De carne somos¹

El País Agropecuario
Diciembre del 2006

 Días atrás, en un programa radial donde se hablaba sobre la importancia del sector agropecuario en la economía y en particular del subsector cárnico, que ha quintuplicado el  valor de sus exportaciones en los últimos 5 años, se recibió un correo electrónico de un oyente, más o menos de este tenor: “todo muy bien lo que ustedes dicen, pero yo cada vez que compro carne la tengo que pagar más cara. Luis de la Unión”. Sin duda el oyente interpretaba el sentir de una proporción no menor de la audiencia del programa, de extracción predominantemente urbana.

Es que es una vieja dificultad, esta de hacer comprender, a los Luises de la Unión, a las Josefinas del Buceo o a los Ricardos del Centro, es decir a los ciudadanos que viven en la ciudad y cuyo único vínculo explícito con la carne es el del consumidor, la importancia que tiene la producción agropecuaria. No ya para el país, cosa que en abstracto pueden entender, sino para ellos en particular, y en forma concreta y tangible.

La participación del sector primario en el Producto –en torno al 10%- o del agronegocio en su conjunto –en torno al 30%- no le dice mucho a quien no tiene cierta formación económica, porque el Producto Bruto mide el valor de la producción de bienes y servicios de consumo final, y el agro e incluso su industria de primera transformación son en gran medida productores de bienes intermedios. Además eso del “Producto Bruto” o de las “exportaciones” suena más a negocio de unos pocos o a la jerga de los economistas, que a cuestiones vinculadas con el diario vivir.

Otro tanto ocurre con el empleo. El agro y su industria directamente vinculada explican actualmente en el entorno del 30% del empleo. El de servicios es el sector empleador por excelencia, más del 50% del total le corresponde. Pero cuando el agro está en auge es cuando los servicios se multiplican, cuando el agro retrocede los servicios en gran medida desaparecen. Recordemos sino el 2001 después del brote de aftosa, cuando el conjunto del país “estaba muerto” (para sorpresa del Ministro de Economía de la época).

Trataremos pues de plantear las cosas con otra perspectiva a ver si aclaramos algo. Por ser el caso más destacado, y por simplicidad, solo haremos referencia a la carne vacuna, pero lo mismo vale para los demás rubros agropecuarios, tanto en su fracción exportada, que genera divisas, como en la destinada al mercado interno, que las ahorra al evitar la importación de esos productos para satisfacer nuestro consumo.

En un promedio de largo plazo, el valor de las exportaciones (las ventas al exterior) y de las importaciones (las compras al exterior) que realiza el país, tienden a igualarse, porque ni los déficits ni los superávits pueden acumularse indefinidamente. Simplificando, se puede afirmar que a largo plazo (varios años) el balance comercial da en promedio cero, es decir que podemos importar tanto como nuestras exportaciones lo permitan.

Haremos referencia solo a las exportaciones, aunque todos los rubros agropecuarios producidos en el país primero satisfacen la demanda interna, con diferentes proporciones del total producido, exportándose el saldo restante.

En el cuadro siguiente, se presenta el valor de las exportaciones en el 2005 por principales grupos de productos, en millones de dólares y porcentajes, y la evolución de estos datos en los primeros 9 meses de este año, última información que brinda la página web del Banco Central del Uruguay.

2006-12 De carne somos
En la parte B del cuadro se observa la evolución en los primeros 9 meses de este año. Respecto al mismo período del año anterior, el valor de las exportaciones totales creció un 17,5%, mientras que el valor de las de carne vacuna creció un 37,7%, pasando a representar, del 21,2% del total en el 2005, al 24,8% del total en lo que va del 2006.Una primera clasificación agrupa los productos exportados en “básicos” e “industriales” y al interior de cada grupo en “agropecuarios” y “sin origen agropecuario”[2]. Si reagrupamos lo directa o indirectamente de origen agropecuario [3], surge que, en el 2005 el 73% de las exportaciones fueron de origen agropecuario y el 27% de otro origen.

