A bolazo limpio

El País Agropecuario
Octubre del 2004

Una de las características que asombran –a otros les indigna, o les entusiasma, o los deja indiferentes- de la sociedad de la información en que estamos inmersos, es la impunidad con que se hacen, en medios de prensa acreditados –no digamos ya en los pasquines que viven de la mentira y las medias verdades- aseveraciones supuestamente sesudas, cuando en realidad se trata de disparates mayúsculos. Y más grave aún, que nadie los desmienta o arroje alguna duda sobre los mismos.

La gota que derramó mi vaso la vertió el mes pasado en “La Tertulia” de Radio El Espectador el escritor y poeta Mauricio Rosencof quien, incursionando en temas varios como es el estilo del programa, dictó cátedra sobre desarrollo económico, con igual autoridad –por el tono, por el énfasis- que si se tratara de un tema de su especialidad, como la literatura o la poesía, donde sin duda nos puede aportar mucho y muy bueno.

Lo hizo abonando como siempre la manida tesis de las gigantescas posibilidades económicas de este país que no se concretan por la desidia, la ineptitud o la complicidad con poderes oscuros, de los empresarios o políticos responsables de hacer o de impulsar las cosas. Y destacando de paso que el potencial del país se ve incrementado por la genial creatividad de los uruguayos, la que no encuentra el marco político adecuado para que se traduzca en actividades que generen empleo y mejoren el nivel de vida de nuestra población. Por si uno fuera poco, puso como muestra estos tres botones (cito de memoria, y resumiendo):

  1. “El Uruguay cuenta con la segunda reserva mundial de existencias pesqueras, que no explotamos, y dejamos que otros se la lleven, cuando en la UTU se podría tener un astillero que produjera los barcos pesqueros con los cuales explotar esos enormes recursos”
  2. “La Facultad de Ciencias inventó un proceso que transforma la madera de eucaliptus dejándola como si fuera de roble. Ahora que tenemos mucha madera de eucaliptus, podríamos producir acá con excelente calidad todos los muebles que importamos e incluso dedicarnos a la exportación”
  3. “El Acuífero Guaraní es la segunda reserva mundial de agua dulce y no hemos hecho nada para preservarlo. Si no se aprueba la Reforma por el Agua estaremos resignando nuestra soberanía sobre tan estratégico recurso”

A continuación de este discurso ningún otro integrante de La Tertulia ni el conductor de la misma opinó nada, vino la tanda y luego se cambió de tema. Claro que también se puede hacer silencio frente a un caso perdido, pero por lo general se entiende que el que calla otorga, lo que como dije antes, me parece lo más grave de todo. Paso a fundamentar por qué sostengo que estas afirmaciones son disparates de grueso calibre, ante los cuales el silencio brinda una impunidad que, como cualquier otra, no se debe dejar pasar.

Como primera aproximación por vía del sentido común, las reservas de pesca se distribuyen en relación a las costas sobre mares u océanos que tenga el país, corregido por la riqueza ictiológica de esos mares u océanos. Los litorales uruguayos sobre el Río de la Plata y el Atlántico son ínfimos comparados con los de muchos grandes países con miles de kilómetros de costas.

Las áreas que están más allá de las 200 millas que constituyen la zona económica exclusiva de los países costeros, prácticamente no tienen restricciones a su acceso, por lo que hablar de “reservas mundiales” de un país tampoco tiene sentido. Según FAO (2002) Argentina, Canadá, Chile, China, Corea, Dinamarca, EEUU, Filipinas, Islandia India, Indonesia, Japón, Malasia, México, Marruecos, Myanmar (ex Birmania), Noruega, Perú, Rusia, Tailandia, Taiwan y Vietnam representan más del 80% de la pesca marítima. ¿Alguno de ellos será el que ocupe el “segundo lugar” mundial de reservas? No señor, Uruguay.

Los datos de la realidad no son atractivos para el pensamiento mágico, y por consiguiente los cambia por uno que le guste: Uruguay es la envidia del mundo por sus recursos pesqueros. En cuanto a la pesca ilegal, Uruguay ha sido noticia en el mundo recientemente, como depredador y no como depredado, pero nuevamente, preferimos creer que de tan buenos siempre somos víctimas. Y esto no quiere decir que no vengan a pescar otros ilegalmente a nuestras aguas, lo que por supuesto ocurre, así como lo hacen barcos con nuestra bandera en aguas ajenas y en detrimento de especies protegidas.

En cuanto a la producción en astilleros de la UTU, de los barcos pesqueros para explotar eficientemente este recurso… bueno, por respeto a la Universidad del Trabajo del Uruguay preferimos no hacer comentarios. Pero la idea es la misma: no importa que hayan decenas de países que producen barcos mejores, más baratos y en menos tiempo que nosotros, la magia radica en que un iluminado descubra que lo mejor que nos puede pasar es apostar, ya entrado el siglo XXI y con el tamaño de nuestro mercado interno, a ser autosuficientes.

Con relación al segundo punto, el tratamiento de maderas para mejorar su calidad no es nada nuevo, dicho esto con el mayor respeto por la Facultad de Ciencias que quizá haya hecho aportes al respecto, cosa que desconozco. Se trata de procesos conocidos, creados en los países desarrollados, que requieren costosos equipamientos y escalas importantes de utilización para su justificación económica.

