Sin novedad en la cría

El País Agropecuario
Junio del 2009

Los antecedentes

El inédito crecimiento de la producción de carne vacuna alcanzado por el sector ganadero uruguayo en las últimas dos décadas, es legítimo motivo de orgullo para la agropecuaria nacional. Y no es secreto para nadie que el mismo se ha logrado sin que, por las razones sanitarias que por afortunadamente existen, se pudieran importar terneros para abastecer la cadena de producción de carne.

Se podrá argumentar que, si hubiera habido suficientes terneros, ese crecimiento habría sido mucho mayor. Y es una hipótesis atendible. Pero si esto fuera cierto, la consecuencia inevitable habría sido un sostenido incremento del precio de los terneros por la presión de demanda, tanto en términos absolutos como en relación con el precio del animal terminado. O sea que la relación de precios kg de ternero/kg de novillo habría aumentado sostenidamente.

Y el precio del ternero aumentó, lo mismo que la relación antedicha que pasó, desde el 0,9 a 1,0 de la época del estancamiento productivo al 1,1 a 1,2 de la actualidad. Pero este incremento es unánimemente considerado como insuficiente por los criadores y los formadores de opinión que reiteran a diario que “el problema está en la cría”. Y que, para aumentar los destetes, muy inferiores al potencial biológico, hay que mejorar el precio del ternero.

Pero ambos argumentos son insostenibles en forma simultánea. Porque una de dos: si el porcentaje promedio de destete es bajo, entonces el precio del ternero está alto, dado que bajará si la oferta de terneros aumenta. O al revés, si el precio del ternero es bajo, el porcentaje de destete está bien, porque si sube, el precio bajará aún más.

Los datos actuales

El 30 de Junio tomaron estado público las estimaciones sobre los porcentajes de preñez alcanzados por el rodeo nacional a partir de los entores del verano pasado. Con las relativizaciones del caso, dado que no se trata de una muestra con diseño estadístico, ni que cubra todo el país, el porcentaje promedio se ubicó en el 59%. Este dato reforzó la visión negativa que existe sobre la eficiencia del proceso de cría, dado que este porcentaje se ubica en el orden del 20%  inferior respecto al valor alcanzado en el año anterior. La sequía, obviamente, es la responsable básica de este retroceso.

Y la conclusión sacada de lo anterior, es que el funcionamiento del conjunto de la cadena cárnica se verá resentido en los próximos 2 a 3 años, dada esta menor producción de terneros del 2009. Es evidente que algo de esto habrá, pero los efectos anunciados nos parecen bastante exagerados, por varias razones que se exponen a continuación.

En primer lugar, por tratarse de un proceso biológico largo, cuya totalidad involucra varios años, no pueden tomarse los datos de un año como determinantes, sino que habría que usar algo así como trienios móviles, lo que daría algo más cercano al promedio histórico. De lo contrario, el muy buen porcentaje de preñez alcanzado en el 2008, debería entenderse como un “exceso” de materia prima en un par de años.

Estimando que el promedio histórico de destete se ubica en unos 5 puntos porcentuales por encima del porcentaje de preñez alcanzado este año, y que tenemos unos 4 millones de vacas de cría, el “faltante” de terneros sería de unos 250 mil terneros. Y si en vez del promedio histórico tomamos el valor del año pasado, 20% superior al de este año, estimaríamos el “faltante” como máximo en unos 800 mil terneros. Entre esos dos valores, 250 y 800 mil, digamos en promedio en un medio millón de terneros, se ubicaría el déficit real que este mal año determinaría para la cadena cárnica.

Pero la cadena cárnica no tiene, a nivel primario, un solo modelo productivo, lo que se expresa en las diferentes edades de faena existentes. Esto le otorga cierta plasticidad al conjunto, lo que llevará a que el “escalón” negativo de este año, se diluya a mediano plazo, en la faena de los próximos 2 a 4 años, digamos en unos 150 a 200 mil novillos anuales, algo menos del 10% de la totalidad de la faena actual.

¿Tiene la cadena cárnica la capacidad para asimilar este impacto negativo producto de la sequía del 2008/2009? Sin duda que sí, y los mecanismos son variados. En primer lugar, por las probables mayores preñeces en los entores subsiguientes (efecto no esperable en el de otoño/invierno de este año por la prolongación de la sequía). En segundo término, porque el menor número de terneros aumentará su precio –y más lo aumentará cuanto menor sea aquel- lo que estimulará la mejora en las preñeces de los entores subsiguientes, al orientarse un mayor esfuerzo productivo –pasturas, suplementación, etc- al proceso de cría. Finalmente, porque existirán estímulos para que, el eventual menor número de vacunos a faenar, sean llevados a pesos de faena mayores por disminución de la presión de reemplazo, lo que también compensará en términos de volumen de producción, a la disminución del número de cabezas faenadas.

Las conclusiones

De nuevo, el error de considerar al porcentaje de preñez o de destete como sinónimo de la eficiencia del proceso de cría –desconociendo la existencia de otros factores que tienen un efecto compensador- y una extrapolación mecánica de este error hacia el funcionamiento del conjunto de la cadena, genera estos temores alarmistas. El “tirón de la cola” que representan los efectos de la sequía tanto sobre el comportamiento de la fase de cría como del conjunto de la cadena cárnica, será en gran medida compensado por la plasticidad del conjunto del sistema en el caso de la cría, y por la enorme capacidad de intensificación del conjunto de la producción cárnica, dado el nivel de la tecnología disponible y la potencialidad de la simbiosis de la producción ganadera con la agricultura y en menor medida con la forestación.

Los años malos forman parte del promedio, lo mismo que los buenos. Y el promedio de la productividad de la cadena cárnica aumenta sostenidamente desde hace años, lo que le ha permitido mantener e incluso incrementar el volumen producido aún perdiendo superficie de pastoreo por el incremento del área agrícola. Lo que debemos temer es a una eventual caída del precio internacional de la carne, o a un aumento del precio del petróleo con sus efectos encarecedores sobre los insumos productivos, lo que deterioraría la ecuación económica básica de la producción ganadera.

El resto, confiémoslo a la inteligencia colectiva de los operadores involucrados, eso a lo que comúnmente denominamos mercado. Ellos, los productores, los industriales, los proveedores de insumos y servicios, adaptarán sus decisiones –con las lógicas rispideces producto de los intereses encontrados- de forma de adecuar nuestras capacidades al contexto de nuestras posibilidades.

Por lo demás, podemos decir que no hay novedad en la cría, porque la gestión del riesgo, factor determinante del resultado económico de la actividad ganadera, tiene la obligación de tener en cuenta la posibilidad de estas adversidades. Los intentos de modificar administrativamente esos resultados, producto tanto de diagnósticos equivocados como de presiones corporativas, no han mostrado, en el pasado, resultados socialmente positivos, y nada hace presumir que lo muestren en el presente. Por mejores que sean las intenciones de los que lo promuevan o las capacidades políticas de los que lo ejecuten. A no ser que se logre incidir sobre el clima, haciendo llover cuando todo se seca, y parando la lluvia cuando todo se inunda.

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