La “agro inteligencia” – Primera parte

Rodolfo M. Irigoyen
Junio de 2012

 

“Res non verba” reza el antiguo aserto latino. Aunque algún paisano lo haya traducido como “las vacas no hablan”, la cita en latín quiere decir en realidad: “hechos, no palabras”. La expresión es tan antigua y conocida, anterior incluso a la existencia del idioma castellano, que por eso la escribimos en la lengua original. Que no se nos incluya por este motivo en la gran movida contracultural y colonialista que lleva a que ya casi no se lea ni escuche una frase íntegra en nuestra lengua, sin que se utilice innecesariamente alguna palabreja del idioma hoy dominante.

Dejando de lado  las aculturaciones vendidas como modernismo, la desproporción entre las declaraciones y las realizaciones de los gobiernos en general y del actual en particular, pone una vez más en evidencia que lo que debemos tomar en cuenta para formar nuestras propias opiniones es lo que la gente hace, y no lo que la gente dice que hace o que va a hacer.

Las consignas electorales

Así como en la campaña electoral del 2004 los ejes de la propuesta del Frente Amplio para el agro fueron los de “nunca más atraso cambiario” (documento firmado por los 4 Partidos con las gremiales rurales antes de las elecciones) y “gasoil productivo”, en la del 2009 la consigna fue la de la apuesta a la “agro inteligencia”, expresión particularmente cara al Presidente Mujica.

De las dos primeras, la historia es bien conocida. Las cifras del propio Banco Central prueban (con independencia técnica que debemos valorar y conservar) que en los 7 años que el Frente Amplio lleva en el poder, la competitividad global del país descendió sistemáticamente en cada uno de ellos. Es bien sabido que la competitividad no solo depende del tipo de cambio real, pero llevamos una década de inversiones con innovaciones tecnológicas, por lo que la pérdida de competitividad que sufren todos los sectores exportadores no puede explicarse por ese tipo de razones técnicas vinculadas a los procesos productivos. Solo el aumento actual del valor del dólar en los mercados internacionales por la crisis europea, logró rescatarlo,  en nuestro medio, desde la fosa de los 19 pesos donde descansó durante más de 2 años, a los actuales 21 pesos  por dólar.

La promesa del “gasoil productivo” despertó las lógicas expectativas, básicamente del agro y del sector de los transportes, con el advenimiento del nuevo gobierno en el 2005. El Ministerio de Economía anunció la formación de un grupo técnico que definiría el diferencial de precios y las condiciones de acceso al mismo. Pasaron los meses, pasaron las siembras y las cosechas, y un año y medio después de asumir, el nuevo gobierno dio el asunto por finiquitado, anunciándose la imposibilidad de instrumentar algún mecanismo para el abaratamiento de ese insumo productivo esencial.

Apostar a la “agrointeligencia” como estrategia-país, ha sido anunciada con tanta reiteración como escasez de contenido por el Presidente Mujica. Su supuesto “saber” agropecuario (es chacrero floricultor, fue Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, cultiva un decir que alguna gente supone “apaisanado”) ha ayudado a que la propuesta reciba la aceptación que merece. Porque ¿quién puede dudar que el Uruguay debe apostar a ser un país “agrointeligente”? Pero, como decíamos al inicio, importan los hechos, no las palabras. Como titular está muy bien, veamos sus contenidos reales.

El contexto actual

El sector agropecuario uruguayo ha demostrado en el correr de las últimas dos décadas que, cuando existen las condiciones económicas que lo justifiquen, reacciona en forma similar a cualquier otro sector de la economía, aumentando las inversiones y la productividad, incorporando tecnología y adaptándose a las variaciones del contexto externo, que lo condiciona en forma determinante. En esta revista se ha escrito sobre el este tema con frecuencia e insistencia.

Lejos de dar por ya transitado al sendero de la intensificación de la producción, el pasado reciente ha vuelto a demostrar que, por cada paso que damos, se nos abren nuevas posibilidades de desarrollo. El avance tecnológico es vertiginoso, y siempre son más limitantes para seguir avanzando las restricciones de tipo político-institucional o las puramente económicas, que la falta de opciones tecnológicas que den respuesta a los nuevos problemas que van surgiendo.

