¿Y qué hicieron con la plata?

Rodolfo M. Irigoyen
Noviembre 2016

La pregunta del título se escucha con frecuencia, realizada a los productores agropecuarios, y referida a los ingresos generados durante los años del auge productivo, y que ahora, cuando los precios de los productos primarios han sufrido un pronunciado descenso, deberían estar disponibles para paliar la crisis. Generalizando, podríamos acotar ese período de auge a los once años que van desde el ejercicio agrícola 2002/2003 al 2013/2014, y la caída de los precios al trienio siguiente, 2014/2016.

El contexto

Por supuesto que cada rubro tiene su dinámica particular, en general los precios que habían subido más en la década previa (lácteos, soja, cereales) fueron los que sufrieron las caídas también mayores: del orden del 30% en los granos llegando al 50% en la leche, mientras que las oscilaciones en la carne vacuna no sobrepasaron el 15 al 20%. El cierre del 2016 muestra un escenario de recuperación parcial del precio de la leche y de relativa estabilidad en los de granos y carne.

Pero no es el análisis de los precios el objetivo de este artículo. Alcanza con delinear, a grosso modo el cambio ocurrido en el escenario económico sectorial, para lo cual es necesario introducir dos nuevos elementos: el de los costos de producción, y el siempre determinante tipo de cambio real, ambos estrechamente vinculados.

Y también someramente podemos indicar que durante el período de auge de los precios de los productos, con un dólar “planchado” en los 19 pesos, los costos de producción crecieron con un ritmo por lo menos similar al de los precios de los productos, por lo que, tomar estos precios como indicador del ingreso neto de la explotación, sobrevalúa el resultado económico real de la misma. Y como el precio de la tierra acompañaba todo el proceso, asociar el valor inmueble con resultados productivos, reitera e incrementa el mismo error.

A partir del 2014 el dólar empieza a fortalecerse siguiendo, atenuada, la tendencia internacional, lo que llevó a una disminución de los costos reales de producción, sobretodo en rubros con un importante componente importado de los costos. Esa tendencia se revirtió a inicios del 2016, y a noviembre el dólar ha perdido cerca de un tercio de lo ganado en los dos años previos, con el consiguiente efecto depresor sobre el resultado económico de las explotaciones.

¿Y la plata?

Los cuadros siguientes muestran alguna información relativa a los incrementos de producción que acompañaron a la bonanza de los precios. El primero, muestra que la producción agrícola creció (aunque partiendo de una base reducida) a más del 15% anual, lo que implicó la casi quintuplicación del volumen producido en el período, mientras que el arroz (partiendo de una base alta) creció al 4%, lo que determinó un crecimiento del 50% de su volumen de producción. La leche, de ciclo biológico más largo, tuvo un notable crecimiento superior al 5%, lo que aumentó su producción, que ya era importante, en un 80%. La carne vacuna, el rubro tradicionalmente más importante, de ciclo biológico más largo y de oscilaciones de precios más moderadas, creció de todas formas al 1,4% promedio, aunque el crecimiento total se concentró en los primeros 3 o 4 años del período, manteniéndose posteriormente en un nivel estacionario.

¿Cuál es la conclusión evidente que muestran estos datos? Hasta el mayor desconocedor de estas actividades productivas, puede darse cuenta que esos impactantes incrementos de producción, requieren, para lograr su concreción, de niveles no menos elevados de inversiones. Adicionalmente, la agricultura que en gran medida basó su crecimiento en aumento del área, debió recurrir para ello a nuevas tierras de productividad y/o localización menos favorable -lo que implica aumentos adicionales de costos unitarios de producción- incurriendo además en necesarias inversiones en generación de infraestructura productiva (silos, caminería, alambrados etc)

Esas tierras que pasaban a la agricultura eran, generalmente las mejores tierras ganaderas, las invernadas, por lo que la ganadería para crecer o por lo menos mantener su nivel de producción en volumen físico (y aumentar la calidad de su producto como efectivamente ocurrió) también debió intensificar sus inversiones, en praderas, en cultivos forrajeros, en corrales de engorde.

Otros rubros[1] como la lechería y el arroz, más intensivos que la ganadería, aunque con aumentos de área de menor magnitud, de todas formas requirieron de significativos aumentos en los niveles de inversión para alcanzar los incrementos de producción obtenidos.

En otras circunstancias, esos niveles de inversión se financian con endeudamiento. Pero el cuadro ya mencionado muestra, por último, que la relación de deuda respecto al producto disminuyó a menos de la mitad en el período considerado. O sea que el sector se “sanea”, recurriendo para ello a los ingresos genuinamente generados en los procesos productivos y también –aunque no se encuentre cuantificado- en ingresos provenientes de ventas de activos, en particular de tierras con fines agrícolas que pasaron a manos de inversores principalmente argentinos.

