Un supuesto doblemente falso

Todo el que paga es porque “puede pagar”.  Todo el que no paga, es porque “no puede”

El Mercado Agropecuario
6 al 12 de agosto de 1993

 Las recientes medidas de refinanciación de productores pecuarios adoptadas por el Banco República, tienen implícito este doble supuesto, que es, obviamente, falso.

Cualquier entidad gremial, sea una cámara empresarial o un sindicato, plantea reclamos o adopta medidas de tipo corporativo, que involucran a la totalidad de sus representados. No es a ellas a quien compete hacer discriminaciones al interior de sus integrantes.

Pero todo gremio, sea empresarial o de asalariados sabe, que a su interior, existen situaciones muy disímiles. Es a la otra parte -la patronal, el Consejo de Salarios, el Estado o quien sea- quien debe negociar para poner de manifiesto esas diferencias, si lo que pretende es alcanzar un resultado justo.

Es indudable que en todo gremio hay quien trabaja más que el promedio, y por lo tanto percibe menos por unidad de tiempo trabajado, y otros que trabajan menos, o nada, y por lo tanto cobran relativamente más. De esta verdad indiscutible, surgen los acuerdos de productividad, donde se pretende que la remuneración sea función directa del trabajo realizado, en cantidad y calidad.

Dentro de los empresarios, en este caso los ganaderos, pasa lo mismo. Los hay eficientes, que trabajan bien y quienes lo hacen mal, que pagan las cuentas y que no las pagan. Por supuesto que la realidad es muy compleja, existiendo toda una gama de situaciones. Y también es cierto que en función de la situación económica del sector, las posibilidades de pago son mayores o menores. Pero en cualquier situación, hay empresarios que cumplen con sus obligaciones -crediticias, fiscales, salariales, etcétera- y otros que no cumplen, o lo hacen sólo obligados.

La política agraria y la económica en general, de este gobierno, se ha caracterizado por su falta de discrecionalidad. Salvo alguna honrosa excepción, como por ejemplo algunas medidas relativas a las consecuencias de la sequía del 88-89, donde se tomaron en cuenta zonas más o menos afectadas, en general las medidas se han caracterizado por ser, en primer lugar, tomadas como resultados de la presión -cuando no las amenazas- efectuadas por los involucrados (lo que alguien ha bautizado como “cobrar al grito”), y en segundo término, por su indiscrecionalidad.

En la actual refinanciación, se vuelven a dar ambas características. La presión -y las amenazas de cesaciones de pagos de impuestos- efectuadas por las gremiales rurales fueron muy fuertes, y la medida oficial resultante de lo anterior, fue, una vez más, indiscriminada. No importa si el productor tiene 500 o 5.000 hectáreas, si invernan novillos en Soriano o cría ovejas en Artigas. La medida es “pareja para todo el mundo”. Pero tratar como iguales situaciones obviamente desiguales, es una forma de no hacer justicia.

Pero no es a este tipo de discrecionalidad que apunta este artículo, sino a una más grave: a la que no discrimina entre quien cumple con sus obligaciones y quien no cumple. Y no corresponden acá las valoraciones de si puede o no puede. Si se quiere dar un beneficio a quien no cumplió, bajo el supuesto de que no pudo, sólo se lo puede dar si paralelamente se le da otro, por lo menos igual, a quien cumplió, independientemente de si “podía” o no hacerlo. Porque el “puedo” o “no puedo” es muy subjetivo y pasa por la valoración y la escala de prioridades que tenga cada uno.

Créalo o no la sociedad, sépalo o no el Gobierno, existen empresarios ganaderos que están al día con sus obligaciones. Y estos, los buenos pagadores, son los que se deben preservar. Y para ello, no se los puede castigar desconociendo el hecho de que, aún en una situación económica crítica para el sector, pagaron en tiempo y forma.

Si el BROU quiere refinanciar a todos los morosos, que lo haga. Pero si pretende tener un mínimo de coherencia, como cualquier manual de Política Económica recomienda, debería bonificar a los buenos pagadores con un monto por lo menos igual, al beneficio que dejaron de percibir, justamente por eso, por ser buenos pagadores. Ya son demasiados los que apuestan a la viveza criolla, como para que el Gobierno se dé el lujo de terminar con los pocos que no lo hacen.

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