Los agronegocios y la informática

Rodolfo M. Irigoyen
Marzo de 2015

En cualquier cambio de ideas sobre las estrategias de desarrollo que debe encarar el país, con independencia del tono utilizado, surge tarde o temprano el enfrentamiento entre las visiones basadas en las producciones “tradicionales” y las “modernas” representadas las primeras por las cadenas agroindustriales (en particular la ganadera) y las segundas, emblemáticamente, por las TICs (Tecnologías de la Información y el Conocimiento), a  las que, para simplificar, denominaremos como “Agronegocios” o “Cadenas Agroindustriales” a las primeras e “Informática” a las segundas.

Reiteradamente hemos manifestado en estas mismas páginas, que dicha dicotomía no tiene sentido, porque ambas estrategias no son para nada antagónicas sino que, por el contrario se complementan, pudiendo ser como efectivamente lo son, la primera una “plataforma de lanzamiento”, por vía de su demanda de servicios informáticos, para la expansión de la segunda (de hecho, el 12% del total de las ventas de las TICs las realizan a las CAI)

No compiten por espacios físicos, insumos ni recursos humanos, y ambas tienen como demandas importantes, la capacitación de dichos recursos y la existencia de un tipo de cambio realista. O sea que tanto la crisis educativa que padecemos como una moneda nacional sobrevaluada o “atraso cambiario”, tan frecuente en nuestra economía, atentan contra la competitividad de ambos conjuntos de actividades.

Pero la discusión se enrarece cuando se la plantea en términos de modernos versus tradicionales, porque mucha gente termina concluyendo que la superación de éstos es condición favorable, o incluso imprescindible, para el desarrollo de aquellos.

El desconocimiento y los prejuicios generan los planteos del tipo “vacas o computadoras” cuando, por lo dicho anteriormente, sin duda que el “o” debe sustituirse  por un “y”.

Algunas cifras comparativas

 A continuación se compararán algunas cifras representativas de ambos grupos de actividades, que muestran lo lejos que se encuentran las TICs de sustituir a los agronegocios como eje de nuestro desarrollo. Lo que no debe entenderse como una negación de las TICs, sino como la descripción de lo alejadas que se encuentran ambas ramas económicas en sus niveles de desarrollo relativo. Y por lo tanto, de lo absurda que resulta la propuesta en el sentido de que la rama incipiente sustituya a la madura, por lo menos en el plazo de algunas décadas.

La información sobre los agronegocios surge de las cuentas nacionales que habitualmente manejamos en estas páginas, mientras que las de las TICs se basan en la última Encuesta Anual de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) correspondientes al año 2013, que realiza anualmente el BCU, a un trabajo sobre el tema del Instituto de Economía del 2011 y a algunos comentarios realizados por el Presidente de dicha Cámara, con motivo de la presentación de los datos del 2013.

Empleo. Para la Población Económicamente Activa (PEA) que ocupa la rama, la CUTI informa que en el 2013 el sector alcanzó el récord de 16.332 personas ocupadas, lo que equivale aproximadamente al 1% de la PEA nacional, que supera los 1,6 millones.

Para el de las CAI en cambio, estimaciones de Opypa de hace 15 años, antes de la “revolución” productiva del decenio 2003-2012, ubicaban la PEA que ocupaban en un 23% del total nacional, mientras que estimaciones extraoficiales las ubican en la actualidad en por lo menos el 30% de dicho total.

Pero además se supone que las TiCs generan una estructura de empleo “moderna”, de alta calidad, en el sentido de altos niveles de calificación y no discriminatoria por sexo (o “género” como se ha dado en llamar).

Pero los datos muestran que el 69% de las personas ocupadas lo explica el sector de “comercialización de servicios” y también que se trata de una estructura altamente masculinizada, dado que el 74% del total corresponde a hombres. Pero además, del 26% correspondiente a las mujeres, la mayoría es para servicios de limpieza, y dentro de los administrativos, como telefonistas y secretarias. Y finalmente, entre los directivos y propietarios, el 88% son hombres, y solo el 12% mujeres.

El informe destaca además que se dio un aumento en la contratación de trabajadores dependientes, que llegaron al 75% del total de operarios, en tanto los profesionales contratados se redujeron al 20% y las unipersonales al 5%. En las CAI, la salarización es elevada a nivel industrial pero bastante más baja en el sector primario, donde el 62% de los predios son familiares (Opypa 2014).

Los demás indicadores como distribución por sexo, acceso a cargos de dirección, etcétera, no se diferencian significativamente entre sectores, siendo el nivel general de calificación de los recursos humanos a nivel formal, obviamente mayor en las TICS, que se ubican en Montevideo y el área metropolitana, mientras que las CAI se distribuyen por todo el territorio.

Exportaciones y acceso a mercados. Si se analiza el total de las exportaciones, las de las CAI explican cerca de las tres cuartas partes del total nacional, mientras que las TICs solo llegan al 3%. Las ventas al exterior de software local (50 millones de dólares) explican el 22% del total exportado.

En cuanto al acceso a los mercados las diferencias son importantes: las TICs, que exportan un tercio de lo que facturan (266 en 742 millones de dólares totales en 2013) y en un 90% a mercados regionales y norteamericanos, mientras que los agronegocios exportan porcentajes muy variables según rubros, que puede estimarse en unos dos tercios del total producido, haciéndolo a un amplio abanico de países en todo el mundo.