Esto es un llamado de atención en el sentido de no dormirnos en los laureles. Cuando producíamos en promedio 70 kilos de carne vacuna de animales viejos por hectárea, duplicar la producción parecía una utopía. Hoy producimos 100, de mejor calidad por ser de animales más jóvenes, pero vemos que hay productores de punta que producen 200, y tenemos tecnología disponible para producir 500. Y otro tanto pasa en la lechería y en la agricultura y en algunos cultivos permanentes. No es por el lado tecnológico o por la falta de interés en incorporar esa tecnología que no seguimos avanzando. Las restricciones provienen de los otros ámbitos ya mencionados.

El gran avance de la producción agropecuaria durante la última década se dio en el marco de la conjunción de factores externos e internos favorables. Dentro de los primeros, el gran crecimiento de la demanda de alimentos, principalmente por el desarrollo asiático, y la sostenida liberalización del comercio de los mismos en los países desarrollados, produjeron un sostenido aumento de los precios de los alimentos y de prácticamente todos los productos primarios. La expansión de la producción de biocombustibles operó en el mismo sentido.

A nivel interno, el incipiente desarrollo de algunas políticas de Estado (estatus sanitario, forestación, estímulo a las inversiones, operativa portuaria)  generó un entorno atractivo para el desembarco de inversores extranjeros. Los bajos precios de la tierra en el Uruguay en relación a los internacionales potenció además ese proceso. Pero a esto se le debe agregar las políticas de liberalización económica llevadas adelante durante los años 90 y la primera mitad de los 00`s, que dieron confianza de que el Estado no se iba a asociar al negocio, como había ocurrido tradicionalmente.

Pero en los últimos 5 años este contexto se ha ido deteriorando. En el frente externo, la crisis del 2008 en EEUU y sus secuelas en la Unión Europea

han enlentecido el crecimiento de la economía global dificultando la entrada de nuestros productos a algunos mercados. Y en la región, el Mercosur es una caricatura grotesca, donde las violaciones a los acuerdos son la norma y no la excepción y donde además, vía tipo de cambio, perdemos sistemáticamente competitividad frente a Brasil.

Como si todo esto fuera poco, las permanentes idas y venidas del segundo gobierno de la izquierda en lo que a señales al mercado se refiere, producto de sus luchas intestinas, han ido erosionando la confianza en el rumbo de la economía. Las periódicas intervenciones en el mercado de la carne, las permanentes en el mercado de tierras, las volteretas impositivas, las exorbitantes tarifas de los servicios estatales, la explícita intención del ala radical del gobierno a transitar un camino de creciente injerencia del Estado en la economía, no hacen sino aumentar los nubarrones que vienen de lejos.

Y gran parte de la población, empezando por los integrantes de los poderes del Estado, están convencidos de que nuestro agro está en el mejor de los mundos, porque los precios de sus productos en los mercados internacionales están en el entorno de los máximos históricos, al menos en dólares corrientes. Pasan por alto un pequeño detalle: la mitad de la ecuación económica relativa a los costos. Y el “costo país” uruguayo es enorme, y gran parte de la responsabilidad corresponde al Estado.

Las muestras de “agro inteligencia”

 Muestra 1: el costo de los combustibles y la energía eléctrica

Volviendo a lo de los potenciales productivos, cualquier intensificación de los procesos que persiga la realización de esos potenciales, tiene siempre un común denominador: requiere mayor uso de energía, en alguna de sus formas. Aumentar los laboreos, las siembras, las cosechas, el riego, los transportes, todos requieren más combustibles y más energía eléctrica. El efecto multiplicador sobre las cadenas agroindustriales que tiene el crecimiento agropecuario, con sus muy positivas consecuencias sobre la producción y el empleo, llevan también a consumir mucho más combustibles y electricidad.

Se podrían poner muchos ejemplos pero no son necesarios: por donde se la mire, es evidente que la intensificación productiva es energía-intensiva. Entonces, una muestra potente de agro inteligencia sería la de tener los combustibles y la energía eléctrica lo más barato que se pueda. Sobre este ítem, los hechos son, más o menos, los siguientes.

Las empresas del Estado operan amparadas por monopolios en toda el área energética: UTE en la generación y distribución de energía eléctrica, Ancap en la producción de combustibles. El cuadro siguiente muestra en forma comparativa el costo de la electricidad y los combustibles en los países de la región, a Marzo de este año. Benévolamente, no está incluido el último aumento de los combustibles en nuestro país.

Precios relativos de la energía eléctrica (tarifa industria) y de combustibles
en Uruguay y países vecinos (en %, Argentina=100)
Energía eléctrica Gasoil Nafta
Argentina 100 100 100
Brasil 397 93 118
Chile 289 95 130
Uruguay 414 147 146
Fuente: en base a SEG Ingeniería citado por Seragro, Abril 2012

Los datos son elocuentes. Aunque se trate de mercados muy diferentes, la energía y los combustibles en Uruguay siempre son mucho más caros.

