La lana en la encrucijada

El señor Ministro aconseja…

Cuadernos de Marcha
Setiembre de 1993

En un reciente reportaje que le realizaran en Radio Sarandí, el doctor Ignacio de Posadas, refiriéndose a los productores laneros de la región de Basalto, dijo que ya era hora de que estos productores fueran pensando en otras producciones; alternativas a la carne y la lana en esa región. En otras palabras, hizo un llamado a la reconversión en aquellas zonas – el Basalto es una pero no la única – donde la productividad de los recursos naturales y las tecnologías existentes no permiten una producción ganadera que, en la coyuntura actual, sea económicamente viable.

“El Basalto” recibe su nombre del tipo de roca madre que da origen a los suelos que cubren gran parte de los departamentos de Artigas, Salto y Paysandú, y partes menores de Río Negro, Durazno, Tacuarembó y Rivera, abarcando el 21 por ciento del territorio nacional. Lo que se dice del Basalto en relación a la productividad de los recursos naturales, se aplica, con más razón aún, para la zona de sierras de la Cuchilla Grande, que ocupa parte de Cerro Largo, Treinta y Tres, Lavalleja y Maldonado. Ambas regiones ocupan en conjutno más de un tercio del territorio nacional.

Las restricciones ecológicas que presentan estos suelos – rocosidad, pendientes, alto riesgo de sequía – hacen que el uso agrícola de los mismos sea muy limitado, presentando un uso casi exclusivamente pastoril. Estas mismas restricciones hacen que al interior de la ganadería, se privilegie, dentro de los vacunos, la cría sobre la invernada, y en general, la explotación ovina sobre la vacuna, siendo estas zonas las grandes productoras de lana del país. No porque no se pueda producir lana en otras zonas, sino porque, “sobre las piedras” no se puede, o al menos no se nos ocurre a los uruguayos, producir otra cosa.

De un trabajo de modelización de predios ganaderos realizado por DIEA-MGAP, con cifras del último Censo Agropecuario disponible (1986) se extrajo la información que se brinda en el cuadro adjunto. Los predios ganaderos se clasifican en función del origen de la mano de obra, en “familiares” cuando la misma tiene básicamente ese origen; “transicionales” cuando parte de la mano de obra es familiar y parte asalariada, dividiéndose este último grupo en “medianos” y “grandes”.

Puede observarse en primer lugar que los predios típicamente ganaderos son más de 21 mil, y ocupan 10 millones 600 mil hectáreas, aproximadamente la dos terceras partes del territorio nacional. La dotación ovina por hectárea y la relación entre el número de ovinos y de vacunos, muestra que los establecimientos familiares (más de la mitad del total) que son los más pequeños y los que ocupan más mano de obra por hectárea, son también los más ovejeros, y por lo tanto más dependientes de los ingresos provenientes de la lana.

Los ingresos totales de estos establecimientos alcanzaban a US$ 1.300 al año (dólares de 1986) no observándose diferencias significativas en la productividad de la tierra ni en el ingreso por hectárea (en torno a los 11 dólares) entre los diferentes tipos de establecimientos.

Estudios más recientes realizados por técnicos del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) aportan información ilustrativa. En el último ejercicio agrícola (1/VII/92-30/VI/93), la producción ganadera alcanzó los 40.32 US$/há, mientras que los costos antes de impuestos llegaron a 27.35 US$/há. Los impuestos directos (IMAGRO/IRA, patrimonio y contribución inmobiliaria), alcanzaron a 8.80 US$/hectárea lo que determina un ingreso neto apenas superior a los 4 dólares por hectárea (que no son los mismos dólares de 1986).

Relacionando los ingresos de la lana con los costos ganaderos, estos estudios concluyen que en el período 1985-90 los ingresos provenientes de la venta de lana permiten cubrir el 69 por ciento del total de costos del establecimiento, mientras que en el período 1991-93 estos ingresos sólo permiten cubrir el 34 por ciento de los costos totales.

Esta caída de la rentabilidad de la ganadería, en particular de la lanera, tiene dos causas principales. En primer lugar la caída del precio internacional de la lana, que en estos momentos difícilmente alcanza los US$ 1.5 por kg. (el trabajo del SUL, para 1992/93 tomaba un valor promedio de US$ 1.63, el actual es por lo menos un 10 por ciento inferior) fenómeno sobre el cual Uruguay prácticamente no puede incidir.

Y en segundo término el atraso cambiario, inflación en dólares o como quiera llamársela, que es, a nuestro juicio, un fenómeno en gran medida resultante de la política económica interna. Como se trata de efectos acumulativos y del mismo signo, resulta en definitiva un precio real (medido en relación a su poder adquisitivo interno) que es el más bajo que presenta la lana desde que se llevan registros en el país (otro tanto puede decirse del arroz).

Respecto al atraso cambiario, información del INE, tomando nuevamente como base el ejercicio 1985/86, muestra que el desfasaje entre la evolución del IPC y del tipo de cambio alcanza, en el ejercicio 1992/93, al 116.07 por ciento. De este total, el 36.85 por ciento se genera en el período 1985/86-1989/90 aproximadamente equivalente a la “Administración Sanguinetti” mientras que el 79.22 porciento restante corresponde al trienio 1989/90-1992/93, los tres primeros años de la “Administración Lacalle”.

Si bien no debe afirmarse que se debería devaluar hasta restablecer el poder adquisitivo que tenía el dólar en 1985/86 porque esto implicaría aceptar como “correcta” aquella relación de intercambio, el rezago acumulado del dólar frente al IPC en estos ocho años es de tal magnitud, que es insostenible la tesis de que no existe “atraso cambiario”.

Y quien sea responsable de una política económica que propende por todos los medios que entren dólares al país (exoneraciones fiscales a las colocaciones financieras, tasas de interés que duplican las internacionales, etcétera) no puede lavarse las manos diciendo que es la abundancia de dólares existente en el mercado la que determina un tipo de cambio real bajo. Como si se tratara de un fenómeno climático.

En la alocución mencionada al inicio, lamentablemente el señor ministro de Economía no dio ninguna pista concreta de cuál debería ser el destino productivo de ese tercio del país al cual le estaba sugiriendo abandonar la ganadería. Ni de cuál sería el de los miles de productores y trabajadores que crean la riqueza lanera.

Ni de cuál sería el de nuestra industria textil lanera, que en su fase de peinaduría está al tope mundial en tecnología y productividad, haciendo del Uruguay el segundo exportador mundial de tops, después de Francia. De haberlas dado, estas pistas nos hubieran sido de gran utilidad a los miles de productores, trabajadores y técnicos que diariamente buscamos opciones productivas económicamente viables, pero que por ahora sólo se nos ocurre pensar que, en las condiciones económicas actuales, si en esas zonas no se puede hacer ganadería, no queda nada por hacer.

1993-9 El señor ministro

 

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