El Valor primario

El País Agropecuario
Agosto 2011

En más de una ocasión hemos refutado, desde este y otros medios[1], el concepto tantas veces reiterado de que el sector primario “no agrega valor”, con su corolario de que la exportación de este tipo de productos (commodities en inglés) es, en el mejor de los casos “un mal necesario” que el país debería superar accediendo a progresivas instancias de industrialización, única forma de agregarle valor a nuestra producción, camino ineludible en la senda del genuino desarrollo.

Insistimos en que dicha interpretación, de generalizada aceptación en medios académicos y entre los formadores de opinión, deriva en primer lugar de una interpretación estática y tautológica de las cuentas nacionales, y en segundo término del desconocimiento del hecho de que el desarrollo tecnológico genera nuevos procesos, que implican importantes agregados de valor, aunque se siga produciendo el mismo producto primario.

Decíamos en un artículo anterior: “Los productos primarios son los derivados de actividades que dependen o tienen directa relación con la explotación de los recursos naturales. Cuando hablamos de valor “agregado” estamos aceptando que el sector primario (agropecuario, forestal, pesca, minería) actúa sobre un valor ya existente, de origen natural, ya se trate de animales, vegetales o minerales. En esta concepción, por definición, el agregado de valor  del sector primario es muy bajo, ya que solo consiste en tomar lo que nos da la naturaleza y por medio de un proceso simple -cultivo, caza o cría, pesca, talado o extracción- poner esos bienes “naturales” a disposición de la industria o sector secundario para que lo procese, y se distribuyan y consuman con ayuda de los servicios, o sector terciario. La concepción de las Cuentas Nacionales presupone un sector primario arcaico, solo extractivo –como era hace más de un siglo- con posibilidad de crecimiento puramente horizontal, porque cualquier intensificación de los procesos productivos implica una “fuga” de los resultados de los mismos hacia el sector secundario o al terciario, es decir hacia la industria o los servicios. Y lo que ocurre con el Producto, también se expresa en el nivel de empleo (v.g. “el sector agropecuario genera muy poco empleo”)”

Datos del contexto

En este artículo intentaremos, por medio de una simulación que intenta reproducir lo que en realidad ha ocurrido en el sector arrocero, cuantificar de alguna manera la importancia real del desarrollo del sector primario como generador de valor en el conjunto de la economía, sea este valor imputado, en la cadena agroindustrial, a nivel primario, secundario o terciario.

Definimos un período de tiempo en el que el desarrollo tecnológico de la producción primaria alcanzó a duplicar los rendimientos de arroz por unidad de superficie. Como este cultivo tempranamente alcanzó en nuestro país niveles de productividad relativamente altos, la duplicación de los mismos insumió los últimos 40 años. Actualmente, el país alcanzó un nivel récord de productividad para variedades de alta calidad en producción extensiva regada.

[gráfica faltante]

La gráfica muestra la evolución creciente de la superficie cultivada y de los rendimientos alcanzados, que se multiplican por 5 y por 2 respectivamente, entre los años extremos de la serie. Este incremento, tanto del área como de la productividad del cultivo, determina un notable aumento del valor generado por el conjunto de la cadena agroindustrial, pero además, en la medida que el aumento de la producción permite nuevas escalas y también la diversificación y creación de nuevos productos, dicho valor se redistribuye entre nuevos actores, decreciendo la cuota parte captada por el sector primario.

La aparente paradoja no es tal: el sector primario tiene un gran potencial multiplicador, y en la medida que crece, posibilita e impulsa un crecimiento más que proporcional de los demás sectores asociados, por lo que tiende a disminuir su participación relativa en el total del valor generado en la cadena. Por eso en los países con un gran desarrollo agropecuario como los de Oceanía o los Escandinavos, la participación del sector primario en el total de la economía es muy baja –alrededor del 5%- mientras que en países muy atrasados como algunos de África o de América Central, dicha participación puede llegar al 50% [2].