¿Si fuera tan fácil pasar del eucaliptus al roble, ya no se le habría ocurrido por ejemplo a Brasil, que nos exporta todos los muebles que importamos porque los produce a mitad de precio que nosotros, porque tiene mucho más madera y mucha más industria y experiencia en el tema? ¿O a los canadienses o a los escandinavos o a los chilenos por nombrar solo algunos? No señor, a los uruguayos, que entre otras cosas hace 15 años que discutimos y no hemos logrado ponernos de acuerdo en si fue bueno o malo plantar los eucaliptus, y que no estamos demasiado convencidos de si hay que impulsar, o al menos permitir que los españoles o los finlandeses realicen otras iniciativas para el procesamiento de la madera.

Respecto al famoso Acuífero Guaraní, segunda reserva mundial de agua dulce (tenemos vocación por ser vice campeones del mundo) he visto y oído opinar sobre el mismo a cocineros, dramaturgos, psicólogos y periodistas de variada laya, pero a ningún geólogo. Contamos en Uruguay, por ejemplo, con el profesor Jorge Bossi, autoridad mundial (no se si segundo en algo) en Geología, pero nadie le hace una entrevista sobre el tema.

Quizá sea cierto lo de la segunda reserva o quizá no, pero hay otras cosas que no hay duda que lo son. La primera es que ese acuífero nos pertenece solo en una pequeña proporción, más del 90% es de nuestros socios del Mercosur, con los cuales deberíamos estar de acuerdo en las medidas para su preservación y mejor uso. Pero claro, los 4 países son víctimas de los mismos oscuros designios que impiden ese buen uso. Quizá si la Reforma del Agua es aprobada y logramos convencer a nuestros socios para que también la adopten, esa mejora entonces se logre.

Y lo segundo y más importante, el tema del agua dulce es principalmente un tema de flujos, no solo de stocks. Todos los días se producen en el planeta muchos millones de metros cúbicos de agua dulce por evaporación en los mares y océanos, que vuelven a la tierra principalmente en forma de lluvia, y simultáneamente se desarrollan muchos millones de actividades agrícolas, industriales y domésticas, que usan el agua y determinan el volumen y la calidad de esos flujos. Debemos educar generaciones que mejoren esas actividades con un enfoque ecológico de forma de conservar la disponibilidad de agua para la creciente población mundial, sin dejar de satisfacer, simultáneamente esas mismas necesidades.

El bolazo catastrofista asusta con un futuro en que nos despedazaremos peleando por el último vaso de agua del planeta, pero no educa –más bien deseduca- que es la única forma de que el vaso de agua no le falte a nadie, ahora y en el futuro. Ocurre que asustar es mucho más fácil que educar. “El mundo que le dejemos a nuestros hijos depende de los hijos que le dejemos a nuestro mundo” dice el eslogan de la Fundación Logros, y es un buen resumen de lo anterior.

Estos comentarios no van en contra de Mauricio Rosencof, a quien considero una persona íntegra, cuyas novelas y poesías he disfrutado. Van si en contra de la proverbial y muy uruguaya tendencia a opinar de temas que desconocemos, acudiendo al pensamiento mágico para buscar soluciones a problemas cuya complejidad ni imaginamos. Ítalo Calvino escribió en alguno de sus cuentos que en temas que no son de nuestra especialidad, somos tremendamente ingenuos. Quizá se trate de eso.

Pero también y sobretodo, estos comentarios van en contra de la impunidad. Rosencof, que tanto ha militado contra algunas de sus formas, estará de acuerdo en que hay que combatirlas a todas. Y la impunidad que implica el silencio ante los dislates que se dicen a través de la prensa –en este caso la radial- le hace mucho mal al país, porque permite que se creen falsas expectativas, que frustran muchas ilusiones y nos alejan de la verdadera solución de los problemas.

La visión idílica (muy de los años sesenta) de nuestra autosuficiencia pesquera, maderera, hídrica o del tipo que se nos ocurra,[1] que está al alcance de la mano para colmar todas nuestras necesidades con el sencillo mecanismo de proponernos hacerlo, para lo cual solo se necesita cambiar el Gobierno, es de una ingenuidad extrema.

Intentar esa cada vez más utópica autosuficiencia solo nos retrotraería a estadios muchos más primitivos en nuestro nivel de desarrollo -quizá llegáramos a vice campeones mundiales del Neolítico- cuando los bolazos eran de piedra y no de palabra. Y como bien dijo un Senador correligionario de Rosencoff cuando le preguntaron si había que romper con el FMI, “no veo a nadie con ganas de volver a vivir del capincho y la tararira”

[1] Rosencoff tiene antecedentes en el tema. Ya ha propuesto anteriormente que Uruguay sea autosuficiente en yerba, a partir de la existencia de plantas de esta especie subtropical en algunas zonas de Treinta y Tres, y denunciado el extraordinario enriquecimiento de los alemanes a costillas de los yacimientos de ágatas y amatistas de la zona del Catalán en Artigas, dado que estas piedras semipreciosas eran procesadas en aquel país.

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