Los ingresos extraprediales en la ganadería

El País Agropecuario
Marzo de 1999

 La importancia de los ingresos extraprediales en los establecimientos agropecuarios es un fenómeno ampliamente reconocido, tanto en nuestro país como en el extranjero. Dichos ingresos pueden ser de muy diferente origen, y orientarse a segmentos también diferentes del universo constituido por la totalidad de los productores agropecuarios.

En agriculturas campesinas como las existentes en muchos paises de América, los ingresos derivados de la venta de la fuerza de trabajo del productor y parte de su familia, particularmente en actividades zafrales como ser las cosechas en cultivos realizados en predios comerciales demandantes de abundante mano de obra, como es por ejemplo el caso del café o del algodón, es determinante para la sobrevivencia de la familia campesina. Esta realiza una agricultura de autoconsumo en su pequeño predio -maíz, frijol, mandioca etc- y obtiene ingresos en efectivo como asalariados.

En el otro extremo, en los países de la Unión Europea, gran parte del ingreso de la empresa agropecuaria proviene de subsidios directos otorgados por el Estado, ya sea a los productos obtenidos vía precios fijados administrativamente, o incluso para asegurar la permanencia de la familia en el predio, dentro de una estrategia de preservación ambiental. En Estados Unidos y la UE, son muy importantes los ingresos provenientes de los subsidios para no cultivar más de determinada superficie, en el caso de ciertos granos, a los efectos de evitar la sobreproducción de los mismos.

En nuestro país, es también habitual que los pequeños productores agropecuarios obtengan una proporción importante de sus ingresos fuera de su predio, en general como asalariados rurales. Pero también abundan los casos de empleados o profesionales que poseen un pequeño predio que complementa sus ingresos, y que en muchos casos, en las zonas rurales, se utiliza además como lugar de residencia.

En una encuesta realizada por la empresa Equipos Consultores para OPYPA  en 1997, dentro de los predios que sólo declaran actividad ganadera de carne y lana, se estima que la actividad del establecimiento genera más del 50% de los ingresos sólo para alrededor del 49% de los productores. Un 22% de los mismos declara que el establecimiento representa menos del 25% de sus ingresos. Lamentablemente  no aparece esta información cruzada por el tamaño del establecimiento o alguna otra variable que dé alguna idea sobre el tipo de establecimiento que en mayor o menor medida depende de los ingresos extraprediales.

Hace ya algunos años, en este mismo medio y con el título “¿Quién gana con la ganadería ?”[1] planteábamos que la mayoría de los empresarios ganaderos, al no contar con ingresos externos a la actividad, y estar “atados” a sus necesidades presupuestarias, está obligada a vender su producción – y eventualmente parte de su stock- aunque los precios sean bajos, recomponiendo sus activos, si ello es posible, cuando cubre sus gastos con bajos niveles de venta, que son los momentos de precios altos. Su dependencia estricta de los ingresos ganaderos le impone un comportamiento pro-cíclico, vende cuando conviene retener, y retiene cuando objetivamente conviene vender.

Planteábamos en dicho artículo que los empresarios que pueden cubrir, total o parcialmente su presupuesto con ingresos extraganaderos, están en condiciones de lograr ganancias mayores de las que obtienen los productores que dependen estrictamente de los ingresos ganaderos. Lo conseguirán o no en función de su habilidad para elegir los momentos correctos para acumular o liquidar existencias, pero están en condiciones de hacerlo. En esta perspectiva, los ingresos extraprediales,  además de la importancia que tienen en sí mismos, son  fundamentales como condicionantes para una mejor toma de decisiones del empresario ganadero. Y por consiguiente, son determinantes de la capacidad de inversión y de la rentabilidad lograda por la empresa ganadera.

Si esta hipótesis fuera correcta, y la rentabilidad y por consiguiente la capacidad de inversión y la productividad de la empresa ganadera dependiera en alguna medida, más o menos  importante, de la existencia de ingresos extraprediales, los aumentos de producción y productividad observados en los últimos años en la ganadería, quizá tendrían un origen “espurio”, en la medida que los mismos no serían producto de una reinversión de ganancias genuinamente ganaderas, sino que provendrían de fuera del sector.

