Un partido que se complica

El País Agropecuario
Octubre del 2005

Llama la atención que, en la era de las comunicaciones instantáneas, cuando las noticias dan la vuelta al mundo en un segundo, en el Uruguay algunas novedades demoran un par de años en recorrer unos pocos cientos de kilómetros, para llegar desde el interior a la capital.

Quizá la causa de esa demora sea que, para algunos, esas novedades no son tales hasta que no quedan registradas en las cuentas nacionales del BCU.

La posdevaluación

Cuando a mediados de 2002 se produjo el sinceramiento de nuestra economía, las condiciones económicas objetivas de los procesos productivos de bienes transables -en particular el sector primario y su agroindustria y servicios asociados- recuperaron la competitividad perdida durante la década larga del espejismo financiero y de cuentas nacionales que “cerraban” en base a consumo, déficit fiscal y endeudamiento.

Cuando, en el año siguiente, al realismo cambiario se fue sumando la mejora en los precios internacionales de los principales productos de exportación de nuestro país -carne vacuna y ovina, lana, lácteos y oleaginosas1-, el dinamismo del sector agroexportador llegó a su nivel más alto, cerrando el ejercicio 2003/2004 con niveles de rentabilidad e inversiones difíciles de recordar en las últimas tres décadas.

La poco frecuente combinación de buenos precios y tipo de cambio alto desató un proceso de inversiones durante 2003 y 20042 que determinó niveles de producción y exportaciones récord en 2004, que seguramente se verán superados al cierre de 2005. La ausencia de financiamiento bancario no fue limitante para ese proceso, dado que una parte sustancial del mismo ha venido de fuera del sector e incluso del país.

Ahora bien, como es obvio, las inversiones requieren de un proceso de maduración para transformarse en un mayor producto, que, dependiendo del rubro, varía entre un mínimo de seis meses -cultivos agrícolas, lechería, invernada- y un par de años -ganadería en general- o más, cuando se trata de inversiones en maquinaria o infraestructura. Los récords de exportaciones de 2005 sólo en una proporción menor derivan de inversiones hechas en este mismo año, siendo resultado básicamente de las realizadas en los dos años anteriores.

Y, para finalizar este repaso, recordemos que las decisiones de inversión se toman en base a las expectativas de ingresos futuros, derivadas principalmente de la evolución de los mismos en el pasado inmediato, siendo para ello determinantes los precios de insumos y productos, y, en una economía abierta como la uruguaya, el tipo de cambio, como polea de transmisión de esos precios al resultado económico real de las empresas.

¿Por qué lo del inicio? Porque a nivel de la conducción económica parece que se confundieran las condiciones objetivas de 2003-2004 con los resultados de las mismas que se constatan en 2005. Como que esas buenas noticias tardaron dos años en llegar, confundiéndose aquellas condiciones pasadas con las consecuencias de las mismas que se constatan en el presente.

La frenada

Aunque no existan por el momento datos que lo confirmen o desmientan, es una sensación generalizada que en 2005 se frenó el proceso de inversiones constatado en los años previos. Claro que la inercia de los procesos biológicos no convierte inmediatamente esa menor inversión en menor producción, y por eso 2005 cerrará con récord de exportaciones. Y además porque la carne vacuna, nuestro principal rubro de exportaciones, atraviesa un momento de condiciones externas excepcionalmente buenas3.

Las causas de esa frenada pueden ubicarse en tres planos: la disminución (o aumento de la volatilidad) de los precios internacionales de varios productos de exportación, la caída del tipo de cambio real y los anuncios sobre intervención oficial en el funcionamiento de algunos mercados. Sobre el primero poco o nada puede hacer el gobierno. Sobre el segundo hay condiciones externas que lo promueven, pero el gobierno no las modera sino que las acentúa a través de la política monetaria. El tercero es de su exclusiva responsabilidad.

Las gráficas adjuntas muestran la evolución de los precios de los principales productos e insumos en los tres últimos años, en dólares y en pesos, en ambos casos expresados en sus valores corrientes4.

En la mayoría de los precios de los productos se constatan caídas en sus valores en dólares (rubros ovinos, cereales, oleaginosas), que se agudizan cuando se las expresa en pesos, dado el menor valor del dólar.

Los dos rubros de mejor comportamiento, la carne vacuna y la lechería, presentan aumentos de sus precios en dólares aún en 2005, que la inflación en esta moneda erosiona hasta dejarlos aproximadamente constantes cuando se los expresa en pesos.

En las tres últimas gráficas se muestra información sobre la evolución de tres insumos básicos: combustibles, fertilizantes y costo de la mano de obra. Los dos primeros, asociados al precio del petróleo, experimentan importantes aumentos en dólares, que se mitigan parcialmente por la caída del valor interno de esta moneda. En la mano de obra, nominada en pesos, el valor del dólar opera a la inversa. Los salarios, asociados al IPC, suben en pesos, pero más en dólares, deteriorando así la competitividad de los procesos productivos nacionales.