Concentración. La rama de las TICs presenta un nivel de concentración aún mayor que el de las CAI, que se considera alto. En efecto, en las TICs, 32 empresas (menos del 10% de las afiliadas a la CUTI) representan el 75% de la facturación total, dando a su vez trabajo al 70% del total. En el otro extremo, el 69% de las empresas factura menos de 1 millón de dólares. En cambio las CAI presentan una concentración bastante más baja a nivel primario (en el que existen unas 45 mil explotaciones) pero elevada en prácticamente todas las ramas industriales.

Extranjerización. Es conocido el fenómeno de la extranjerización en las agroindustrias, que acompaña por lo general al de la concentración. Pero también ocurre en las TICs, donde el 56% de la facturación corresponde a servicios brindados a licencias de software extranjero, lo que se duplicó entre 2011 y 2013, mientras que los productos de software local alcanzan al 18%, habiéndose reducido en un 8% en el mismo período.

 Políticas de apoyo. El desarrollo de las TICs se ha visto favorecido por algunas políticas de apoyo, básicamente bajo la forma de exoneraciones fiscales, como el no pago del impuesto a las rentas por servicios vendidos al exterior, la compra de software y servicios conexos con deducción de una vez y media del valor del impuesto a la renta, etcétera. Estos beneficios, proporcionalmente mayores a los que reciben los agronegocios,  han estado vigentes desde hace más de una década.

 En definitiva

Como puede observarse, las TICs no escapan a algunas consideraciones comunes a cualquier sector productivo uruguayo. Y la variabilidad de los datos presentados, permite, si de ponerse una camiseta se trata, de promover o castigar a uno u otro sector, en base a la selección de variables adecuadas a esos fines.

Hace doscientos años, el economista inglés David Ricardo, en su clásica defensa de la apertura comercial entre países, demostró que los países más chicos o económicamente más débiles, debían especializarse en aquellas actividades en que tuvieran ventajas comparativas, desarrollándolas todo lo posible como forma de mejorar su competitividad. Porque en las actividades en que no tuvieran esas ventajas, difícilmente podrían, en un régimen de competencia, superar a los países más poderosos.

La globalización y el desarrollo de las comunicaciones, hacen que la competencia a la informática, esté en todo el mundo, liderada por gigantes como EEUU, la Unión Europea, China e India. En cambio en los agronegocios, la ubicación geográfica, los recursos naturales (clima, suelos, agua) el expertisse (conocimientos más experiencia) y otros factores de producción no fácilmente trasladables, son determinantes de las posibilidades de desarrollo de los productos primarios y su primer fase de industrialización.

Y en Uruguay, con dificultades, a los tropezones, pero hemos construido un cierto nivel de especialización productiva que, sumados a nuestros recursos naturales, nos ubican entre los líderes mundiales en ciertos rubros, no por la escala productiva, pero si por la calidad de los productos y la eficiencia en los procesos de producción y de comercialización. En algunos productos más diferenciables maximizando la calidad del mismo (carne vacuna, arroz, lácteos) y en otros menos diferenciables minimizando los costos de producción (soja, celulosa, en el futuro el hierro).

Hacer cada vez mejor aquellas cosas en que, estamos además en mejores condiciones para llevarlas adelante, creemos que es un camino ineludible para nuestro desarrollo.

Muchos países y de muchos tipos bastante más desarrollados que nosotros –chicos como Nueva Zelandia o Dinamarca, medianos como Sudáfrica o Noruega, grandes como Australia y Canadá- presentan un componente de producción primaria y de agronegocios determinantes de su estructura productiva, sin complejos por la “primarización” de su producción.

¿Esto significa que debamos dejar de lado a la informática? De ninguna manera. Las mejoras tecnológicas en todos nuestros rubros agropecuarios requieren de una creciente participación de la misma. La trazabilidad y las cajas negras con la sincronización diaria de sus bases de datos en la carne vacuna, el mejoramiento genético en animales y plantas tanto por métodos de genética cuantitativa como molecular, la georeferenciación para la agricultura de precisión y muchos otros usos, la moderna climatología, la mejora a través de la ingeniería genética de la eficiencia de numerosos procesos agroindustriales, son algunos ejemplos de desarrollos o adaptaciones informáticas locales, determinantes de nuestra competitividad, que luego de probarlas en nuestro país, se empiezan a exportar.

Entonces una vez más, no se trata de antagonismo sino de complementariedad, no se trata de antiguas y modernas, sino de diferentes. Es imposible un agro moderno sin un creciente apoyo de las TICs, y los agronegocios, además de ser la columna vertebral del desarrollo nacional, constituyen, como ya se dijo, una excelente plataforma de desarrollo informático.

Abramos las mentes, entendamos los procesos, y dejemos de lado las caracterizaciones en base a prejuicios y caricaturas, las condenas o las idealizaciones a priori. Porque no estamos hablando de Steve Jobs en el valle del Silicón, ni de don Rudecindo en el valle del Salsipuedes.

 

Escrito en la primer semana de Febrero de 2015.

 

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