La cadena de valor del arroz

2011-8 El valor primario Cuadro

El cuadro adjunto esquematiza la evolución de la producción de la cadena agroindustrial del arroz, durante las últimas 4 décadas. Para simplificar el análisis, se definieron 4 escenarios, cada uno correspondiente a una década, en los cuales se toman los promedios de superficie y de rendimientos, definiendo así un volumen de producción promedio del período. En cada uno de estos, se incorpora a la cadena un determinado proceso industrial iniciado en el período, que, también en forma esquemática, trata de simular la diversificación derivada del crecimiento del conjunto de la cadena.

Así, en los años 70 la fase industrial solo está definida por la actividad de los molinos arroceros, en los años 80 se agrega el proceso de parbolizado de una parte del arroz elaborado, en los años 90 empieza la empresa Arrozur a producir aceite comestible y raciones a partir de subproductos de molinería, y finalmente en la década pasada se instala la empresa Galofer que produce energía eléctrica quemando cáscara de arroz. Esto es solo un esquema con fines analíticos del tema que nos interesa, que es el de la evolución de la distribución del valor que se genera, para nada pretende hacer una descripción detallada de la evolución de esta cadena agroindustrial, que, obviamente, es mucho más compleja en sus diferentes eslabones.

Un segundo aspecto a destacar, es que las magnitudes de valor calculadas, para nada pretenden ser exactas, sino solo órdenes de magnitud, donde más que el valor absoluto, interesan las relaciones entre ellas –en particular la del sector primario con el resto de la cadena- y las respectivas evoluciones a lo largo del tiempo. Además, para anular el efecto precios, todos los cálculos se hicieron con precios del 2010, en dólares corrientes. Los incrementos del valor a lo largo del tiempo derivan por lo tanto solo de la mayor área cultivada, del aumento de la productividad agropecuaria y de la diversificación industrial. Lo que no implica desconocer otros elementos de la realidad que no se calculan para no hacer más complejo el análisis, como el aumento de la productividad industrial, la producción de otras variedades de arroz, etcétera.

Finalmente, lo que se quería demostrar: a medida que la producción agropecuaria se desarrolla, y aumenta su productividad, crece y se diversifica la industria (y también los servicios) disminuyendo la participación del sector primario en la totalidad del valor generado. En este ejemplo, mientras que el valor generado por toda la cadena se multiplica en el período por más de 8, a su interior, el del sector primario lo hace por 6,5 y el del conjunto de la industria por 10. Lo que hace que la participación del primero caiga del 56 al 44% del valor total generado, creciendo por lo tanto el valor del conjunto industrial desde el 44 al 56% del total.

Cosas que no aparecen en el cuadro

Hay algunas muy importantes, que no están por el hecho de que se desconozca esa importancia, sino porque, en algunos casos no se cuenta con la información necesaria, y en otros su incorporación, además de complicarlo, no aporta a la comprensión de los conceptos básicos que quieren demostrarse.

La primera y más importante, es que solo se calculan los valores agregados brutos de cada sector, sin incluir el gran efecto multiplicador “hacia atrás” del sector primario  por medio de los insumos y servicios consumidos, que conforman, sumados al primero, el valor bruto de la producción. Estos insumos y servicios, innumerables, dinamizan actividades productivas en todo el territorio, y tienen una importancia no menor, tanto a nivel del producto como del empleo, a la de los encadenamientos “hacia adelante” que son los mostrados en el cuadro.

Lo segundo es una simplificación metodológica para hacer posible un análisis a este nivel, y consiste en suponer, tanto a nivel primario como industrial, relaciones insumo/producto constantes a lo largo del tiempo. Esto por supuesto no es real, esas relaciones varían en la medida que cambian las funciones de producción buscando aumentar la eficiencia de esos procesos. Pero se hace esa simplificación porque el objetivo del cuadro no es calcular el producto real de la cadena, sino observar la evolución de la distribución del mismo entre los distintos sectores económicos involucrados.

Finalmente, existe una serie de otras consideraciones que corresponden en el caso de la cadena arrocera, que solo mencionaremos de paso para no quedar omisos, pero que, de nuevo, no son imprescindibles para el objetivo planteado. La primera es que este desarrollo del sector, no se hizo “a costa del ambiente” sino a favor del mismo. El sistema productivo uruguayo, basado en la rotación del cultivo de arroz con las pasturas, mejora su sostenibilidad ambiental, minimizando además las emisiones de gases de efecto invernadero por kilo de arroz producido.