En síntesis, hay una suba generalizada de costos en todas las actividades productivas y un deterioro de los ingresos en la mayoría de ellas. En las que aún se constatan aumentos de precios internacionales, los mismos desaparecen cuando se los pasa a pesos. Pero, cuando los precios internacionales caen, la inflación en dólares los sumerge. La caída de la inversión, con sus efectos adversos sobre la producción futura, no debe pues sorprender a nadie.

Sobre el tercer punto, los anuncios de intervención en algunos mercados tampoco son una buena señal. Por ahora sólo se han concretado en asuntos de incidencia marginal, como “el asado del Pepe”. Otros más graves, como prohibir la faena de hembras, sólo parecen haber sido “globos sonda”, pero no ayudan a generar la tranquilidad que los procesos de inversión requieren.

Este apretado resumen pretende mostrar las tendencias determinantes de la competitividad actual de los principales rubros de exportación del país. Los aumentos de los precios internacionales de los últimos años se han reducido o incluso se ha revertido la tendencia alcista, con caídas importantes en algunos productos, lo que se profundiza por el fenómeno del bajo valor del dólar.

Por otra parte, los insumos, ya sea por el precio del petróleo -que incrementa el valor de todos sus derivados-, o por factores internos (Consejos de Salarios, aumento de fletes, etc.), se han encarecido a todos los niveles, aunque con distinta magnitud según se asocie con la evolución del dólar o con la del IPC.

Pero, en definitiva, el año 2005 muestra, a quien no se niegue a verla, una importante caída de la competitividad sectorial, que ya se está reflejando en la retracción de la inversión, que se materializará en caída de la producción sectorial en los años venideros.

Lo que se viene

Cómo ve el presente y el futuro el equipo económico queda expresado en la ley de presupuesto presentada al Parlamento el mes pasado. Dado que somos tomadores de precios, nos centraremos en los planos en los que el gobierno puede actuar.

Con relación al tema de la inflación en dólares, la evolución prevista por el presupuesto para el quinquenio 2005-2009 de los dos parámetros que la definen, IPC y tipo de cambio, determina un incremento acumulado del 27% en el caso del IPC y una caída del 8% en el caso del TdeC, es decir una inflación en dólares acumulada del 38%.

Pero justo es decir que la mayor caída del TdeC es la ya constatada en el presente año, que se estima en un –13,2%, con un incremento del IPC del 4,9%, lo que implica una inflación en dólares del 20,9% en el 2005. Si se acumulan los cuatro años siguientes, 2006-2009, el IPC crecería un 21% y el TdeC un 6%, lo que implicaría un incremento de la inflación en dólares del 14% adicional.

Para hacerlo más fácilmente entendible, si las proyecciones del equipo económico se cumplieran, y partiendo por ejemplo de un TdeC de $ 24 por dólar a fin de año, al final del actual período de gobierno tendríamos un dólar que, a precios actuales, sería del orden de los $ 21.

En buen romance, una estrategia que apunta a profundizar y consolidar la inflación en dólares que tanto perjudica la competitividad de nuestra economía. Es una visión pesimista, pero es la que muestran los números. Y es una lástima porque, cuando no se le recortan los ingresos -como en este caso, vía “impuesto cambiario”-, el sector agroindustrial uruguayo demuestra que funciona como la locomotora que nuestra economía necesita.

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El autor agradece la colaboración del Ing. Agr. Pablo Jiménez de Aréchaga

1 El arroz ya disminuyó su precio en dólares en el 2004, profundizándose la caída en el 2005.

2 La carne vacuna tuvo su mayor incremento de precio más tarde, a partir de mediados del 2004 hasta mediados del 2005, que compensó la caída del tipo de cambio real en el mismo período.

3 Nuestro actual estatus sanitario nos permite entrar al mercado estadounidense en momentos en que por esa misma razón no lo pueden hacer nuestros competidores regionales, y en que no tienen mayor interés vendedor nuestros competidores de Oceanía, que priorizan el abastecimiento de mercados asiáticos más cercanos y con mejores precios. Además, la ganadería de EEUU está en un momento de recomposición del stock, lo que genera baja oferta interna y por consiguiente precios elevados.

4 Habitualmente, este tipo de información se presenta en pesos constantes, es decir deflactando los valores para eliminar el efecto de la inflación. Como ésta ha sido muy baja en los últimos años, se optó por dejar los valores corrientes, aunque esto amortigüe en algo la caída real de los precios. En contrapartida, tampoco se tomó en cuenta la inflación internacional del dólar, que opera en sentido contrario. Así, la información es más fácilmente entendible, aunque se subvalore ligeramente la caída real de los precios.

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