Pacto de caballeros

El País Agropecuario
Marzo del 2008

El compromiso

En setiembre del 2004, los doctores Tabaré Vázquez, Jorge Larrañaga y Pablo Mieres y el escribano Guillermo Stirling, en calidad de candidatos presidenciales de sus respectivos partidos, firmaron una Declaración surgida de las reuniones que dichos candidatos, acompañados de sus asesores, mantuvieran con la Asociación Rural del Uruguay.

El  documento resumía los principales acuerdos a que se comprometía quien fuera electo Presidente en las elecciones a celebrarse al mes siguiente, donde se manifestaba el “compromiso explícito de apoyo al sector agroexportador”. Entre estos acuerdos, destaquemos dos que son pilares de nuestra competitividad y por consiguiente de nuestras posibilidades de desarrollo: los referidos al tipo de cambio  real y a la innovación y el cambio técnico.

Sobre estos temas, se comprometían los firmantes de dicho documento a: “Mantener un régimen cambiario flexible que respete las variaciones en el tipo de cambio real de equilibrio, de forma de no afectar la competitividad de los sectores exportadores” y a “Promover la investigación y el cambio tecnológico como elementos claves para el mantenimiento de la competitividad del sector”.

Algo del contexto

Con posterioridad a aquella fecha, la tendencia ascendente del precio de las materias primas y de los insumos básicos para su producción, que ya en aquel momento era importante, se hizo, en muchos casos, explosiva. El gran crecimiento económico de los dos países más poblados del mundo –China e India- junto al nacimiento de nuevas generaciones de “tigres asiáticos”, generaron tal demanda de alimentos para una enorme población con creciente poder de compra, y de insumos para su producción industrial, que destruyó, al invertirlo, al viejo postulado cepalino del “secular deterioro de los términos de intercambio” entre materias primas y productos industrializados.

Y al crecimiento genuino de los precios generado por la demanda, se sumó el componente especulativo en los mercados a futuro de esas mismas materias primas, lo que aceleró el crecimiento y simultáneamente la volatilidad de los precios. La amenaza de nuevas “burbujas” de finales impredecibles empieza a empañar el optimismo imperante en los países agroexportadores, petroleros y mineros.

Ningún gobierno puede por consiguiente, atribuirse los actuales éxitos de las economías agroexportadoras. Si hay que ponerle el nombre de una persona a este fenómeno de alcance planetario, es el de Deng Xiaoping [1], el líder chino que hace 30 años dio un giro de 180 grados a la conducción económica de su país, abriéndolo a la economía de mercado. Desde entonces, la economía china creció a cerca del 10% anual, lo que implica que su PBI se multiplicó aproximadamente por 15 en las 3 últimas décadas.

La competitividad

En un país con un mercado interno minúsculo y por consiguiente necesariamente abierto al mundo, la competitividad, es decir la capacidad de competir exitosamente frente al resto del mundo en la producción de bienes y servicios, es, en términos económicos, cuestión de vida o muerte. Y la competitividad depende, no única pero sí principalmente del tipo de cambio real (TCR)[2]

No es casualidad pues, que este tema, el del TCR “de equilibrio”[3] y sus desviaciones, el “adelanto” o el “atraso” cambiario, esté tan trillado en el país, por lo que trataremos de evitar los juicios de valor y ceñirnos a lo que expresan los datos objetivos.

Tomando como base enero del 2005, el Índice de TCR que calcula mensualmente el BCU muestra que en los últimos 3 años [4] la competitividad global cayó un 9%, la extrarregional un 21% y la regional mejoró un 5%, producto de una caída del 15% frente a Argentina más que compensada por una mejora del 16% respecto a Brasil.

Pero Argentina y Brasil, sumados, explican solo el 25% de nuestras exportaciones, por lo que la competitividad extrarregional es la principal. Y el TCR extrarregional de enero del 2008 es igual al de mayo del 2002, el mes previo a la devaluación. Pero por supuesto, con un contexto externo radicalmente distinto.

Alguien desvinculado de la economía real podría pensar que esto es producto de la caída de nuestros precios de exportación. Todo lo contrario. Esta pérdida de competitividad se da en el contexto de mayores incrementos históricos de los precios internacionales de varios de nuestros principales productos exportados. En estos 3 años el precio de la carne y del arroz se multiplicaron por 2, los de la leche, la soja y los derivados de la madera por 2,5, el del trigo por 3. Otros productos tuvieron subas menores, pero todos subieron.

2008-3 Pacto de caballeros 1

El cuadro siguiente muestra la variación del índice de precios de nuestras exportaciones elaborado por la Cámara de Industrias del Uruguay. El índice global se incrementa en los últimos 3 años 31 puntos porcentuales, mientras el grupo de los alimentos lo hace en 46 puntos, y los otros grupos en cifras menores.

2008-3 Pacto de caballeros 2

Pero esta bonanza en los precios de los productos, tiene la contratara del aumento vertiginoso de los costos de producción, de ahí la pérdida de competitividad. Y nuevamente acá parte del problema es importado, y otra parte es industria nacional. En el mismo período ya considerado, el precio de los fertilizantes nitrogenados se multiplicó por 1,5 y el de los binarios por 3, el petróleo por 2 pero el gasoil (Ancap mediante) casi por 3. Y los salarios que vía Consejos respectivos recogen toda la inflación en pesos más un porcentaje de “recuperación”, expresados en dólares, también crecieron significativamente, lo mismo que otras tarifas públicas.

