A Frei Betto

Rodolfo M. Irigoyen
Diciembre 2011

Estimado Frei Betto: con el mayor de los respetos, me permito sugerirle que no siga oponiéndose a lo que recomienda el aserto popular, de explícito origen bíblico, que reza: “Aleluya, aleluya, cada cual a la suya”. Usted se dedica a las almas, y seguro se irá al cielo, y Joseph Blatter, presidente de la Fifa, se dedica, entre otras cosas, a organizar los campeonatos mundiales de fútbol, y seguro se irá al infierno, justo castigo por sus turbios manejos en la presidencia de la mayor transnacional del deporte y de la televisión. De los cuales, los atropellos que usted denuncia, son una tímida muestra.

Pero invertir los papeles, sería un rotundo fracaso. Blatter igual se iría al infierno, porque los Oídos del Señor no darían crédito a sus hipócritas oraciones. Y usted igual se iría al cielo, porque en sus nuevas funciones sin duda pondría toda su integridad personal y las desarrollaría con las mejores intenciones y pastoral actitud. Hasta acá, las cosas no cambiarían.

La novedad estaría en que en menos de 3 meses, su administración haría que la FIFA diera quiebra, y la organización del fútbol, con todos sus campeonatos, desapareciera. Y la consecuencia más inmediata y por demás lamentable sería que usted resultaría ipso facto linchado por una turba furiosa, en la cual seguro revistarían los humildes trabajadores brasileños que su epístola trata de defender, que se dedican a la venta de cerveza en los estadios, consumo que la FIFA prohibió.

Deje que Blatter siga su camino a la condenación eterna, mientras asegura el eficiente (aunque turbio) funcionamiento de la FIFA, y con ella los campeonatos mundiales de fútbol, como el próximo a desarrollarse en Brasil. Porque ese circo es lo que desea, en forma inapelable, el 90% de la humanidad y el 100% de los brasileños, sus compatriotas. Mientras tanto usted continúe con su labor pastoral, apuntando a la futura residencia celestial de las almas de su rebaño.

Me despido de usted expresándole nuevamente el respeto que me merece por sus siempre elevadas preocupaciones.

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