¿Tecnología “para la cría”?

El País Agropecuario
Noviembre de 1998

 En los últimos tiempos ha tomado cuerpo la idea de que en la producción de carne, existe una propuesta tecnológica válida para la invernada, incluso para la recría, pero no para la cría, donde los coeficientes productivos no han variado, o lo han hecho en mucho menor medida que los vinculados con las otras fases productivas mencionadas. Se está volviendo un lugar común en los diagnósticos sectoriales, aquello de que “ahora el problema está en la cría”. Me voy a permitir discrepar con este enfoque, por las razones que paso a mencionar.

En términos biológicos, comparando en forma global un sistema criador y uno invernador -a igualdad de todas las demás variables que entran en juego como nivel zootécnico, alimentación, sanidad etcétera- la cría es menos eficiente que la invernada. Es decir que por cada kilo de producto cría, por ejemplo de ternero destetado, el sistema requiere de un mayor nivel de insumos energéticos, que el requerido por el sistema invernada, por cada kilo de su producto, por ejemplo novillo gordo.

Pasando al terreno económico, lo anterior determina que para que ambas fases estén en equilibrio, el kilo de ternero debe valer más que un kilo de novillo, para compensar ese mayor costo. No conozco datos nacionales sobre el asunto, pero quizá este “plus” no debería ser menor al 10%, lo que determinaría relaciones de precios “normales” de reposición/gordo de no menos de 1.1, tal como ocurre en países con sistemas ganaderos desarrollados y globalmente eficientes.

En nuestro país en cambio, históricamente esa relación ha sido menor a la unidad, a lo sumo igual, en algunos años relativamente favorables para la cría. Eso ha llevado a que la invernada fuera generalmente más rentable, y que por lo tanto se le asignaran los mejores recursos forrajeros, en parte también por el hecho de que en la invernada se obtiene un retorno económico más rápido que en la cría, con la mejora de la base forrajera.

A inicios de esta década, una serie de factores, favorecieron a la producción de carne, mejorando las perspectivas globales del sector. A nivel de la política económica, se instrumentaron medidas de liberalización comercial, que favorecieron a un sector competitivo como el de la ganadería vacuna. Pueden mencionarse el avance del Mercosur, la autorización para exportar ganado en pié, la eliminación del stock regulador, la reforma impositiva que corrigió el sesgo antiganadero, etcétera.

Simultáneamente se alcanzó el estatus de libre de fiebre aftosa, lo que amplió las posibilidades comerciales. Paralelamente, la caída del precio de la lana con la consiguiente reducción del stock ovino, liberó recursos forrajeros, pero también de mano de obra y de capital circulante, en beneficio de la producción de carne.

El conjunto de estos factores, su permanencia en el tiempo y la creciente estabilidad económica,  mejoraron las expectativas y con ellas la inversión y la adopción tecnológica. Y por supuesto que la inversión se concentró en la fase de mayor y más rápido retorno económico, la invernada, adoptando, recién ahora, la tecnología que estaba disponible desde hacía mucho tiempo.

¿Esto quiere decir que la tecnología disponible es “para la invernada” pero no “para la cría”? Rotundamente no. Hay tecnología para la cría lo mismo que para la invernada. Desde los trabajos pioneros de Jaime Rovira en la Facultad de Agronomía sobre manejo del rodeo de cría, pasando por la afirmación perogrullesca de que las mejoras forrajeras también pueden destinarse a las vacas en vez de a los novillos, y por las tecnologías especificas para la cría, la inseminación artificial, el trasplante de embriones, la ecografía etcétera, todo apunta a que si la cría no supera sus coeficientes productivos tradicionales, no es por carencias en la disponibilidad de tecnología. Además, muchos de estos avances no requieren de lentas adaptaciones locales, un termo de semen o un ecógrafo funcionan igual en cualquier país del mundo. Y hay libre importación de semen.

Cuando la creciente demanda local y regional por terneros elevó el precio de los mismos, llegando en este año a relaciones reposición/gordo de 1.2, inéditas en este país (ojo: con buenos precios en términos absolutos para el gordo), aceleradamente se comenzó a invertir en la cría. El ejemplo más notorio es de que en esta zafra, aún con un escenario macroeconómico menos favorable, los toros se están vendiendo un 20 a 30% por encima del precio del año pasado.

Si estas relaciones se mantienen, y el resultado económico de la cría se afirma, en pocos años seguramente aumentará el porcentaje de procreo y el entore a los dos años, así como en los últimos años bajó la edad de faena de los novillos y aumentó el porcentaje de extracción del rodeo. Porque la adopción o no de tecnología depende del contexto económico. Intentar que sea al revés, es un voluntarismo de resultados generalmente nefastos, quizá no para el técnico, pero sí para el empresario.

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