Hasta acá solo mostramos las exportaciones de bienes, corresponde tener en cuenta también las exportaciones de servicios, básicamente el turismo, que aporta divisas por un monto de unos 500 millones de dólares anuales [4].

Con estos datos, podemos estimar, y redondeando, que para el cierre del 2006 las exportaciones de bienes superarán los 4.000 millones, más 500 de turismo (piqueteros mediante) podremos llegar a redondear 4.500 millones. Manteniendo la proporción anterior, algo más de 3.000 serían de origen agropecuario, y dentro de ellos, la carne vacuna puede superar los 1.000 millones.

Entonces, si lo que se importa depende en valor de lo que se exporta, y si de lo que se exporta tres cuartas partes dependen del sector agropecuario, y de estas, una cuarta parte depende de la carne, podemos hacernos una representación simplificada de los vínculos –reales pero por lo general no visibles- del ciudadano común con lo agropecuario en general y con la carne en particular, a través de los bienes importados a los que dichos ciudadanos tienen acceso.

Tres de cada cuatro de los que llamaron o escribieron al programa diciendo que no tienen nada que ver con el agro o la carne, llamaron o escribieron desde un celular o una computadora que se importó gracias al agro, y una de esas tres, gracias a la carne. Quizá justo desde la que escribió Luis desde la Unión.

De esos ciudadanos 100% urbanos, que tienen auto, 3 de cada 4 pudieron tener acceso al mismo porque tenemos al agro, y uno de esos 3, porque tenemos la carne. Claro que nadie se los regaló, lo mismo que las computadoras o los celulares, lo compraron con su trabajo, pero tuvieron la posibilidad de hacerlo, el auto y los demás artículos estaban disponibles, porque el agro generó las divisas para poder importarlos.

Y lo mismo para los que no tienen auto y se trasladan en ómnibus, porque esto no es cuestión de ricos y pobres. Tres de cada 4 ómnibus pasan y paran para que el ciudadano urbano ascienda y viaje, porque tenemos el agro, y uno de esos 3, porque tenemos la carne.

Y los muchachos que no tienen auto ni moto y andan 15 días a pié ahorrando el boleto para ir al recital de la banda preferida que viene a Montevideo, piensen, mientras caminan, que de cada 4 bandas que vienen, 3 lo hacen por culpa del agro, y una de esas 3, por culpa de la carne.

Y si no les da para ir al “concierto” pero compran o piratean el disco, lo mismo, 3 de cada 4 discos llegan desde China al Uruguay gracias al agro y uno de ellos gracias a la carne, seguro que ese en el que copiaste el último CD de “Hereford”

Si usted mientras nos honra con su lectura está amargueando, recuerde que cada 4 mates que toma, 3 son posibles por el agro, y uno, quizá el primero, el más espumoso, por la carne, porque esas producciones nos permiten importar la yerba. Y lo mismo para la papilla de banana que su señora (o señor) le prepara a su hijito, o su hija a su nieto. O con el pañal importado que evita los molestos lavados de otrora, que en invierno había que secar frente a la estufa.

Tres de cada 4 días a usted no se le llena el apartamento de vapor en julio o agosto gracias a la producción agropecuaria. Y los acondicionadores de aire que ahora le secan o le humedecen el ambiente, además de calentarlo o enfriarlo, también, 3 de cada 4 son posibles en el país por el agro. En él, la gente en general trabaja donde el ambiente es como es, frío o caliente, a veces con sequías y otras con inundaciones, y donde no hay aparato que lo corrija ni predictor que lo prevea.

Y usted señora o señor que no se entera de nada de esto porque se toma un avión y se va a ampliar su cultura en Europa o a cultivar su espíritu en la India, también tuvo el avión disponible en 3 de cada 4 de sus viajes, porque allá abajo, en el campo y en la ruta, en el frigorífico y en el tambo, a caballo o en tractor, en el molino de trigo o la peinaduría de lana, hay gente trabajando en la producción agroindustrial. Porque el mismo argumento que se aplica a los bienes, se aplica a los servicios importados, como el de las líneas aéreas.

