Una falsa oposición

El País Agropecuario
Diciembre del 2003

 Cada vez son más frecuentes en algunos medios de difusión o en ambientes de cierto nivel intelectual, los planteos en el sentido que Uruguay, como país, debe definir una línea de desarrollo, presentándose a continuación dos opciones que se dan como mutuamente excluyentes: la de país agropecuario y agroindustrial –que también se denomina “natural”- o la de país “tecnológico” entendiendo por tal el que apuesta a las industrias del conocimiento, centrándose en la producción de software nacional. Como corolario casi obligado, se define el camino del desarrollo de la producción primaria y su inmediata industria de transformación como una vía muerta, resabios de una visión arcaica de la sociedad, y a la opción tecnológica como la única apuesta moderna e inteligente que el país puede –y debe- transitar.

Como lo expresa el título de esta nota, creemos que esa contraposición es falsa, porque ambos caminos son válidos, y no hay ninguna razón que impida que los mismos se transiten en forma simultánea. Es más, creemos que la única opción real de desarrollo sustentable para nuestro país es que esos caminos se transiten en forma simultánea. Y más aún, creemos que cada vez más la complementariedad entre ambos es el requisito esencial para el desarrollo conjunto, que para cada “modelo”, el desarrollo del otro es muy importante.

Si esto último fuera cierto ¿por qué entonces en ambientes cultos y progresistas se acepta como válida la oposición anterior? Ítalo Calvino decía en alguna parte que, en temas que no son de nuestra especialidad, somos tremendamente ingenuos. Cuando no sabemos de algo nos guiamos en el mejor de los casos por el sentido común, aplicado sobre los prejuicios y preconceptos que forman parte de nuestra percepción de la esa realidad. Y la percepción que en los medios antes citados existe sobre la realidad del sector agropecuario, es la de un sector atrasado, reactivo al cambio, atado a unas ventajas comparativas que le dieron cierto desarrollo en el pasado, pero que hoy, en el mundo del conocimiento, dejaron de ser tales. En lo que sigue, trataremos de fundamentar la afirmación anterior respecto a la complementariedad de los dos caminos de desarrollo antes mencionados.

En primer lugar, porque aún en la opción tecnológica más optimista, es impensable que la industria del software pueda ser la base del desarrollo del país, al menos por un par de décadas. Se cita reiteradamente la cifra de 80 millones de dólares exportados anualmente de software. En un país que necesita con urgencia superar largamente  los 2000 millones que actualmente exporta, donde tres cuartas partes de estas exportaciones son de origen agropecuario, plantear la sustitución del agro por el software, solo es pensable en términos  de generaciones, no a corto o mediano plazo. Porque estamos comparando cifras de dos dígitos, contra cifras de cuatro. Y esto solo a nivel de exportaciones, sin considerar el sinfín de efectos colaterales dinamizadores en servicios de pre y post producción, que generan las cadenas agroindustriales.

En segundo término, porque no existe ninguna competencia por factores productivos o cualquier otro tipo de recursos que obligue a optar por una de las dos opciones. En este sentido lo único que debe preocupar es la acción del Estado, y su inveterada costumbre de asignar los recursos por criterios reñidos con el interés del conjunto de la sociedad.

Ninguno de estos sectores, que son competitivos, requiere de prebendas del Estado. Solo necesitan que, en aras de ayudar a uno, no se le quite al otro, que no se los discrimine  en llamados a licitaciones u otro tipo de compras oficiales, que no se le recorten sus legítimos ingresos vía atraso cambiario, y cosas por el estilo. El Estado lo ha hecho, y lo puede volver a hacer. Lo que ambos sectores necesitan, es que no se creen interferencias discriminatorias contra los mismos, más allá de la lógica contribución que por vía impositiva ambos tengan que hacer al conjunto de la sociedad. Si esto se respeta, ambos aportarán crecientemente, en forma de más trabajo y más exportaciones.

En último término –pero no por ser lo menos importante- porque ambos sectores se necesitan mutuamente. Aunque algunos defensores del “modelo tecnológico” no lo sepan, el sector agropecuario y agroindustrial es un creciente demandante de servicios de informática. Y es bien sabido que a toda industria de exportación, como es la del software, le viene muy bien contar con el “colchón” que significa la demanda interna, como forma de disminuir riesgos y desarrollar sus ventajas competitivas. Un demandante, dicho sea de paso, que ha demostrado ser bastante mas sustentable que algunos servicios, como los financieros, que fueron grandes demandantes de apoyo informático en los últimos años.

Y el apoyo de la industria del conocimiento es clave para que el sector agropecuario y agroindustrial continúe con el proceso de adopción tecnológica esencial para su desarrollo, proceso que, con altibajos, con algunos rubros que caen y otros que se levantan al influjo de precios externos y políticas internas, viene transitando desde hace por lo menos un par de décadas.

Son muchos los ejemplos de lo anterior que gente con la formación adecuada podría desarrollar. Pero a cuenta de mayor cantidad y calidad, se mencionan a continuación algunos:

En primer lugar, hay que diferenciar las tecnologías de gestión, de aquellas directamente vinculadas a los procesos de producción y los productos finales. Las primeras deberán ser adoptadas a corto y mediano plazo por la mayoría de las empresas del sector primario –hoy solo lo hacen grupos reducidos de productores- lo que equivale a hablar de unos cuantos miles de empresas. La globalización y la creciente competencia harán que esto sea cada vez más un asunto de sobrevivencia para las empresas. Los predios más chicos o de economía familiar probablemente no lleguen nunca a adoptar estas tecnologías.

