A Noam Chomsky

Rodolfo M. Irigoyen
Julio 2017

Estimado Chomsky: lo primero es lo primero. Como lingüista, en todos esos temas tuyos de la ciencia cognitiva y la gramática universal, sea lo que sea de lo que se ocupen, no dudo de que sos “el uno”. Profesorados eméritos, doctorados honoris causa, no dudo que todo bien habido.

Aclarado lo anterior, después te pasó lo que le pasa a muchos famosos. Como el mundo les rinde culto en un tema, se sienten autorizados a opinar de cualquiera. Y opinan pontificando. Te doy un par de ejemplos:

Paul McCartney, como es archifamoso por su trayectoria musical, y no le gusta la carne, afirma que si todo el mundo dejara de comer carne un día a la semana, tanto la economía como la alimentación de la humanidad, mejorarían. Sin asumir, por supuesto, ninguna responsabilidad por el daño que pudiera causar, tanto en la economía como en la alimentación de los muchos millones de personas que le creen y le hacen caso.

O, siguiendo con temas alimentarios, el caso del Papa Francisco, que como es el más famoso intermediario con el Más Allá, manifiesta no estar de acuerdo con el uso de los cultivos transgénicos, para alcanzar el difícil objetivo de alimentar a la humanidad en el Más Acá. Y sin duda que aumenta esas dificultades, porque mucha gente, dada su fama y su investidura, le cree y le hace caso, con lo que disminuye la eficiencia global en la producción de alimentos.

Dicho todo con el mayor de los respetos, porque este, por elevado que sea, no debe anular nuestro espíritu crítico. Y ahora tu caso, Noam, con las mismas aclaraciones previas. Famoso por tus méritos académicos, decidiste usar tu fama para incidir en la política mundial, convencido de que vos sí sabés como hacerlo. Y empezaste por definirte como “anarquista libertario” y con esa divisa te largaste a pontificar sobre las formas de dirigir al mundo.

Acá en Uruguay teníamos dos homólogos en lo que a la divisa se refiere. El primero, el payador (especie autóctona de juglar repentista) Carlos Molina, el “bardo arachán”, que nos dejó hace algún tiempo, no sin antes recomendarnos, durante años, en décimas algo tembleques pero de permanente tono épico, que nos abocáramos de una vez por todas al nebuloso objetivo de la “defensa de la Patria Grande”

Al otro “anarquista libertario” uruguayo no es necesario que te lo presente, lo conocés bien, es tu amigo y anfitrión José “el Pepe” Mujica. Sospecho que te llevó a conocer su chacra, porque en tu conferencia hiciste especial mención al deterioro ambiental que está sufriendo el planeta. Pero atribuirle la responsabilidad de ese deterioro al neo liberalismo que domina el mundo… ¡viejo pícaro!, nos querés hacer olvidar que luego del derrumbe de la Unión Soviética, entre otras cosas se la definió como una de las peores catástrofes ambientales que sufriera la humanidad.

También por el lado ambiental le diste respuesta a la pregunta de la Senadora Constanza Moreira, relativa a tu visión del papel jugado por los gobiernos latinoamericanos de izquierda, ante la inversión extranjera. Y denunciaste su pasividad ante las inversiones transnacionales que siguen viniendo tras nuestra tierra, tras nuestra agua, en definitiva, como siempre, tras la explotación de nuestros recursos naturales. Que para peor, ni siquiera disponen ya para su defensa de la elegante pluma de Galeano, otro libertario famoso que se nos fue.

Convengamos en que a todos nos gustaría que las transnacionales vinieran tras nuestra capacidad de innovación, tras nuestros niveles educativos, tras el uso de nuestra eficiente infraestructura, tras nuestra confiable institucionalidad y robusta macroeconomía, en fin, tras la transparencia de la acción de nuestros gobiernos democráticos.

Ocurre que no son estúpidos, Noam. Si lo fueran, no dominarían al mundo como vos bien denunciás. Ellos toman sus decisiones en base a las realidades objetivas de la economía, sin tener en cuenta nuestras trasnochadas utopías. Y lo hacen poniendo en juego todo su poder económico, porque si no se los come la competencia. Porque Noam, aunque los libertarios no lo crean, el principal rival de un capitalista no es “el pueblo”, sino los otros capitalistas.

Y para que veas lo lejos que estamos de tus esperanzas, te aseguro que hablar de pasividad, es lo mínimo que se puede decir. En la década pasada, Néstor y Tabaré, dos paladines de los progresistas gobiernos de izquierda de Argentina y Uruguay, estuvieron por irse a las manos compitiendo por los favores de una transnacional papelera, que al final nos eligió a los uruguayos.

Y en los presidentes subsiguientes de los mismos países, Cristina y el Pepe ¡si, tu amigo! intercambiaron insultos y amenazas persiguiendo los favores de una segunda transnacional papelera, que también nos eligió a nosotros (¡menudo honor!¿te das cuenta?). Y en esta administración, de nuevo Tabaré está protagonizando una bajada de lienzos histórica para conseguir la instalación de una tercera planta, también decidida a succionar nuestra naturaleza sin dejarnos nada a cambio.

Claro que siempre nos queda el sagrado derecho a negarnos, pero nada hace presagiar que vayamos a ejercerlo, porque solo decimos que si a todo lo que nos piden o exigen. Pero no todo está perdido, tenemos nuestro orgullito, no se si te hablaron del sindicato de AFE, que le ha impedido a los piratas vikingos inspeccionar las vías del tren que irían a usar para el traslado de madera y celulosa. Pero los compañeros son tan pocos… ese es el problema del Uruguay, nuestros ejemplos son minúsculos.

Bueno Noam, para ir terminando ¿sacaste la cuenta de que el año que viene cumplís los noventa? ¿no estás cansado de tanto viaje, tanta conferencia, en definitiva, de tanta lucha? ¿no tenés algunos bisnietos a los que mejor dedicarte a entretener con tus cuentos? Con nosotros al menos, estás más que cumplido. Te lo demostraron los cientos de admiradores que llenaron la sala de conferencias para escucharte. Te deseo buen retorno.

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