La faena de vacas preñadas

El País Agropecuario
Setiembre del 2004

Casi todos los años, por estas fechas, se hacen algunas menciones al hecho de que, dentro del total de vacas faenadas en frigorífico, un porcentaje importante de las mismas están preñadas. Es decir que a un vientre fértil, en plena actividad reproductiva, se lo destina a faena, en una ganadería que tiene en sus bajos coeficientes reproductivos una de sus principales restricciones al crecimiento. Por supuesto que los comentarios no son gratuitos, se los hace en tono de denuncia, como muestra de un manejo irracional, a tono con una ganadería arcaica, de carácter más extractivo que productivo, la que, a través de este tipo de prácticas no hace más que consolidar su extensividad y estancamiento. Me voy a permitir discrepar con esta interpretación, por los motivos que paso a exponer.

A los efectos de simplificar el análisis, supongamos un establecimiento de ciclo completo –como por otra parte es el país-  es decir que cría e inverna hasta enviar a faena sus propios vacunos, sin comprar ni vender animales de reposición. Con algunos ajustes el análisis se puede aplicar por igual a establecimientos criadores o invernadores “puros”.

Suponiendo una tasa de reposición de vacas del 20% en promedio, es decir que cada vaca se entora durante 5 años y luego se engorda para vender, un procreo del 40% -20 machos y 20 hembras destetadas por cada 100 vacas entoradas- sería el mínimo para mantener el stock en equilibrio. Lo que dejaría para la venta, además de los machos, solo a las vacas viejas, de refugo, pero ninguna vaquillona ni vaca de mediana edad. [1] La gráfica adjunta muestra que, a medida que aumenta el porcentaje de procreos, mayor es la proporción de hembras jóvenes en el total de las ventas, y en la medida que la reposición está cubierta, se pueden faenar hembras más jóvenes, disminuyendo la edad promedio de las mismas.

2004-9 Gráfica

 

Si asociamos el razonamiento anterior con el hecho de que un aumento del procreo es un indicador de mejora tecnológica, se concluye que a mayor nivel tecnológico, menor será la edad promedio de las hembras vendidas. De los machos también, pero eso no es tema de este análisis.

Hasta ahora hemos hablado de venta de hembras, pero no de su estado, de preñez o vacía. ¿Por qué muchas de ellas se venden preñadas? Las causas pueden resumirse en tres. La primera es por error o “accidente”. Un lote de vacas que se tienen o compran como falladas, se engordan y en la faena alguna aparece preñada. Esto implica que no se hizo tacto o ecografía para detectarla y retenerla, o simplemente no interesaba retenerla porque no interesa la cría o se dispone de reposición abundante, como puede haber ocurrido en estos últimos años de grandes pariciones. También entrarían en este grupo vacas compradas en feria por frigoríficos, que estuvieran preñadas.

 

La segunda causa es la más penosa, y es la necesidad, que como sabemos, tiene cara de hereje. Una vaca que se entora para obtener de ella un ternero, a los pocos meses hay necesidad de venderla, y como las preñadas son las que aparecen en mejor estado, se vende a un frigorífico.

Estas dos primeras causas se pueden asociar, haciendo algunas relativizaciones provenientes de la economía, a un manejo del rodeo no demasiado feliz. En el primer caso en que no se detectan las preñadas, si se debe a un intento de ahorro del costo del tacto o la ecografía, sin duda que es un cálculo erróneo. Si se envían a feria o faena sabiendo que están preñadas, es un subóptimo desde la perspectiva de la invernada, pero si la reposición no es limitante, se puede justificar económicamente. En el segundo caso, cuando se faenan vacas de cría, aunque a un agrónomo o veterinario le parezca un horror, puede ser una acción a la que el grado de necesidad económica justifique.

Finalmente el tercer caso, que es el que origina este artículo. Muchas de las vacas que se faenan preñadas, lo están por una decisión expresa en ese sentido por parte del productor, y es una decisión justificada tanto por razones biológicas como económicas, y que en nada menoscaba el manejo que el mismo hace de su rodeo.

