El cordero pesado ante la suba de precios de la lana

Revista Plan Agropecuario
Agosto del 2003

El crecimiento exponencial de la faena de corderos desde que se iniciaran los operativos en 1996 hasta que en el 2001 lo frenó la aftosa -que aunque no lo afecta le cierra mercados- está actualmente enfrentado al “problema” del precio de la lana. En el quinquenio anterior el costo de oportunidad de dejar de producir lana –o a lo sumo de sacarle un vellón de lana de punta- para destinar el cordero a la faena, era bajo, lo que fue un estímulo adicional a los buenos precios que se obtenían por la carne.  Pero en el 2002 la cosa empezó a cambiar y en el 2003 cambió del todo. Lo que sigue son algunas consideraciones sobre las posibles consecuencias de estos cambios en los precios relativos de lana y carne.

Situaciones como esta fueron las que durante décadas bloquearon el desarrollo de un mercado permanente para los corderos gordos, para cuya producción Uruguay tiene ventajas competitivas como pocos países en el mundo. Con lana barata la oferta de corderos era abundante, porque no había interés en aumentar, ni siquiera en mantener el stock. Pero cuando la lana subía, se daba la situación inversa, se retenían los corderos, la industria se quedaba sin materia prima, se interrumpían los flujos comerciales y se perdían los mercados.

Por esta razón, la industria se dedicaba solo a abastecer el mercado interno de corderos para fin de año, y a cubrir la cuota Hilton (5800 toneladas anuales equivalente carcasa) con cortes de otras categorías de lanares. A mediados de la década pasada cambiaron varias cosas. Se cambió la tipificación de INAC, manteniendo la denominación de “cordero” luego del destete hasta la emergencia de los 2 dientes, en consonancia con lo que definen los mercados internacionales. Se había generado el conocimiento técnico para la producción de corderos pesados –de 34 a 42 quilos en frigorífico con menos de 1 año de edad- básicamente a partir de las investigaciones del Ing. Mario Azzarini en el SUL. Y los precios de este tipo de carne eran estables y buenos (superiores muchas veces al del novillo) en el mercado externo.

A estas condiciones necesarias, se sumó la condición suficiente exigida por la industria para realizar el necesario desarrollo del producto: asegurar el suministro de materia prima, por encima de avatares del mercado lanero, para darle la imprescindible continuidad que el negocio requería. Esto fue aportado por la capacidad integradora de Central Lanera Uruguaya, que comprometía los embarques a partir de inscripciones hechas por sus productores. Esta inscripción habilitaba los adelantos con los que se podía financiar el proceso productivo recibiendo además  la asistencia técnica para el mismo. Además CLU por medio de sus cooperativas de base certificaba la calidad del producto previo al embarque y efectuaba el control en planta de faena, para dar las mayores garantías a ambas partes, productor e industria.

Como se dijo antes, las buenas condiciones generales del negocio se vieron favorecidas por los bajos precios de la lana, lo que desestimulaba el destino alternativo de los corderos –producción de lana y/o reproducción- disminuyendo el costo del cordero para invernada. Muchas veces, el resultado económico respondía más a favorables condiciones comerciales –compra de corderos baratos- que a la eficiencia en el proceso de engorde.

La duplicación del precio de la lana entre el 2001 y el 2003, significa “la hora de la verdad” para el cordero pesado al existir ahora sí, una demanda alternativa de importancia, para retener hembras a los efectos de recomponer el stock, e incluso machos para producir más lana. Ya el año pasado se registró una drástica caída de la faena de hembras, lo que se profundizará este año.

Bienvenido sea este “problema”. Ahora la eficiencia económica del engorde dependerá fundamentalmente de la eficiencia biológica con que se realice el proceso productivo. Este es un tema complejo donde tenemos mucho que avanzar. Tenemos un bagage técnico importante que se ha desarrollado en Estaciones Experimetales –del SUL, del INIA, de la Facultad de Agronomía- y se ha validado a nivel comercial –entre otros con apoyo del Programa Servicios Agropecuarios del MGAP- en predios de productores en todo el país y durante varios años. Ha aumentado el número de plantas participantes –el Frigorífico San Jacinto fue el pionero- con lo que se desarrolló una saludable competencia por la materia prima.

Y se han ido desarrollando segmentos cada vez más especializados de mercado, lo que permite distintas posibilidades de adaptación en función de las condiciones de producción –de razas, de condiciones nutricionales, de estacionalidad etcétera- de los productores.

A título de ejemplo, Central Lanera ofrece este año las opciones de “cordero pesado precoz”, “cordero pesado” y “borrego 2 dientes” además de la tradicional posibilidad del “cordero mamón” de fin de año. Y con la reapertura del mercado norteamericano para las carnes uruguayas, probablemente en poco tiempo se retome el desarrollo del “cordero super pesado” que se insinuó antes de la aftosa pero se suspendiera por este motivo. Cada segmento de mercado tiene diferentes requerimientos productivos –genéticos, nutricionales, de manejo- pudiendo por consiguiente adaptarse a distintas condiciones de producción. Los precios, por supuesto que también son diferentes.

El cordero pesado no es enemigo de la lana. Es el complemento ideal para desarrollar toda la versatilidad productiva del rubro ovino. Hoy las condiciones económicas son buenas para ambos rubros –lamentablemente no se puede decir lo mismo de las climáticas, pero ya cambiarán- y el país es muy competitivo en ambas producciones. Y se potencian las posibilidades de mejorar la eficiencia global de los procesos por medio de la integración de productores con diferente perfil productivo. Todas opciones disponibles cuya utilización dependerá de nuestra capacidad de materializarlas. Todo depende de nosotros.

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