Carta a Búsqueda sobre Aratirí

Julio de 2011

Sr. Director:

En el programa radial “La Tertulia de los Viernes” de Radio El Espectador del 15 de Julio, Carlos Maggi, Mauricio Rosencof, Lincoln Maiztegui y Juan Grompone, con la conducción de Emiliano Cotelo, trataron el tema Aratirí. Los “contertulios”, representantes de la intelligentzia de nuestro espectro político, coincidieron –con matices– en que la exportación del hierro no debería ser una estrategia nacional, sino que, al igual que en el caso de los demás commodities,  se debería acceder a fases industriales superiores, a los efectos de exportar valor agregado. Acerías y no hierro a granel. Grompone fue un paso más allá y reiteró su postura de que el país no debe insistir con los productos primarios, sino que debe apostar exclusivamente a las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TICs). Hasta acá, nada nuevo bajo el sol.

El halo de modernismo de estas posiciones, las hace ser de amplio recibo en la opinión pública, por lo que se han convertido en una muletilla que adorna todo análisis estratégico, que vertebra todo discurso político. El prejuicio de que la producción primaria no agrega valor ni genera empleo, ha durado demasiado. Originado en unas cuentas nacionales que, cuando se agrega valor al producto primario lo computa automáticamente en el sector secundario o el terciario, tuvo su auge en el proceso de sustitución de importaciones durante la guerra y su década posterior.  A partir de los 60s, el proteccionismo de la producción agropecuaria de los países desarrollados, mantuvo los precios internacionales de los productos agrícolas artificialmente bajos, desestimulando su producción y por consiguiente la incorporación de tecnología a nuestros procesos productivos.

Confundiendo las causas, se insistió en la forzada industrialización como vía de escape,  apostando a la captura de la “renta” de la tierra (en la concepción marxista del concepto) como recurso para el imprescindible financiamiento industrial.  Bloqueando por esta vía las posibilidades de desarrollo genuino de nuestro único sector competitivo, se cerraba el círculo vicioso del estancamiento, condenándonos a varias décadas de nulo crecimiento, proceso que, felizmente, en las dos últimas se ha revertido.

Ningún país desarrollado que cuente con condiciones aptas para la producción primaria, deja de explotarlas. Los de Oceanía exportan granos, carne y lácteos, los escandinavos madera y celulosa, los de la UE mantienen un activo intercambio interno de todo tipo de productos agropecuarios.  EEUU es un gran proveedor mundial de alimentos, y en la región, Brasil impulsa desde hace 20 años un proceso de “primarización” de sus exportaciones.

La producción agropecuaria, a medida que se intensifica, va generando una larga serie de efectos multiplicadores en la cadena, hacia atrás y hacia delante del proceso primario, que agregan valor y generan empleo en los sectores secundario y terciario, incluyendo a las TICs.

Cuando se pide un mayor agregado de valor al producto  primario, se reclama un cambio de producto. Si el producto no cambia, supuestamente “no se agrega valor”. El razonamiento desconoce el hecho de que además de las tecnologías de producto, existen las tecnologías de proceso. El grano de arroz sigue siendo el mismo, pero si los rendimientos pasan de 4 a 8 toneladas por hectárea, es porque se desarrollan procesos tecnológicos más eficientes, porque se utiliza mejor  genética, porque se usan más insumos, porque se generan prácticas agronómicas más sofisticadas. Y para todo esto se demandan productos industriales, servicios, y muchas TICs.

Claro que si además de multiplicarse, el producto primario se transforma incorporando valor, mucho mejor. Pero eso no puede plantearse en forma voluntarista, tiene que ser viable en términos microeconómicos. Y si no lo es, ello no implica un demérito para el producto primario. ¿Acerías, papeles terminados, platos preparados? Cuando tengamos costos/país competitivos,  accedamos a escalas y tecnologías apropiadas, nos insertemos con inteligencia en los mercados, y un largo etcétera, bienvenidos sean.

Mientras tanto sigamos produciendo productos primarios con la mayor eficiencia posible. Porque no son antagónicos sino complementarios de los tecnológicos, y son también demandantes y generadores de conocimiento.  Cuestionarlos en aras de una perimida estrategia industrializadora o de unas TICs que son aliadas y no rivales, es un atavismo que debemos superar.

Lo saluda atentamente

Ing. Agr. Rodolfo M. Irigoyen

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.