La Cruz del Sur es argentina

El País Agropecuario
Abril del 2007

 “asociado en sociedad con tales socios, se pueden imaginar, se pueden imaginar, que los amores van mal, la salud mejor ni hablar, y no van bien los negocios”

Joaquín Sabina

 

Poco tiempo atrás, en medio de “la guerra de las papeleras” tuvo amplia repercusión en los medios uruguayos, una noticia proveniente, una vez más, de la vecina orilla. El ejército argentino, basándose en la premisa de que los conflictos armados del futuro cercano serán motivados por el control de los recursos naturales, en particular del agua, empezaba a prepararse en ese sentido, previendo la necesidad de recurrir a una guerra de guerrillas contra tales usurpadores, que serían, demás está decirlo, los poderosos del planeta.

A más de un uruguayo la noticia lo puso nervioso, porque en el contexto entre ambos países en que la misma se daba, sin mucho esfuerzo podía entenderse que había un mensaje subliminal para nosotros: tan culpable como el que quiere robarnos el agua, es el que quiere contaminarla.

Y como la cosa se maneja en el plano de la irracionalidad, bien podía entenderse que los preparativos bélicos también podían ser contra Uruguay. Pero a otros uruguayos la idea les pareció fantástica, al igual que cualquier otra teoría conspirativa, y llegó a plantearse, violentando todas nuestras tradiciones civilistas, que la capacitación militar obligatoria no nos vendría nada mal.

Yendo al asunto de fondo, que es el del agua y demás recursos naturales, y su potencial usurpación –o quizá solo sea de forma, y el de fondo sea el autoritarismo y la autocomplacencia, vaya uno a saber- el acuífero Guaraní y sus implicancias geopolíticas, es tema predilecto cuando de futuras usurpaciones imperiales se trata.

Gigantesca reserva subterránea de agua dulce que comparten los 4 desavenidos socios fundadores del Mercosur [1], el Guaraní es un acuífero, y como tal, un sistema dinámico que se carga y descarga en forma continua. Nada que ver por lo tanto, con las reservas de petróleo que consisten en un stock fijo, no renovable, que estamos gastando, y un buen día se terminará.

La aclaración es pertinente porque cierta gente razona –bueno, es un decir- respecto al agua en los mismos términos que con el petróleo, como si fuera una determinada cantidad no renovable y que por lo tanto se agotará, dejando de lado el tema que verdaderamente importa, que es el de la cantidad y la calidad de las recargas de los acuíferos, y su balance con el uso que hacemos de ese mismo recurso.

Omisión no casual, porque es el tema que verdaderamente nos atañe, el de nuestra responsabilidad, y por cuyo mal uso no podemos culpar a nadie fuera de nosotros mismos, los propios “mercosurianos”.

 

Las áreas de recarga directa e indirecta, sobrepasan a las del acuífero mismo, por lo tanto, lo que se repone para compensar lo que se usa, es agua que se infiltra desde la superficie o proviene de corrientes subterráneas, en un amplio territorio que ocupa gran parte del Uruguay y del Paraguay, noreste de Argentina y casi todo el sur del Brasil. En una palabra, gran parte de la zona agrícola del Mercosur, o sea donde existe mayor contaminación del agua por el uso de agroquímicos.

Esto es un riesgo, y como tal se debe administrar, no pretender eliminar. Porque de esa producción agrícola depende, en gran medida, el crecimiento y el desarrollo de nuestras naciones. Por lo tanto, no caben las posiciones maximalistas del tipo “no al uso de agroquímicos” y menos las absurdas como “no al uso de agroquímicos y de transgénicos”, porque justamente, los transgénicos son los cultivos que usan menos agroquímicos y hacen un uso más eficiente del agua y del suelo.

Expresiones de un nacionalismo nefasto, que nos condena a situaciones absurdas, y no nos permite internalizar positivamente los grandes beneficios que nos ofrecen las naciones desarrolladas a través del avance tecnológico que sus empresas lideran.