El estado de la cancha

Es frecuente que estos procesos de dinamización y crecimiento de las actividades productivas de un país se lleven adelante al influjo de condiciones especiales que el Estado genera con ese fin. Desarrollo de infraestructura de apoyo en particular de las carreteras, ferrocarriles y puertos, subsidios a insumos productivos claves para los procesos de ampliación e intensificación de la base productiva, tarifas de servicios públicos también subsidiadas o por lo menos producidas competitivamente, y, en caso de economías abiertas como la uruguaya la preservación de tipos de cambio reales competitivos, suelen ser las principales herramientas con que se fomenta la producción agrícola.

Todo proceso de intensificación productiva va asociado a mayores consumos de energía, en todas o alguna de sus formas. La tecnología agropecuaria es “energía intensiva”, por consiguiente los costos de combustibles y de energía eléctrica son cruciales para viabilizar dichos procesos de expansión e intensificación de la producción. Y en el caso de Uruguay, ambos insumos claves son producidos en régimen de monopolio por el Estado.

El segundo cuadro muestra los precios relativos de las diferentes formas de energía en Uruguay y países de la región, en un momento pico de nuestra “revolución productiva”. La desventaja de nuestro país frente a sus competidores regionales es notoria. Y si al costo del gasoil se le agrega el estado de nuestra red de carreteras y de nuestro ferrocarril, se obtiene lo que muestra el tercer cuadro: el costo del transporte de productos agropecuarios en Uruguay es también significativamente mayor que en los países vecinos.

Se dirá, con razón, que en Argentina los combustibles eran baratos porque se subsidiaban con las retenciones que efectuaba el Estado sobre los precios de exportación de productos agrícolas. Pero nada impide que en una economía más libre como la nuestra, se permitiera importar gasoil a precios mucho menores que los de Ancap, la que, a pesar de cobrar los precios más altos, acumuló una gigantesca deuda que todos estamos financiando.

Por razones de tiempo y espacio no nos ocuparemos del tema impositivo, baste recordar que según la propia información de Opypa/MGAP, la presión impositiva sobre el agro también creció durante todo el período.

En definitiva

Es muy claro “que se hizo con la plata”. En primer lugar se reinvirtió, para producir más y de mejor calidad, con todo el encadenamiento de efectos favorables, sobre el empleo rural y básicamente agroindustrial, sobre el crecimiento de los servicios a la producción, sobre el nivel de exportaciones, sobre los ingresos del Estado, lo que en general redunda en la mejora del nivel de vida de los uruguayos. Pero además, se hizo con plata propia, pagando las deudas, no inflando burbujas para después dejar el pozo.

Y no puede decirse que el estado de la cancha, de la que el Estado es el principal responsable, fuera bueno. Es cierto que se jugó con bastante libertad, sin sufrir los atropellos confiscatorios que debieron soportar los argentinos. Pero el permanente aumento de los costos de producción en particular los que dependían del Estado, el desastre de nuestras comunicaciones, el atraso cambiario que erosionó nuestra competitividad durante largos períodos (los datos del BCU son inapelables), todo resumible en el terrible “costo país” que tanto limita nuestro crecimiento, también puede servir para ver que se hizo con la plata.

Y claro, así como se hicieron las inversiones productivas, también vinieron las camionetas nuevas, y por qué no, alguna ida a Europa con la patrona. Pero basarse en esto último para preguntar ¿pero que hicieron con la plata? en medio de la difícil situación actual, denota una vez más la presencia de esa mezcla de ignorancia y prejuicios respecto al sector agropecuario, tan característica de la mayoría de nuestra sociedad.

CUADROS

Crecimiento del volumen de producción de los principales rubros y Tasa de Crecimiento Anual (%) en el período 2002/03 a 2013/14 y nivel de endeudamiento en 2003 y 2014 (SCB/PBI en %)
Año 2002/2003 2013/2014 TCA
Carne vacuna (miles ton en pié) 955 1115 1,4
Granos de secano (miles de ton) 1038 4872 15,1
Leche (millones de litros remitidos) 1120 2010 5,5
Arroz (miles de toneladas) 906 1360 3,8
Cociente Deuda/PBI 136% 59%

Fuentes oficiales

 

Precios relativos de la energía eléctrica (tarifa industria) y de combustibles en Uruguay y países vecinos (en %, Argentina=100)
Energía eléctrica Gasoil Nafta
Argentina 100 100 100
Brasil 397 93 118
Chile 289 95 130
Uruguay 414 147 146

Fuente: en base a SEG Ingeniería citado por Seragro, Abril 2012

 

Costo del transporte en Uruguay y países vecinos
(dólares por 30 toneladas a 250 kms)
Argentina 279
Brasil 447
Uruguay 600

Fuente: BID

[1]  No se analiza el sector forestal de inversión básicamente extranjera ni los rubros destinados principalmente al mercado interno como los hortifrutícolas.

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