El fenómeno de incremento de las inversiones que llevaron al aumento de la producción y de la productividad, puede deberse a diferentes causas, y distintas ser sus evaluaciones. En primer lugar, la hipótesis anterior puede ser incorrecta, y las inversiones justificarse plenamente por una genuina rentabilidad de la actividad ganadera. En este caso, las diferencias observadas en productividad entre empresas se deberían a causas internas al sector, como ser diferentes eficiencias empresariales, o de dotación de recursos naturales, tecnología etcétera.

Pero si la hipótesis es correcta, cabe la pregunta de por qué, empresarios exitosos en otros sectores, o del exterior, invierten sus excedentes en una actividad que no es rentable por sí misma. Acá las interpretaciones también pueden ser variadas, e incluso la más correcta sea una mezcla de más de una de ellas.

La primera es que se trataría de inversionistas que no persiguen la rentabilidad en ese negocio en particular, sino que en un portafolio de inversiones variadas, la explotación ganadera cubre la parte de reserva de valor, como inversión con un alto componente inmobiliario. En apoyo a esta visión está el hecho de que los inversores siempre lo hacen sobre la compra del campo, nunca realizan grandes arrendamientos sobre los cuales desarrollar una intensa actividad productiva.

La segunda es que estarían generándose cambios estructurales en el sector y su entorno -integración regional, nuevo marco de políticas, desarrollos tecnológicos etcétera- que estarían cambiando el resultado económico tradicional de la ganadería, generando retornos que justifican las nuevas inversiones. Aunque probablemente esos retornos se logren solo si se sobrepasan umbrales relativamente altos, tanto de superficie y calidad de los recursos naturales, como  de inversión por hectárea. Lo que generaría un proceso de exclusión de aquellos productores que no pudieran acceder a esos tamaños económicos y tecnológicos mínimos.

Una tercera interpretación, no excluyente de las anteriores, podría ser la de que el país dispuso durante los años noventa, de un marco externo particularmente favorable a la inversión productiva, fundamentalmente derivados de los procesos de estabilización ocurridos en Argentina, y sobretodo en Brasil a partir de 1994, que generaron un importante incremento de la demanda de nuestros productos.

El atraso cambiario -en parte derivado de esos mismos procesos de estabilización- al trasladar importantes montos de recursos desde el sector agroexportador hacia el resto de la economía, pudo haber impedido que el empresariado agropecuario obtuviera márgenes suficientes para encarar un proceso importante de inversiones, lo que sí pudo hacer otro empresariado externo al sector, quizá beneficiario, en sus otros ámbitos de acción, del mismo atraso cambiario.

Si esta interpretación fuera correcta, el país, al no instrumentar medidas correctivas del atraso cambiario a medida que el mismo se iba produciendo y acumulando, habría desperdiciado una oportunidad histórica de dar un salto realmente importante en el nivel de producción y en la productividad del sector agropecuario. Con el beneficio adicional de que el mismo hubiera tenido menores costos sociales, vía exclusión de productores, respecto a la situación actual.

Como inevitablemente ocurre, estos fenómenos tienen el color del cristal con que se los mira. Pero la sociedad uruguaya no puede darse el lujo de no estudiarlos seriamente, y las instituciones especializadas, tanto del sector público como del privado, deben esforzarse en generar el conocimiento más objetivo posible sobre la realidad socioeconómica de nuestro sector agropecuario. En ese sentido, sería importante incluir, en el análisis de los resultados económicos de las empresas del sector, el dato sobre la existencia o no de ingresos extraprediales, y alguna medida de su magnitud, en relación a los generados en el predio. Sería un pequeño paso en la dirección de conocer mejor la realidad de un sector clave en la economía del país.

[1] Ver número de julio de 1994

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