En definitiva, el uso de los recursos naturales es un tema demasiado serio y complejo  para que se lo condicione mediante panfletos catastrofistas. Sembrar miedo entre la gente anunciando males desconocidos, es tan fácil como irresponsable, dado que, por ignorancia o mezquinos intereses políticos, se atenta contra el uso racional de esos recursos.

Por otra parte, en el caso particular del agua, existe tecnología probada que permite la desalinización del agua de mar, con lo que en teoría se accede a una fuente de este recurso prácticamente infinita, en relación con las necesidades humanas. El problema es que esa tecnología es muy intensiva en energía, por lo que, por ahora, se vuelve económicamente impracticable salvo en casos muy particulares como el de Israel, que tiene gran escasez de agua y abundancia de recursos tecnológicos y financieros.

En paralelo, y haciendo un poco de futurología, se está desarrollando la tecnología de la fusión de hidrógeno que se espera esté disponible en el correr de este siglo, y que será una fuente también prácticamente infinita de energía, sin contaminación ni peligro de radioactividad.

Si se aplica a la desalinización del agua puede volverla un recurso ilimitado al menos en zonas costeras -que son las más pobladas del planeta- desechando gran parte de los temores actuales. Claro que esto no será solución para nuestra generación ni la siguiente, pero sí muy probablemente para las del futuro más o menos inmediato.

Volviendo a lo del inicio, la obsesión de nuestros vecinos (y de algunos de nosotros) por sentirse víctimas de grandes conjuras mundiales contra sus intereses, implica a la vez un doble juego donde se mezcla la autojustificación con la soberbia: nos va mal porque los poderosos del mundo se ensañan con nosotros, pero si seremos grandes que siempre estamos en el punto de mira de los poderosos del mundo.

El país con la mayor relación de psicólogos por habitante, debería no solo encontrarle una buena explicación a este fenómeno sino, sobretodo, hacer que dicha explicación sea internalizada por la gente y sirva para superar los desastrosos efectos que dicha obsesión tiene sobre la Argentina, y en muchas oportunidades, de rebote, también sobre sus vecinos, como el absurdo conflicto por “las papeleras” con Uruguay (el problema es que los psicólogos también son argentinos) [2]

Como el fenómeno se retroalimenta, crecen en paralelo la dimensión de la conjura y el objetivo de la misma. Como el avance tecnológico está haciendo pasar de moda a las viejas y queridas ventajas comparativas basadas en los recursos naturales –con las que Argentina ocupaba un lugar muy destacado en el mundo- se sube la apuesta y ahora el objetivo de la conjura es el agua, recurso natural esencial (ya le llegará el tiempo al aire, más esencial aún).

De continuar la escalada, algún perverso poder supremo terminará atentando contra los recursos no ya naturales, sino siderales del explotado Sur y de su más esclarecido representante, y terminará queriendo robarse la Cruz del Sur, que como todos saben, es argentina, aunque los poderosos del Hemisferio Norte lo oculten dados los enormes intereses en juego.

[1] Ocupa 1:190.000 km cuadrados con un volumen de agua almacenado de 37.000 km cúbicos. Las reservas reguladoras o renovables se estiman en 40 a 80 km cúbicos por año. El 71 % se encuentra en territorio brasileño, el 19 % en Argentina, el 6% en Paraguay y solo el  4% en territorio uruguayo. Pero en relación al total territorial de cada país, el acuífero ocupa el 10% de Brasil, el 8% de Argentina, el 17% del Paraguay y el 25% del Uruguay. La profundidad a que se encuentra es muy variable, desde pocos centenares de metros en su borde oeste (Argentina) a casi 2000 metros en el Estado de San Pablo. En Uruguay se ubica en el noroeste, por debajo de 1000 metros de roca basáltica, dando origen a las aguas termales en el litoral. Fuente: ProDiversitas, marzo del 2006.

[2] La lista de los robos que según los argentinos han padecido o han estado a punto de sufrir, es larga. Las Malvinas por los ingleses (que están allí desde 1833, y de las que los primeros pobladores fueron los franceses), la Patagonia primero por los yanquis y luego por los chilenos, Misiones por los brasileños, etc.

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