Respuesta al Cr. Juvenal Torres

El País Agropecuario
Noviembre del 2001

Como respuesta a mi artículo ¿Mil o catorce mil millones? publicado en esta revista en setiembre pasado, el Cr. Juvenal Torres responde en el número de octubre bajo el título de “No hay error contable”. Dicha respuesta me merece algunos comentarios que paso a detallar.

  1. El material en que me basé (y cité en el artículo) tiene la carátula de la Asociación Agropecuaria de Dolores, y consta de un texto titulado “Algunos fundamentos de la propuesta” fechado el 10 de abril de 1999 acompañado de 4 cuadros con sus respectivas gráficas. Los cuadros 1 a 3 son de la autoría del contador Juvenal Torres y el 4 de C. Bautes. No lo nombré expresamente al contador Torres (ni a Bautes) porque cité el trabajo de la Agropecuaria en su conjunto, el que, por razones de extensión era imposible de publicar junto con el mío. Espero que esto aclare el punto. A partir de ahora ambas metodologías están a disposición de los lectores (la mía en el número de “El País Agropecuario” de Enero de 1999, la del contador Torres en el de Octubre del 2001) que las podrán juzgar, como solicita el contador, “sin intermediarios”.
  2. A partir de lo anterior, solo quiero hacer unos breves comentarios, en primer lugar algunos de tipo metodológico. El primero es en relación a mi expresión “error contable” vertida en el artículo anterior. La misma no tiene un sentido peyorativo, de cuentas aritméticamente mal hechas, que obviamente no es el caso, sino de cuentas que no corresponde hacer, porque aunque lo niegue el contador, los supuestos económicos, por el hecho de no ser explicitados, no dejan de existir. Y el gran supuesto que está detrás de todos los cálculos del contador, es que los precios relativos entre el sector agropecuario y el resto de la economía, entre transables y no transables, entre tipo de cambio e IPC, deben ser inmutables a partir de un año elegido como base. En este caso la base fue 1988, antes de la seca y en pleno Plan Cruzado, un momento de precios relativos muy favorables al sector agropecuario. A partir de allí, según la metodología del contador, toda la estructura de precios relativos se congela, y el resto de la economía, las variables macroeconómicas, la región y el mundo deben adaptarse a esas relaciones de partida. Y esto es un supuesto económico, que está implícito y determina el resultado de los cálculos y que sigo sosteniendo es completamente irreal.
  3. Dado que no hay error contable y tanto el contador como yo reafirmamos nuestras respectivas metodologías, llevémoslas hasta sus últimas consecuencias. En la mía, que solo suma los montos marginales de atraso cambiario generados en cada año, el mismo es significativo hasta 1995 (ver artículo “Mil Millones” de Enero del 99) alcanzando en 1996 solo a 22 millones. Si continuara la serie, dado que IPC y TdeC evolucionan a partir de 1997 en forma similar, no se acumula más atraso cambiario, porque el incremento marginal es 0. Y a partir del 2001 se empieza a revertir, generándose adelanto (porque la variación del TdeC es mayor que la del IPC) el que en forma muy preliminar estimé para un año en unos 100 millones (ver artículo de setiembre del 2001), lo que reduciría el acumulado a unos 900 millones. La del contador en cambio, que a 1996 alcanzaba a 7.618 millones, como calcula el atraso anual multiplicando el PNI agropecuario por el atraso porcentual acumulado que llega en ese año a 139,54%, en la medida que a partir de ese año IPC y TdeC evolucionan con tasas similares, el % se mantiene prácticamente incambiado (llega a 141,41 en 1998) incrementándose el atraso cambiario en aproximadamente el 140% del PNI de cada año. Si suponemos un PNI constante (a partir de 1998), el atraso se incrementa anualmente en 2.141 millones. Si el TdeC evoluciona por encima del IPC (como en el 2001) el atraso cambiario igual sigue creciendo enormemente, aunque con tasas menores al 141% anual. Esto lleva a que grosso modo lleguemos a fin del 2001 con un atraso acumulado del orden de los 18 mil millones, cifra que se seguirá acumulando quien sabe por cuantos años, hasta que el 141 revierta a 0, como era en 1988.
  4. No es necesario que el contador me aclare que no es lo mismo la pérdida sufrida por las empresas agropecuarias, que la pérdida en el valor agregado por el conjunto del sector agropecuario y agroindustrial, es decir la disminución de la remuneración de todos los factores productivos intervinientes. Sí es necesario que se lo aclare a quienes utilizan las cifras resultantes de sus cálculos para basar en ellos los reclamos de las empresas agropecuarias.
