las respectivas cadenas, y en ambas se observa una fuerte articulación entre la fase primaria y la industrial.

También ambas están enfrentadas a nuevos desafíos. La lechería poniendo en práctica, progresivamente, los mecanismos de pago por calidad, aspecto en el que la cadena presentaba un atraso relativo de importancia. El arroz, también encarando la necesidad de mantener la calidad de la materia prima, sin sacrificar rendimientos, ante el avance de la utilización de variedades altamente productivas pero de menor calidad de grano.

La cebada, con una fuerte integración primario-industrial, presenta también un importante desarrollo en los últimos años. La madera, recién desarrollándose en su etapa primaria, es una incógnita en cuanto a lo que ocurrirá en relación a su futura integración vertical, que permita superar la actual condición de exportador de materia prima con mínimo valor agregado. La cadena triguera, de gran importancia para el mercado interno, está demandando cambios tecnológicos vinculados con el mejoramiento genético de las variedades cultivadas, para la mejora de la calidad panadera del grano, para lo cual  la instrumentación de mecanismos justos de pagos por calidad deberá jugar un papel fundamental.

La normativa desarrollada en el país durante los años 90, dentro del proceso de integración regional, ha brindado mayor independencia a las distintas fases. Es perfectamente válido, aunque a mi juicio no deseable, la exportación del producto a nivel primario, como ha ocurrido con el ganado en pie, la leche fresca o el arroz cáscara. Pero en contrapartida, la industria puede importar su materia prima, como ha ocurrido con la lana en las últimas zafras. Pero el no ser cautivo de la fase anterior o siguiente, no implica volverle la espalda, porque eso, a la larga, a nadie le conviene.

Existen notorias diferencias en las estructuras industrial-comercial de las diferentes cadenas, lo que condiciona su capacidad de inducción “hacia atrás”, y por consiguiente, su potencialidad integradora. Pero sin duda que aquellas cadenas capaces de desarrollar un eficiente proceso de integración interno, habrán dado un paso fundamental en el sentido de lograr una inserción competitiva a nivel regional.

Exportaciones Agroindustriales
(En millones de dólares corrientes, 1991-95)

Cadena 1991 1992 1993 1994 1995
    Carne vacuna 143.1 154.7 142.3 211.2 223.6
    Carne ovina 19.3 17.9 19.4 18.8 16.8
    Lana* 255.9 276.5 225.5 238.8 247.7
    Lácteos 67.7 57.5 81.2 105.33 107.7
    Arroz 115.8 105.2 150.1 151.3 161.1
    Cítircos 30.3 37.2 40.7 52.6 49.1
    Cebada 42.0 26.1 19.2 33.6 52.3
    Madera 6.2 9.2 5.6 11.8 29.9
    1)Subtotal 8 cadenas 680.3 684.3 714.0 823.4 888.2
    2) Total país 1599.1 1698.6 1644.7 1909.0 2017.9
    3) ½ (%) 42.5 40.3 43.4 43.1 44.0

*Incluye: lana sucia, lavada y peinada. No incluye textiles y vestimenta de lana.

Fuente: Instituto de Economía en base a B.C.U.

Una versión resumida de este trabajo se publicó en El País Agropecuario el 31/7/96.

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