Ancap importa todo el petróleo necesario para cubrir toda la demanda de combustible. Por una relación técnica que no se puede modificar, se producen cantidades similares de nafta y de gasoil. Como la demanda de este último es significativamente mayor que la de nafta, se genera un excedente de esta última que Ancap vende en el exterior, por supuesto que a pérdida dados sus costos de producción. ¿No se podría invertir la ecuación productiva, importando menos petróleo de forma de producir toda la nafta demandada y el déficit de gasoil importarlo? (por supuesto que más barato que el producido por Ancap) Se reduciría así la factura petrolera y bajarían los precios promedio de los combustibles.

Pero la cosa no termina ahí. Además del gran aporte a la Impositiva que los combustibles realizan vía Imesi, el gasoil subsidia con unos 60 millones de dólares anuales al transporte urbano de pasajeros. Y nadie sabe lo que cuesta Alur, que cada vez produce más cosas, pero de ninguna se conoce el costo. Incluso, la “razón social” invocada al inicio de este emprendimiento, prácticamente ha dejado de existir, porque “los peludos” han sido sustituidos (felizmente) por modernas cosechadoras de caña de varios centenares de miles de dólares de costo. Y además está Pluna, que consume y no paga.

Muestra 2: La disponibilidad y el costo de los transportes

AFE es otro ente del Estado, que hace 25 años que prácticamente no funciona. Su obsolescencia es absoluta, tanto en infraestructura vial como en locomotoras, vagones, etc. Aunque su recuperación es “prioridad absoluta” para el Presidente de la República, a mediados de su mandato está aún lejano el día en que se terminen los trabajos que se vienen realizando, cambiando durmientes y vías, que permitirán ¡aumentar la velocidad de los trenes de 15 a 25 kilómetros por hora! Y con los mismos equipos de que se dispone en la actualidad.

El transporte ferroviario es, por lejos, el más económico en distancias medias a largas, para el traslado de productos voluminosos como son los que provienen del agro. Como el tren no funciona, casi todo se hace por carretera, con camiones. El costo unitario es alto (recordar precios del gasoil) y el deterioro de las rutas nacionales, de por si no muy buenas ni bien mantenidas, enorme. El cuadro siguiente muestra algunos datos comparativos con la región.

 

Costo del transporte en Uruguay y países vecinos (en dólares)
(30 toneladas a 250 kms)
Argentina 279
Brasil 447
Uruguay 600
Fuente: BID citado por J. Secco, presentación en Inst.  M. Oribe

Nuevamente los datos son elocuentes. El más gráfico es el que mencionan los exportadores: el flete de un producto agropecuario trasladado desde Artigas a Montevideo, es similar al flete del mismo producto desde Montevideo a China.

Como en el caso anterior, una muestra de agro inteligencia sería la de tener costos de transporte competitivos. Los datos muestran cual es nuestra ubicación en el contexto regional.

Muestra 3: Disponibilidad de mano de obra calificada

La educación recibe, en cada presupuesto, un monto cada vez mayor de recursos, sin que se le exijan resultados como contrapartida. Pero las pruebas internacionales nos muestran que el nivel educativo no deja de deteriorarse. La educación técnica, siempre vista como de “segundo nivel” en nuestro país, no dispone de los equipamientos modernos ni de los recursos operativos necesarios para formar, en cantidad y calidad, la mano de obra calificada que el desarrollo agropecuario demanda.

En conclusión

Hoy se discute respecto a si las acciones concretas llevadas adelante por el gobierno en el ámbito agropecuario promueven o desestimulan su desarrollo. Si este, estimado por medio de la evolución de su PBI, notoriamente inferior en los últimos 5 años respecto al del quinquenio previo, se ha detenido o solo enlentecido su crecimiento. Como suele ocurrir, se pueden encontrar argumentos en uno y otro sentido.

Sin desconocer la trascendencia del enfoque puramente sectorial, en esta ocasión hemos puesto foco en algunos macro determinantes del desarrollo agropecuario, que pueden tener mucho mayor incidencia en el mismo, que las acciones específicas del ámbito ministerial correspondiente. Es obligación primordial del gobierno el impedir que intereses corporativos sigan impidiendo la remoción de estos obstáculos. En este sentido, poco y nada es lo que se ha hecho.

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