La sobredosis distributiva

El País Agropecuario
Diciembre del 2007

La torta y su reparto

Nos llenamos de orgullo cuando algún organismo internacional informa que Uruguay tiene la mejor distribución del ingreso de América Latina. Y quedamos así, insuflados, sin asomarnos a ver que la contracara de la “mejor” distribución, es el “peor” nivel de inversiones que ostentamos en la misma región.

Ser tuertos en el país de los ciegos –América Latina es la región con peor distribución del ingreso (o mayor concentración del mismo) del mundo- tiene su mérito pero no hay que exagerar. Sin embargo ser los que menos invierten en una región que en promedio invierte poco, sí que es grave.

Cuando se habla de distribución, se manejan valores relativos, no se dice nada respecto a los valores absolutos, es decir si los pobres son muy pobres o no tanto, y lo mismo para los ricos. Y permanentemente se denuncia el aumento en la concentración del ingreso, tanto en la comparación entre países, como al interior de los mismos. Pero las cosas no son blancas o negras.

Veamos un ejemplo real. Según el Informe 2000 del PNUD [1] las diferencias de ingresos entre los países más ricos y los más pobres, tenían una relación de 35 a 1 en 1950, y esa relación se ha más que duplicado en la actualidad. Sin embargo, también el informe afirma que en  los últimos 50 años, la pobreza en el mundo se ha reducido más que en los 500 años anteriores.

Uno querría que el crecimiento eliminara o disminuyera las diferencias, pero en general las aumenta. Cuando se crea más riqueza [2] crece más el ingreso de los ricos que el de los pobres. Y eso ha sido así desde siempre, en todo el mundo, por más denuncias que se hagan ante el “aumento de la brecha entre ricos y pobres”.

Ahora, ¿qué es preferible? ¿Qué los pobres sigan pobres pero que no aumente la brecha, o que salgan de la pobreza aunque los ricos sean mucho más ricos? Creo que si se plantean así las cosas, los pobres no dudarían en elegir la segunda opción, dejando el problema del aumento de la brecha para los académicos.

El famoso planteo del crecimiento de la torta o su mejor reparto. Planteo falaz, porque oculta el hecho que para que crezca la torta, es imprescindible que el reparto sea desparejo [3]. Y que la uniformidad del reparto lleva, en general, a la reducción de la torta. Y que lo mejor para todos, es que esa “injusticia” se mantenga, porque es la única forma de que todos los pedazos crezcan, aunque, como ya vimos, los más grandes crecerán más rápido que los más chicos. Pero estos crecerán, cosa que seguramente no ocurriría con un reparto “justo”.

Por otra parte, el capital se ha democratizado. Existen empresas públicas eficientes, principalmente europeas, que compiten exitosamente en el mundo globalizado. Lo mismo puede decirse de las cooperativas. Y cada vez tienen más importancia complejas estructuras societarias de cientos de miles de accionistas, como los Fondos de Inversión, que administran cuantiosos recursos de la previsión social de países desarrollados, alguno de los cuales opera en Uruguay en el área forestal. Y por supuesto las tradicionales sociedades anónimas, que, cuando funcionan las Bolsas de Valores, permiten que pequeños ahorristas participen de la propiedad de empresas de todo tipo. O sea que el magnate decimonónico de esmoquin y galera, que esclavizaba a sus obreros, es un estereotipo que poco tiene que ver con la realidad actual.

Claro que el crecimiento por si solo no asegura el desarrollo. Importa la cantidad de crecimiento, pero también la calidad del mismo. Acá intervienen las políticas públicas, que deben tener el suficiente equilibrio entre la promoción de la inversión que lleva al crecimiento, y la distribución del ingreso así generado.

El dilema radica en promover el crecimiento económico para que el conjunto de la sociedad mejore, a riesgo de que se profundicen las diferencias existentes, o intervenir en la marcha de la economía para lograr un acceso más equitativo a los bienes y servicios producidos, a riesgo de provocar un estancamiento o incluso disminución del ingreso del conjunto de la sociedad

Y entre estos dos riesgos, nuestra historia, la que nos ha ubicado como los más distribuidores y los menos inversores de América Latina, muestra en forma inequívoca que desde hace un siglo, nos hemos cuidado muy bien de no caer en el primero, pero sistemáticamente hemos sucumbido ante la tentación del segundo.