2008-3 Pacto de caballeros 3

Ante esta realidad, se argumenta desde el gobierno que la caída del valor nominal del dólar, es un fenómeno mundial, lo que obviamente es cierto. Pero si el dólar se devalúa para todos, pero para nosotros más que para los demás (excepto Brasil y algún otro), dado que nuestro TCR se deteriora, quiere decir que nuestra política económica acelera esa caída, o la de los demás la frena, o una mezcla de las dos cosas. En cualquier caso, el compromiso de defensa de la competitividad  no se está cumpliendo.

La innovación y el cambio técnico

En enero del 2007 nos sorprendió un decreto que suspendió “por 18 meses el tratamiento de nuevas solicitudes de autorización para la introducción de organismos genéticamente modificados. Simultáneamente se creó un Grupo de Trabajo Interministerial (MGAP, MSP, MEF y MVOTMA) “para el diseño de los lineamientos y políticas sobre biotecnología, incluyendo la participación de diversos sectores de interés o grupos de opinión, del sector privado, la sociedad civil y la academia”

En diciembre del 2007 se realizaron las primeras declaraciones de ese Grupo de Trabajo, donde se informaba que no iba a haber nueva moratoria. Definición esencial, porque aleja al fantasma de la prohibición de los transgénicos, la mayor expresión del cambio técnico.

Posteriores declaraciones del nuevo ministro Agazzi a la prensa, lo confirman “Uruguay tiene derecho a decidir…tiene la obligación de utilizar todos los conocimientos científicos y técnicos más modernos en su territorio para beneficio de su pueblo…estamos siendo absolutamente pragmáticos, basados en datos de la información científica y del conocimiento disponible…el camino elegido es el de la coexistencia de una agricultura extensiva, con una más intensiva y una orgánica…esperemos la propuesta final que va a incluir normativas, el itinerario de las autorizaciones, y algunas cosas genéricas” [5]

Bienvenidas estas definiciones, que cuando entren en vigencia al vencimiento del plazo de 18 meses (junio del 2008) evitarán que sigamos perdiendo un tiempo precioso en la carrera por la competitividad. Al igual que en otros ámbitos oficiales, se sataniza todo lo anterior, se vuelve empezar de cero, y dos o tres años después, se sigue transitando el mismo camino, con proyectos “reformulados”. Pero la reformulación tiene que ver mucho más con la literatura relativa a objetivos o beneficiarios, que con la esencia de las normativas [6].

Nada impedía la coexistencia de una agricultura transgénica (soja, maíz y nuevos eventos a autorizarse), con otra no transgénica por razones básicamente comerciales  (como la arrocera) y otra orgánica (pequeños nichos para algunos productos). Y la institucionalidad ya existente permitía la realización de los controles necesarios. El “camino de la coexistencia” no se descubrió ahora, no lo creó ningún gobierno, existía  producto de las diferentes iniciativas privadas.

Pero se detuvo todo durante año y medio -a lo que debe sumarse otros dos años de evaluación de las futuras solicitudes- para que, con una retórica diferente, sigamos haciendo más o menos lo mismo. La variable tiempo, esencial en toda carrera porque los competidores no se detienen, parece no ser mayormente tenida en cuenta.

En definitiva

Respecto a la competitividad, el “pacto de caballeros” que implicó la firma de la Declaración de setiembre del 2004, no se ha cumplido. Y lo peor es que este incumplimiento se materializa en el mejor contexto externo imaginable (con la excepción del precio del petróleo). Es común oír decir a políticos y formadores de opinión en relación a la suba de los costos “no importa porque el precio del producto subió”

Claro que importa, no se trata de mantener un empate permanente, se trata de aprovechar el muy buen momento externo para dar el salto en productividad, que implica grandes inversiones en infraestructura, equipamiento y cambios tecnológicos con su ineludible componente de riesgo.

En relación a la innovación y el cambio técnico, se han hecho esfuerzos importantes, principalmente a nivel institucional, impulsando el Gabinete de la Innovación y otras iniciativas en el mismo sentido. Pero parece que existiera un “síndrome de la nueva era” que obliga a borrar y empezar de nuevo, como condición necesaria para que salgan bien las cosas.

Esto implica un desconocimiento o mejor dicho negación de todo lo que se haya hecho anteriormente. Si esto solo fuera la ideologización de las decisiones vinculadas a los procesos productivos, sería absurdo pero no haría mucho daño. El problema es que en el mundo actual no se puede perder un día, y nosotros perdemos años discutiendo el sexo de los ángeles. Ojala se terminen las medidas tranquilizadoras de corporaciones ruidosas, y se prioricen decididamente las vinculadas al desarrollo económico del país, en beneficio del conjunto de nuestra sociedad.

 

El autor agradece la colaboración del Ing. Agr. Pablo Jiménez de Aréchaga

[1] Cuando le cuestionaron el giro hacia el capitalismo de un gobierno comunista, contestó, refiriéndose al crecimiento económico “Lo importante no es si el gato es blanco o  negro, sino si caza ratones” Aforismo que, a pesar de haberse hecho famoso en el mundo entero, parece no haber llegado a nuestras costas.

[2] El TCR está determinado por el TC Nominal  (relación  de intercambio entre la moneda nacional y la de exportación, generalmente el dólar) y los precios relativos de los productos transados entre los países intervinientes en la transacción.

[3] El TCR de equilibrio, es aquel que mantiene en equilibrio las principales variables de la economía, tanto a nivel interno (mercado de bienes no transables) como externo (cuentas nacionales)

[4] Enero del 2008 (último dato disponible) respecto a enero del 2005

[5] El Observador Agropecuario, 14 de marzo del 2008

[6] A título de ejemplo, el Proyecto Ganadero del MGAP iniciado en la administración anterior, estuvo parado 3 años, reformulándose, para reiniciarse prácticamente en los mismos términos.

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