Y no olvidemos la salud, donde casi todo el instrumental médico, y gran parte de los medicamentos son importados. Gracias a ellos nuestros médicos, enfermeras, instrumentistas y demás personal de apoyo, pueden salvar muchas vidas y curar muchos enfermos, porque tenemos un agro y una agroindustria pujantes que generan las divisas con que importamos la gran mayoría de todos esos bienes esenciales.

Tampoco olvidemos la educación, donde radica el futuro de nuestros hijos y nietos y por consiguiente nuestro futuro como país. Las ya mencionadas computadoras, el acceso a Internet, y otros bienes y servicios tan esenciales como el esfuerzo de maestros y profesores para una formación moderna, que nos permita insertarnos competitivamente en el actual mundo globalizado, es posible porque nuestro agro genera las divisas que nos permiten acceder a esos bienes y servicios.

¿Y por qué dejar de lado nuestro ocio, tan cultivado por algunos afortunados? Se utiliza de muy diversas maneras, muchos viendo televisión u oyendo la radio y otros aparatos de nombres extraños. Otros, bastantes menos, leyendo libros o revistas, muchos de estos, como todos los aparatos, importados.

Y toda la inacabable lista de electrodomésticos que tanto hacen por el ocio del ama de casa o de la empleada, son casi todos importados. No nos debemos cansar de repetirlo, para que lo internalicemos y actuemos en consecuencia: las tres cuartas partes de todo lo que importamos para ocupar nuestro ocio, lo mismo que para cualquier otro fin, se puede importar gracias a lo que el sector agropecuario exporta.

Y la lista se podría ampliar indefinidamente. Las fábricas y edificios que están en pie  lo están porque el hierro de vigas y cimientos los fijan al suelo, y ese hierro, lo mismo que otros minerales, es importado. Los vehículos que se mueven y trasladan mercancías, animales y gente, y las máquinas que trabajan en la producción de infinidad de cosas, en gran medida dependen de combustibles derivados del petróleo, que importamos en su totalidad. Lo mismo que el gas con que cocinamos.

Y esos vehículos y esas máquinas son operados por personas, 3 de cada 10 empleadas en el agro y la agroindustria, pero los otros 7 dependiendo, para conservar su empleo, en mayor o menor medida de que el agro funcione.

Que no se entienda esto como un alegato a favor del campo y en contra del resto del país. La importancia de cada uruguayo depende de su talento y de su esfuerzo en la mejora de nuestra sociedad, desde donde se encuentre, y no deriva de su lugar de nacimiento, de residencia, o de inserción laboral. Es sí un alegato a favor de la toma de conciencia, para el conjunto de los ciudadanos, de que somos un país agropecuario –incluyendo su industria de transformación- y por consiguiente a todos nos debe importar la agropecuaria y su suerte.

Si además nos consolidamos como país turístico, mejor. Y si además nos transformamos en un foco de desarrollo tecnológico, regional o mundial, muchísimo mejor. Ninguna de estas opciones son contrapuestas, más bien son complementarias. Lo contrapuesto para el desarrollo genuino de nuestra sociedad, es la cultura de la confrontación permanente, el eterno maniqueísmo  de que la culpa la tiene el otro.

 

[1] Publicado con el título preliminar de “La carne y todos nosotros”

[2] El 1.1. incluye alimentos (carnes, lácteos, cítricos, arroz, cebada, oleaginosos y otros) y materias primas (lanas sucias, lavadas y peinadas, cueros, maderas, animales vivos y otros). El 1.2. incluye energía eléctrica, pescados y otros. El 2.1. incluye alimentos, bebidas, tabaco, textiles y vestimenta de lana, manufacturas de cueros, calzado y papel. El 2.2. incluye vidrio y cerámicas, químicos, plásticos, textil y vestimenta sintética, metal-mecánica y otros.

[3] Si bien hay un componente industrial en el agrupamiento 2.1, en general se acepta que la existencia de materia prima nacional es una precondición para el desarrollo de esa industria

[4] Se consideran solo las exportaciones de bienes y servicios, a los efectos de dimensionar la capacidad importadora del país, no los saldos de la cuenta comercial ni de cuenta corriente.

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