Vinculado con lo anterior, la producción de carne asociada al arroz, por lo menos duplica el nivel de producción en campo natural previa al cultivo y a las pasturas asociadas al mismo.

Y para no dejar todo circunscripto al arroz, este mismo análisis puede hacerse para las otras cadenas agroindustriales, como la láctea, las de la carne, las de otros cereales o la de la madera, y las conclusiones, en lo esencial, seguirían siendo las mismas. El grado de integración de la cadena arrocera que suele ponerse como ejemplo a seguir, no es imprescindible en lo referido a la generación del valor, aunque pueda incidir en su distribución al interior de la misma.

Por último, las posibilidades de profundizar el desarrollo agroindustrial es muy variable dependiendo del rubro considerado. La soja o la celulosa requieren de enormes escalas industriales de producción para ser económicamente viables, por lo tanto es factible –y no siempre- solo un primer nivel de procesamiento. Eso no implica que no generen mucho valor, porque como se mencionó anteriormente, el agregado de valor no solo aumenta diferenciando productos, sino también por la mejora de los procesos. La soja se exporta en grano, con “mínimo valor agregado” según las cuentas nacionales, pero genera 1.000 millones de dólares de riqueza que se derraman sobre el conjunto de la economía.

En conclusión

Los lugares comunes suelen hacernos confundir los objetivos. El objetivo de generar más valor, es decir el de crear riqueza (que no cae del cielo ni brota de las entrañas de la tierra) no se alcanza solo agregando valor al producto primario, cambiando su naturaleza. En la realidad económica actual de nuestro país, donde “agregar valor” se ha convertido en sinónimo de perder competitividad,  aumentar la eficiencia de la producción primaria implica un agregado de valor a nivel de los procesos, tan válida (y probablemente mucho mayor) como hacerlo a nivel de los productos.

La estructura de las Cuentas Nacionales no permite visualizar este aspecto fundamental para la Economía de un país de base agropecuaria y de reducido mercado interno como es el nuestro. Y así, la industrialización del producto primario se convierte en el objetivo a alcanzar. No se comprende que el aumento de la eficiencia de la producción primaria dinamiza otras industrias y otros servicios ajenos al producto –arroz, carne o leche- pero esenciales a los procesos de producción de los mismos.

La pérdida de peso relativo del sector primario en la creación de valor cuando el conjunto de la cadena crece, es una consecuencia natural de la forma de cómputo de esas Cuentas, y para nada debe ser motivo de preocupación ni demérito para la fase agropecuaria de esos procesos productivos. Por el contrario, esa participación decreciente es un indicador de dinamismo y de crecimiento de las cadenas agroindustriales y de la economía en su conjunto.

Lo que sí debería ser motivo de preocupación no es la baja participación del sector agropecuario en el Producto y el Empleo de la Economía, sino las luces amarillas que se han encendido en las actividades del sector. Actividades que, de tener un vigoroso desarrollo a partir del 2003, en los últimos 2 o 3 años han enlentecido o detenido sus tasas de crecimiento, con el agravante de que esto se produce con niveles de precios internacionales que, al menos en valores corrientes, constituyen máximos históricos para los principales rubros.

La bonanza de este período de “vacas gordas” la estamos consumiendo, en lugar de invertirla productivamente para posicionarnos en niveles competitivos superiores, para cuando tengamos que enfrentar el de las “vacas flacas”. Que nadie sabe cuándo, y ojalá demore, pero que llegará, llegará.

 

[1] El País Agropecuario Agosto/2005 y Julio/2010; Cartas de los lectores Búsqueda 21/7/2011, Tertulias Agropecuarias de Radio El Espectador (varias)

[2] En los primeros, además del gran desarrollo agroindustrial y de los servicios vinculados, se desarrollan otras ramas industriales asociadas, como las tecnológicas,  la de maquinarias y equipos, etc. Los últimos, se comportan casi como enclaves exportadores de materias primas, con mínimo nivel de procesamiento.

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