Las vacas de cría que se refugan para invernada, están por lo general en edad reproductiva (pueden haber “fallado” el año anterior), y más lo están cuanto más elevada sea la tasa de procreos, como se mencionó anteriormente. O, si se quiere, cuanto más elevado sea el nivel tecnológico del establecimiento. Si están en edad reproductiva, cuando alcanzan un buen estado corporal, entran en celo, lo que “aliviana” la vaca, la hace perder quilos, retrasando el proceso de invernada. Por el contrario, si en ese momento la vaca es servida y queda preñada, la ganancia de peso se acelera.

Basándose en lo anterior, muchos productores (imposible cuantificarlo sin una encuesta específica con ese fin) entoran sus vacas de invernada 2 o 3 meses antes de terminar el período de engorde, basados en el cálculo de que los quilos que le restarán en frigorífico debido a la preñez en el momento de la faena [2] serán menos que el “plus” de carne que la vaca obtuvo por empezar a gestar. Y si esto es así, dado que esa preñez temprana en nada menoscaba la calidad de la carne, la práctica está plenamente justificada. Por lo menos hasta que no la castiguen comercialmente con argumentos de corte ecológico o de bienestar animal, cosa que por el momento no se menciona.

La información disponible respecto a la incidencia de preñez es escasa y fragmentaria. En la tabla adjunta se resume lo recabado en frigoríficos y lo informado por la Auditoría 2002 del convenio INIA/INAC/U. de Colorado. La información de frigoríficos no está ponderada por cantidades mensuales, pero da una idea de la magnitud y de su distribución estacional, mayor en meses de invierno, intermedia en otoño y primavera y menor en el verano, pero en general muestra valores de entre 10 y 15% del total faena que presenta preñez. La información de Auditoría es estadísticamente más confiable, pero solo registra 2 meses –marzo y noviembre- y para un solo año, el 2002. No se informa sobre el invierno que es donde se espera mayor porcentaje de preñez. En cuanto a la etapa de la preñez, el 50% es menor a 3 meses y el 50% mayor, en ambos meses.

2004-9 La faena de vacas preñadas

Las preñeces menores a 3 meses podrían, como hipótesis, asociarse a la tercera causa de preñez –la que se promueve como forma de terminar mejor la invernada- mientras que las preñeces más avanzadas se podrían asociar principalmente a las dos primeras causas: error o necesidad. La magnitud de las preñeces tempranas y avanzadas serían similares. En síntesis, se puede hablar de niveles de preñez del orden de 10 a 15% del total de vacas faenadas, la mitad de las cuales serían preñeces “normales”, que derivan de un manejo racional del rodeo, mientras que la otra mitad implicaría errores de manejo o causas de fuerza mayor.

A nuestro juicio, las críticas que se hacen al hecho de que aparezcan vacas preñadas en la faena, se origina en un error recurrente: el de aplicar a nivel micro económico –el establecimiento- conclusiones a las que se llega a nivel macro económico, como es el país. Dejemos de lado el tema de si el país necesita o no que nazcan más terneros todos los años. Aunque los necesitara, no se le puede exigir al productor individual que adopte decisiones que van objetivamente contra sus intereses, en aras del interés nacional. Esos voluntarismos llevan a que el productor se funda, y a que el país no cambie.

Lo que más sorprende cuando se escuchan críticas como las mencionadas –lo que más preocupa- es que muchas veces no provienen tanto de sectores urbanos u organizaciones con fines loables pero que desconocen los procesos productivos y opinan en forma puramente emocional, sino que dichas opiniones provienen de operadores, incluso técnicos vinculados al hacer agropecuario, que con estas críticas no hacen más que dejar en evidencia sus dificultades para integrar los aspectos biológicos y económicos que todo negocio agropecuario necesariamente involucra.

 

 

[1] Para no complicar el análisis, no se considera la mortandad, asumiendo que la misma es mayor en vacas que en novillos, por efecto de las funciones reproductivas.

[2] La venta del nonato o “bacaray” está prohibida, a pesar de lo que ocasionalmente aparece ofertado en carnicerías.

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