El rodeo de Don Jaime

El País Agropecuario
Agosto del 2006

El Ing. Agr. Jaime Rovira fue el recordado profesor de Zootecnia y Bovinos de Carne para unas cuantas generaciones de agrónomos. Pero más que eso, Don Jaime fue siempre la referencia ineludible cuando de la eficiencia del rodeo vacuno se hablaba. Su texto sobre la cría vacuna1 es libro de consulta obligada en Uruguay y la región.

Entre sus muchas enseñanzas, los que fuimos sus alumnos nunca olvidaremos la claridad con que demostraba la enorme pérdida que significaba para el país el tener una estructura del rodeo de cría muy alejada de la que optimizaría la eficiencia biológica de los vacunos de carne: baja proporción de vacas de cría, alta proporción de novillos debido a la elevada edad de faena de éstos y, acorde con los dos elementos anteriores, bajos coeficientes reproductivos 2.

Todo ello derivado, esencialmente, de los bajos niveles nutricionales que recibía el ganado, consecuencia a su vez del bajo nivel de inversión en mejoramientos forrajeros.

Aunque parte de la culpa la tuvieran los empresarios ganaderos que no ajustaban correctamente sus prácticas productivas, quien no se apiadaba de las enseñanzas de Don Jaime era, fundamentalmente, la economía uruguaya.

Los seculares desestímulos a la inversión en tecnología 3 promovían la definición de una función de producción en la que se usaba mucha tierra y poco capital por unidad de producto, lo que determinaba la extensividad tradicional de nuestra ganadería.

La estructura del stock biológicamente deseable, la más eficiente para producir carne en cantidad y calidad, “la de Don Jaime”, no era económicamente viable para la gran mayoría de los productores en aquellas condiciones macroeconómicas, con las consabidas excepciones que toda generalidad conlleva 4.

Y, en consecuencia, la producción de carne aumentaba o disminuía, acompasándose con los ciclos económicos de la ganadería 5, pero era constante en el largo plazo, generándose el “estancamiento” que durante décadas caracterizó al sector.

El fin del estancamiento

 Al inicio de la década del 90 una serie de factores se concatenaron para impulsar un inédito crecimiento de la producción de carne vacuna. En primer lugar, la terrible sequía de 1988-89 había disminuido en 20% el stock, generándose “espacio” para un crecimiento compensatorio, que implicó una disminución de su edad promedio. Aunado a ello, en 1990 se derrumbó la Corporación Lanera Australiana, iniciándose una tendencia decreciente -también inédita- del precio internacional de la lana, lo que desató un proceso de liquidación del stock ovino nacional, que duplicó el “espacio” antes mencionado 6.

En segundo término, el gobierno instalado en 1990 inició un proceso de liberalización económica, principalmente en relación a la economía ganadera, lo que estimuló la inversión productiva en un sector cuya competitividad pudo, así, expresarse más cabalmente. Todos los indicadores productivos lo demostraron: aumentó la inversión en pasturas, mejoraron los procreos, disminuyó la edad de entore de las hembras y de faena de los novillos, etc.

Y, en tercer lugar, el sector externo evolucionó favorablemente, en particular debido a las mejoras sanitarias que logró el país, que se consagraron con la declaración de país libre de aftosa sin vacunación, conseguida a mediados de la década mencionada 7.

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Las gráficas adjuntas son elocuentes. En la primera mitad de los 90 creció el número de vacas entoradas (apuesta al aumento del stock), cayó la relación novillo/vaca (por lo anterior y por disminución de la edad de faena de los novillos) y aumentaron los futuros vientres, lo que denota una apuesta al crecimiento de largo plazo.

Alcanzado determinado nivel, todas estas variables se mantienen más o menos constantes durante la segunda mitad de la década e inicios de la siguiente, una vez que el stock completa su recomposición (disminuyendo su edad promedio), se deteriora el sector externo, en particular a partir de la devaluación brasileña de enero de 1999, y una nueva sequía (aunque menor que la anterior) ocurre en 2000.

El shock negativo del brote de aftosa de 2001 se revirtió en tiempo récord y la corrección cambiaria de 2002 dio un nuevo impulso a la competitividad sectorial. Las inversiones provenientes de fuera del sector –en particular de argentinos- dinamizaron aún más la actividad, batiéndose récords de producción de carne en 2004 -que se superaron en 2005 y nuevamente en lo que va de 2006-, merced a una elevada faena de vacas 8, muchas de ellas preñadas. Surge entonces el temor, principalmente en las esferas oficiales, de un próximo desabastecimiento de animales para faena, por la caída de las existencias de vientres.

Volviendo a las gráficas, se observa que el rodeo de cría está, desde 2002, estabilizado en 4,1 a 4,2 millones de vacas. Las estimaciones de Opypa lo ubican en 2006 entre 4,2 y 4,3 millones, lo que eliminaría esos temores, teniendo en cuenta, además, que se espera una parición para este año que puede llegar a ser récord a nivel nacional.

A esto se agrega que, para el mediano plazo, los futuros vientres, que entrarán en la fase reproductiva gradualmente en el período 2006-2008, alcanzaron en 2005 el récord de casi 3,8 millones de cabezas, 500 mil más que el promedio del período considerado.

¿Habrá escasez de terneros?

¿Que puede existir cierta escasez relativa de novillos de reposición en 2007? Es muy probable. Opypa estima una caída en el número de novillos de 1 a 3 años de 2,1 millones en 2005 a 1,9 millones en 2006. Si se mantienen las condiciones favorables –sanitarias y de mercados-, esa escasez relativa debería expresarse en un aumento del precio de las categorías de reposición, lo que ya se está constatando.