Siglo XX cambalache…

A inicios del siglo pasado, Uruguay era uno de los países ricos del mundo. El ingreso promedio de sus habitantes era similar al de los países del hoy llamado primer mundo. Pero nuestra riqueza –dicho con todo respeto por los esforzados trabajadores y empresarios de la época- se fundaba en los regalos de la naturaleza: la productividad de nuestras praderas naturales con su dotación de ganado vacuno y ovino [4], un clima benigno y una buena ubicación sobre el Atlántico, principal escenario del comercio mundial de la época.

Un siglo después, países de dimensiones similares al nuestro, que en aquel momento se nos equiparaban o estaban por detrás de nosotros, hoy tienen un ingreso que cuadruplica o quintuplica el nuestro, y, lo más importante, son sociedades más justas y equitativas, con mejor (ahora sin comillas) distribución del ingreso que nosotros.

Seguramente nuestra condena proviene en gran medida de que nuestra bonanza de ese momento derivaba más de la naturaleza que de nuestro esfuerzo. O para ser más justos, que la naturaleza potenciaba nuestros esfuerzos en mayor medida de lo que lo hacía en otras regiones. Ahí se generó el síndrome batllista, de que la clave estaba en repartir mejor lo que existía, y no en generar las condiciones objetivas que hicieran viable la generación genuina de riqueza. Síndrome que permea toda nuestra historia posterior, y que alcanza en la actualidad su mayor nivel de desarrollo.

El desafío es crecer

Y vaya si lo estamos haciendo. En el trienio 2005-2007 el país ha crecido a tasas inéditas, entre el 7 y el 8% anual en promedio. En 3 años el Producto creció un 25%. La bonanza externa sin parangón en la historia reciente nos brinda una oportunidad única de dar un salto cualitativo en nuestras oportunidades de desarrollo. Pero mientras el producto crece al 7 o al 8%, la recaudación impositiva crece al 9 o el 10% y el gasto, principalmente en salarios, crece al 12%. Y la conflictividad es creciente reclamando “mejoras”. Cuando la torta empieza a leudar, nos abalanzamos para devorarla.

Pero claro, se habla de “recuperación” salarial. No se dice que el valor que se exige recuperar corresponde al más alto, en términos reales, de la historia. Según los casos los de 1998, previos a la devaluación del Real, o del 2002, previos a la crisis financiera. Se considera “terreno conquistado” a una estructura de precios relativos –entre salarios y ganancias- que hace inviable al país. Y hacia ella estamos retornando.

Y a pesar de todo, se invierte. Principalmente en 2 ejes: para la producción de materias primas agropecuarias y en su primera fase de transformación (en tierras, cultivos, forestación, frigoríficos) y en zonas francas (puertos, edificios para oficinas [5] etc)

Las plantas de celulosa se ubican en la intersección de ambos ejes. Es decir que se invierte lo más cerca de la naturaleza, y lo más lejos de la economía formal, a donde no llega la DGI ni el BPS.  La mayor recaudación fiscal no va a inversión pública (¿que tal el ferrocarril?) sino a gasto, a mayor inflación en dólares, a menor competitividad. Los sueldos de los funcionarios públicos son, en promedio, el doble de los privados, que tienen además la competencia “desleal” del que trabaja en negro.

Las señales que emitimos

¿Qué señales da el sistema político –todo, no solo el del actual gobierno- para promover la inversión y con ella el crecimiento? Estímulos puntuales, como fue en su momento la Ley Forestal o la asociación del Estado con privados para toda la operativa portuaria, se mediatizan por el permanente clima de debate público que erosiona las garantías necesarias para las inversiones. A lo que se suman acciones concretas de distintos poderes o reparticiones del Estado, que en nada ayudan a lograr aquel objetivo. Perlas de un largo collar, mencionaremos solo alguna de las últimas.

La “Ley para el repoblamiento de la campaña” seguramente hará que nuestro Parlamento acceda, por derecho propio, al libro Guiness de los récords. Presentada por el Partido Nacional pero aprobada por unanimidad de ambas cámaras, antes del mes de estar en vigencia ya tenía 3 proyectos de Ley –uno por Partido- para reformarla. Era tan grosera la intromisión del Estado en los negocios de los particulares, que el escándalo generado hizo recapacitar a los precipitados legisladores. Mala señal, que uno de los poderes del Estado actúe con tamaña volubilidad [6]

La saga de los guardahilos de Antel figurará en poco tiempo en los textos de Derecho Laboral, como ejemplo del absurdo. Reclamaron el pago de 16 horas extras diarias –además de las 8 normales ya cobradas- durante los 365 días del año, durante los años que trabajaron. Hasta acá el reclamo puede entenderse como una broma o un caso de insólito desparpajo.