En las cadenas agroindustriales, las tecnologías de gestión para la logística de los suministros y las entregas, están en pleno proceso de adopción. El “justo a tiempo” y la minimización de inventarios son cada día más imprescindibles. Conaprole ya tiene en funciones desde hace 1 año un servicio de imagen satelital on line para el control de los envíos de leche. Algunos frigoríficos lo están estudiando para mejorar toda la logística de los embarques para faena. A mayor perecibilidad del producto, mayor necesidad de hacer más eficiente todo el proceso, y esto se constata también en los cítricos y en la horticultura de ambiente controlado.

En la industria cárnica ya se adjudicó la licitación para la instalación de las “cajas negras” en todos los frigoríficos. Este sistema aumenta los procesos de control llevando de 2 a 7 las pesadas de los animales a lo largo del proceso de faena, mejorando simultáneamente el control interno de las propias plantas, en lo referido a manejo de stocks etcétera. También apunta a mejorar el control de INAC y la DGI sobre la industria y los procesos asociados a la misma, hacia delante y hacia atrás en la cadena. Por ejemplo, se está instrumentando el sistema de guías electrónicas para Montevideo y la Costa de Oro, lo que agilizará todo el proceso de control de la distribución de la carne.

También está en proceso de instrumentación el sistema de trazabilidad para el ganado vacuno, mediante caravanas con un chip electrónico. Se podrán controlar los atributos del producto cárnico, se podrá ir hacia atrás en las etapas del proceso de producción y se generará información de las características de los procesos y de los responsables de los mismos. Aspectos fundamentales para posicionarnos en forma privilegiada ante los consumidores de los mercados más exigentes y de mejores precios. En el 2004 se planea iniciar una primera experiencia con 1 millón de vacunos nacidos este año.

En los procesos de producción agroindustrial, los componentes informáticos son esenciales. Tanto para el procesamiento de lana como en la industria del papel, se han desarrollado sistemas de monitoreo y control de procesos por parte de empresas uruguayas, que posteriormente se han exportado a China y Estados Unidos en el primer caso y a España y Brasil en el segundo, pero existen muchos otros ejemplos, como el de la nueva industria vitivinícola. El desarrollo original en la agroindustria uruguaya constituyó la base de lanzamiento para que la empresa de software se proyectara internacionalmente.

A nivel de la producción primaria, los mayores posibilidades de desarrollo se dan en el campo de la Agricultura de Precisión (AP) dentro de la que se destacan los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS) y los Sistemas de Información Geográfica (SIG). La AP, sintéticamente, permite manejar los insumos productivos (semillas, fertilizantes, riego, herbicidas, fungicidas etcétera) de acuerdo no al promedio de los requerimientos de la chacra, sino en las cantidades específicas de cada zona de la chacra. La mayor eficiencia derivada de este manejo permite incrementar los rendimientos pero disminuyendo simultáneamente los costos y el impacto ambiental.

Si bien la AP en nuestro país se encuentra en etapas experimentales, básicamente en el cultivo de arroz y en algunos hortícolas, son enormes las posibilidades que a futuro se abren en relación a la aplicación y desarrollo de estas nuevas tecnologías. Al respecto se puede consultar el informe del INIA sobre estos temas en el número anterior de esta revista.

Se argumenta, con razón, que muchas  de estas tecnologías ya vienen incorporadas en los equipos importados, que no se desarrollan acá. Pero también es cierto que a partir de la incorporación que hace la fase agroindustrial, posteriormente se realizan localmente, sobre la base informática estándar, modificaciones y ampliaciones de acuerdo a las necesidades de cada empresa en particular. Ese aprendizaje es la base a partir de la cual en muchos casos se puede iniciar una experirencia exportadora. Si no estuviera el software importado por la empresa agroindustrial, ese desarrollo local sería mucho menos factible. Y lo mismo puede decirse de los desarrollos tecnológicos de base satelital. Dependemos del satélite, pero aprendemos manejando la información que nos envía.

Un último ejemplo, que debe enorgullecernos. Uruguay es uno de los pocos países del mundo que tiene el mapeo de todos sus suelos incluyendo la productividad de los mismos. Y toda esta información está en Internet, pudiéndose consultar para cada padrón el croquis, sus suelos y productividades.

Para finalizar, una reiteración del mensaje inicial. “País agropecuario”, con su variante “natural” o sin ella, no es sinónimo de atraso, de retroceso a la naturaleza en estado puro. Es una definición que propone hacer cada vez mejor, lo que mejor sabemos hacer. Y la informática es cada vez más imprescindible para hacerlo más eficientemente, y ese apoyo a las actividades productivas agropecuarias es el campo de prueba más real y sustentable para que nuestra industria del software se desarrolle. Como el tan citado ejemplo de Irlanda, que desarrolló en forma extraordinaria las industrias del conocimiento no perdiendo, por el contrario, consolidando su perfil de país agropecuario. Como en tantas falsas oposiciones, acá no se trata de optar, sino de sumar.

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