  5. Como dije anteriormente, las metodologías están a la vista, y cada quien las puede juzgar a su gusto. Los comentarios anteriores los hago para contextualizar un comentario final. Entre el 90 y el 98 el sector agropecuario creció (el PNI aumentó 81% en ese período, dinamismo inédito en el sector) para lo cual hay que invertir, incorporar tecnología, apostar al futuro. Cierto que también hay que endeudarse, y el sector lo hizo, pasando la deuda del 30 al 70% del PBI sectorial. Este crecimiento se produjo, a mi juicio, a pesar del atraso cambiario, dado el muy buen contexto para nuestra producción agropecuaria derivado de los planes de estabilización argentino (90-94) y brasileño (94-98). A título de ejemplo tomemos 1994, año central del período, de plena expansión productiva. Según el cuadro del contador, el atraso acumulado a ese año era de 121.24%, es decir que, de lo que el conjunto del sector producía, se le quitaba el 55% (121.21/(100 + 121.21). Si nos circunscribimos a las pérdidas de las empresas (cuadro 3) el panorama es similar, en función del % de insumos no transables sobre ingresos operativos, la pérdida de ingresos va del 24.2% (con 20% de insumos no transables) al 72.7% (con 60% de insumos no transables) con un punto medio de 48.5% de pérdidas. ¿Es sensato pensar que se registre un boom productivo en un sector al que se le está extrayendo, sin contrapartida, la mitad de la remuneración de todos sus factores productivos, en particular la remuneración del capital, determinante de las decisiones de inversión? Y lo que decimos para el 94 se aplica al conjunto del período. Si se proyectan, según la metodología del contador, el producto agropecuario y el atraso cambiario, la remuneración realmente obtenida durante todo el período por los factores productivos no llega al 50% de la que hubieran tenido sin el atraso cambiario.
  6. En conclusión estamos hablando de magnitudes tan diferentes (900 vs 18.000 millones) que denotan visiones muy divergentes de cómo funciona la economía. La cifra que arroja la metodología que yo utilicé, la considero enorme, y creo que es explicativa de la crisis sectorial. Pero la del contador es 20 veces mayor, y seguirá creciendo. Ahora que está de moda (desgraciadamente) el tema de las torres, alcanzaría para reconstruir, 2 veces, el World Trade Center de Nueva York entero (según información de prensa, el costo sería de 6.700 millones) con Torres Gemelas y todo, y sobrarían algunos miles de millones. O a nivel casero, permitiría construir (por ahora) 180 torres de Antel, 20 más por cada año en que IPC y TdeC evolucionen en forma similar. O a nivel agropecuario, financiaría un Plan de Desarrollo Ganadero (de 2 años de duración) por cada día y medio de atraso cambiario. Esa desmesura trasmite una sensación de ausencia de límites, de que vale todo, de que nos robaron todo, y si es así, se justifica cualquier acción punitiva que instrumentemos desde el sector. Por eso califico duramente a los reclamos que se hagan desde esta perspectiva. Porque por más que los haga gente honesta y bien intencionada, por su propia naturaleza dan lugar a que “se suba al carro” cualquiera y postule que está bien no pagar las cuentas, ni los impuestos, ni al banco, ni a nadie, total, si “a mi me robaron”, y cualquier cosa que me den, es poco. Y eso lo considero tremendamente negativo para los genuinos intereses del sector, porque hay que reclamar sí, pero con mesura y con propuestas, y no como eternas víctimas.
  7. Por último, pero no menos importante, en ningún momento me propuse despreciar a nadie, y los términos “necias” y “absurdas” utilizados para calificar las cifras parafraseando expresiones de uso cotidiano, deben entenderse en el contexto de desmesura antes explicado. Intenté si hablar muy claro, y decir cosas muy fuertes, pero sin ofender a nadie, porque no es ni ha sido nunca mi estilo. Si mis comentarios resultaron ofensivos, pido las disculpas del caso, porque no fue esa mi intención. No quisiera seguir con el tema, lo que tenía que decir lo he dicho y todo está escrito (empecé a denunciar al atraso cambiario en 1993) y no tiene sentido que siga aburriendo a los lectores con lo mismo. Creo que sería más útil que otros colegas aporten sus comentarios. Lo mismo que para los del contador Torres, sé que las páginas de esta revista están abiertas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.