Y la suba del precio de los terneros es una buena noticia para los criadores, para los pequeños productores y para el porcentaje de preñez, motivo éste de permanente desvelo para muchos técnicos y burócratas.

¿Pero esta escasez debe considerarse como una amenaza para el futuro del conjunto de la cadena cárnica? De ninguna manera. Los datos muestran que el suministro de categorías de reposición será creciente en el mediano plazo, aunque en el corto -2006/2007- pueden generarse algunos ajustes que pongan en dificultades a los invernadores y a las plantas frigoríficas menos eficientes, aunque probablemente, dentro del sector industrial, incluso estas últimas tengan en la actualidad márgenes suficientes como para soportar un ajuste a la baja de éstos, no así en el caso de los invernadores marginales.

Dos o tres años de récords consecutivos han forzado al máximo a la cadena productiva, la que quizá requiera de un “afloje” temporal para recomponerse en plenitud. Probablemente se produzca cierta caída en la producción de corto plazo, pero dentro de una tendencia general de continuación del crecimiento, siempre que por lo menos se mantengan -no hay que cansarse de repetirlo- las condiciones sanitarias y macroeconómicas actuales.

La recomposición de toda la cadena cárnica –las inversiones han sido muy importantes a todos los niveles, desde la preproducción (maquinarias e insumos para la producción forrajera, a nivel primario) hasta la postproducción (nuevos productos y procesos para la exportación a nivel industrial), pasando por todos los procesos y servicios intermedios- ha sido la respuesta lógica, racional, de los empresarios de todas las fases del proceso de producción, ante condiciones económicas que lo justificaban y perspectivas que, puede avizorarse, apuntan en el mismo sentido.

Lo que ha demostrado que no se trata de empresarios de racionalidad diferente –los del sector primario frente a los del secundario y terciario-, como durante décadas hubo gente empeñada en demostrar. Sí se trata de que la cadena funcione como su naturaleza lo indica, tirando desde el último eslabón y no tratando en forma voluntarista de empujar desde el primero.

En definitiva, la actual estructura del rodeo nacional –la que Don Jaime promovió durante tantos años desde la Cátedra-, la más eficiente desde el punto de vista biológico, la que produce más y de mejor calidad, se ha logrado por la progresiva caída de los obstáculos que se interponían para su desarrollo. Y, en la medida en que esos obstáculos no reaparezcan, esta estructura es la que asegura un crecimiento de largo plazo de la producción, dado que existe una amplia frontera tecnológica para su expansión. Y lo mismo puede decirse para la fase industrial.

Por supuesto que queda mucho por hacer, y que muchos empresarios o productores familiares menos eficientes y/o de menor tamaño económico, imposibilitados de acompañar la creciente incorporación de tecnología necesaria para mantener el proceso de crecimiento –con las exigencias financieras y de conocimiento que implica-, se verán marginados de su actividad productiva actual.

Pero esta inevitable consecuencia socialmente negativa, estos dolores del crecimiento, es preferible que se den en un contexto sectorial dinámico, generador de nuevas oportunidades en el área de los servicios vinculados, o en nichos productivos específicos derivados de la diversificación y aceleración de todos los procesos involucrados.

Apoyar esos procesos de reinserción laboral para que resulten lo menos traumáticos y lo más eficientes en términos económicos para los productores que lo requieran, es a nuestro juicio el principal desafío para las políticas sectoriales. Porque, en lo estrictamente productivo, “el rodeo de Don Jaime” se las arregla solo.

El autor agradece los comentarios del Ing. Agr. Juan Peyrou -uno de los cuales dio título a esta nota- y el apoyo técnico del Ing. Agr. Pablo Jiménez de Aréchaga.

 

1 “Reproducción y manejo de los rodeos de cría”.

2 Un rodeo de ese tipo requiere baja reposición –los índices de extracción eran del orden de 16%-, por lo que, en equilibrio, no tiene sentido mejorar los procreos, que se ajustan a la baja cubriendo solo la mínima reposición requerida.

3 Ya sea por vía impositiva y/o cambiaria, las políticas públicas intervinieron durante décadas en el negocio ganadero, recortando los beneficios privados que éste generaba, lo que implicaba un desestímulo a las inversiones productivas.

4 Productores muy eficientes en el manejo general del rodeo, en buenos suelos, podían acceder a niveles de productividad elevada aun en condiciones económicas poco favorables, pero solo constituían la elite que se destaca en cualquier actividad, ya sea productiva, artística, deportiva, etc.

5 Existe abundante bibliografía sobre el ciclo ganadero, a partir del trabajo pionero de Secco y Pérez Arrarte, de 1975.

6 En menos de una década se liquidaron 10 millones de ovinos, equivalentes en consumo de forraje a los 2 millones de vacunos liquidados por motivo de la sequía de 88-89.

7 La contracara de todos estos factores positivos la constituyó el atraso cambiario que se generó en el período 90-95 y se mantuvo hasta el 2002. Pero la carne vacuna fue uno de los rubros agropecuarios menos afectados, dado el mayor atraso que sufrió Argentina –nuestro principal competidor regional en ese período- entre 1990 y 1994, y el que padeció Brasil –entonces, nuestro principal mercado- entre 1994 y 1998.

8 A las razones económicas se sumaron las climáticas, ya que una nueva sequía en el Norte del país obligó a una importante liquidación de existencias, que la gran demanda externa absorbió sin dificultades.

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