Lo grave es que la Justicia –a donde se está dirimiendo el asunto- les dio la razón en primera instancia, por lo que 24 guardahilos cobrarían unos 7 millones…de dólares! Es decir unos 300 mil dólares per cápita. ¿Cuántos abogados tiene la sección Jurídica de Antel? Pero dado que fueron derrotados en los Tribunales, el Ente estatal debió contratar a un reconocido profesional privado para que la defienda en las próximas instancias. ¿Y el Juez que aceptó el extenuante argumento? ¿Cesarán, Antel y el Poder Judicial, le harán algún sumario por ineptitud o irresponsabilidad a sus funcionarios involucrados? Difícil, porque solo atentaron contra las arcas públicas, y en este país parece que la plata al Estado le cayera del cielo, no que saliera de la gente. Junto a la Ley de Tercerizaciones, este ejemplo no ayuda mucho a que alguien invierta contratando gente.

Otro aporte del país al mundo es el de que acá hay casinos que dan pérdidas, casualmente los públicos. También se está dirimiendo en la Justicia un turbio asunto de contrataciones de empresas proveedoras de máquinas tragamonedas “defectuosas” que serían en realidad propiedad de funcionarios de confianza de los propios casinos.

La indignación pública se centra, con razón, en estos acomodos que la Justicia dirimirá si son tales, pero no le molesta que los casinos públicos tengan el doble o el triple de funcionarios de los que tienen los privados, y pagados espléndidamente. En esta sangría permanente seguro radica la causa principal de las sistemáticas pérdidas, sin desconocer la gravedad de los hechos denunciados. ¿Se plantea alguien que el Estado abandone este negocio?

Otra empresa pública que, como dijo el Vicepresidente Nin Novoa días atrás, están privatizadas por sus empleados para su propio beneficio, es Ancap. El último aumento de los combustibles, fijó el precio del gasoil en el equivalente a US$ 1,35 el litro[7], y la gran mayoría de los productores, que aportan Imeba, no pueden descontar el IVA.

Recomienda Ancap la reconversión, ignorando, aparentemente, que toda la maquinaria para el trabajo agrícola y los transportes, no tiene otra opción que el diesel, porque otra tecnología no existe en el mundo. Se argumenta que la reconversión se necesita porque el exceso de nafta que resulta del proceso productivo, debe exportarse a pérdida. Esa prueba de ineficiencia se toma como un dato natural.

Pero no se plantea la opción contraria, de destilar solo lo necesario para cubrir la demanda de nafta e importar, más barato, el gasoil faltante, lo que sin duda favorecería nuestra competitividad como país. Pero afectaría los intereses de los que “han privatizado Ancap para su propio beneficio”

Preguntas finales

Si continuáramos, seguramente observaríamos en la larga lista un factor común: la necesidad imperiosa de la Reforma del Estado, el gigante no transable. Pero no se trata de enunciarla, sino de hacerla. Pero ¿quién podrá llevarla adelante? ¿Quién eliminará la inamovilidad de los funcionarios públicos? ¿Cómo apostar al futuro con una enseñanza que se aferra a su propio proceso de descomposición?[8] ¿Cómo lograr que nos reunamos en un pacto social para la productividad y la innovación? ¿Cómo construir el “País Productivo” si ese mismo país parece tener el “síndrome distributivo” en su código genético?

 

[1] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo

[2] Concepto que no está claro en Uruguay, y que sería bueno que lo estuviera. Una encuesta reciente mostró que el 70% de la población considera que la riqueza no se crea, sino que ya existe.

[3] En términos muy esquemáticos, así habrá capacidad de ahorro de algunos, que podrán invertir, y de la inversión vendrá el crecimiento

[4] Con la licencia de tomar a Hernandarias, el gran visionario, como parte de la Naturaleza

[5] Aunque tengan el pomposo título de “World Trade Center”

[6] Voluble: dícese de las personas de carácter inconstante

[7] Las naftas, que afectan el IPC –no así el gasoil- no modificaron su precio

[8] Cada vez salimos peor evaluados en las comparaciones internacionales. Secundaria disminuyó en 20% la carga horaria en inglés y computación respecto al plan anterior.

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