La ley de la ventaja

Cuadernos de Marcha
Junio de 1995

En el fútbol, cuando un jugador comete una infracción, pero a pesar de ella el contrario sigue con la pelota, el juez no debe cobrarla, si su sanción hace retroceder al jugador perjudicado por la falta, a una posición menos favorable a sus intereses, porque esto implicaría beneficiar al infractor, lo que, por principio, nunca debe hacerse. Es lo que se conoce con el nombre de “ley de la ventaja”.

No se trata de un antojo de la FIFA, sino de un principio de elemental sentido común. La norma nunca debe ser tal, en su aplicación práctica, que lleve a que el infractor sea el beneficiado, y el que la respeta, el perjudicado.

En nuestro país, este principio, que se aplica hasta en los campitos, ha sido desconocido, o conocido y violado permanentemente, por el gobierno central y los departamentales, en esta y anteriores administraciones. Voy a poner algunos ejemplos, que avalan lo anterior, para el período que va de 1985 hasta la actualidad. De antes de 1985 más vale ni acordarse, y de hacerlo, habría que hablar de otros desconocimientos y violaciones.

Siguiendo con el símil futbolístico (recurso tan recurrido en nuestro país, dicho sea de paso), el jugador que va con la pelota sería el empresario que cumple sus obligaciones con el Estado, el que comete la infracción el que no las cumple, y el Gobierno, por supuesto, el juez.

El que no las cumple le comete una infracción al que sí lo hace, porque, por ejemplo, al no pagar un impuesto, genera un déficit que lo pagan todos, en especial el que sí lo paga. O dicho de otra forma, los impuestos están calculados teniendo en cuenta la evasión, por lo tanto el que paga, paga lo que le correspondería si pagaran todos, más un surplus que cubre a los evasores, con lo cual, el objetivo fiscalista queda satisfecho.

Y el Gobierno -el juez- arbitra al revés: perdona total o parcialmente al infractor, lo que es discutible, sin recompensar, simultáneamente al que cumplió, lo que, indiscutiblemente está mal. Porque además de ser una injusticia, promueve la generalización de infracciones, lo que a la larga termina con el juego, entendiendo por éste al funcionamiento más o menos normal de la economía.

Yendo a los ejemplos. En los últimos diez años se votaron cinco leyes de refinanciación de deudas de las empresas con la Banca (la publica, porque la privada le pasó el fardo al Estado). Sin entrar en la discusión sobre la génesis de esas deudas, lo que es indiscutible es que algunos las pagaron y otros no.

Las refinanciaciones favorecieron, mediante plazos más largos, disminución de tasas, importantes quitas por pago contado, etcétera, a los que no pagaron en tiempo y forma, sin que les hayan devuelto nada a los que sí lo hicieron, a veces a costa de su propio patrimonio.

Los gobiernos departamentales no le van a la zaga al nacional. Por ejemplo la Intendencia de Rocha, en marzo pasado, refinanció las deudas municipales (contribución inmobiliaria, impuesto a los semovientes, patentes, etcétera) sobre la base de un monto nominal, con generosos plazos e importantes quitas por pago contado.

Podría calcularse cuánto más barato, en términos reales, le costó quedar al día al infractor -el que, por los motivos que fuera estuvo omiso a sus obligaciones durante años y luego se acogió a la refinanciación- que al que pagó puntualmente durante todo ese tiempo.

Seguramente que poderosos motivos fiscales justifican la refinanciación, pero lo injustificable es que no se incluya en los cálculos a los buenos pagadores, y se les devuelva o acredite a cuenta de futuros pagos, lo que perdieron por cumplir. Y la Intendencia de Rocha no es la excepción, es lo que hace la mayoría, por no decir todas.

Un tercer ejemplo, a nivel nacional, es el Banco de Previsión Social, que hace exactamente lo mismo. Refinanció generosamente a los deudores, los que recibieron un beneficio objetivo aunque no hayan cumplido con los aportes, lo que, insisto, puede ser justificable por razones de caja, sin tomar medidas compensatorias en beneficio de los que pagaron puntualmente y que son el sostén del sistema, lo que, nuevamente insisto, es injustificable, además de ser suicida desde el punto de vista del funcionamiento mismo del sistema en el largo plazo.

En Uruguay, lo que se sabe de memoria en el fútbol, se desconoce en la política y la economía, donde “la ley de la ventaja” no se aplica, o se aplica al revés. Quizás por eso, internacionalmente, el Uruguay es más conocido por sus jugadores de fútbol que por sus políticos y sus economistas.

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