La fortuna de los Mujica-Topolansky

Rodolfo M. Irigoyen
Agosto 2017

Pepe, se que a ustedes no les gusta, siempre han sabido evitarlo, pero hay veces en que no hay más remedio que hablar de plata. Porque en cualquier momento te lo van a sacar, y cuanto más tiempo pase, va a ser peor. Así que vamos a ver un poco como es la cosa.

Vos sos parlamentario desde el 15 de febrero de 1995, y Lucía desde el 15 de febrero del 2000, y ambos lo han sido hasta le fecha en forma ininterrumpida. Si hacemos la cuenta hasta el 15 de agosto del 2017, son 22 años y medio tuyos y 17 años y medio de Lucía, en total, entre ambos, 480 meses.

El sueldo más los gastos de representación que reciben los senadores (y diputados) uruguayos, asciende en la actualidad a unos $ 205.000 (Informe de Jaime Clara, diario El Observador). A eso hay que agregarle otras partidas menores para gastos como ser sueldos de secretarios, gastos de prensa, telefonía celular etc. En total, y al tipo de cambio de hoy, unos 7.500 dólares mensuales. Que habrán sido más hace un par de años cuando el dólar valía 18 pesos, o menos en otros momentos en que el atraso cambiario era menor al actual. Pero para los fines aproximativos que nos interesan, podemos dejarlo en esa plata.

Claro que después vienen los descuentos, cuya cuantía es definida por la política económica. Pero como yo no soy de la DGI, y lejos está de mis intenciones el dar manija con las rencillas intestinas de la “fuerza política”,  me voy a manejar con los montos brutos, y que cada cual vea cuánto le aprieta el zapato.

A vos habría que restarte algo por los 3 años que fuiste ministro del MGAP y sumarte más por los 5 que fuiste presidente, además de otros ingresos de menor monto, pero vamos a no perdernos en cuentas chicas.

Cuatrocientos ochenta meses a 7.500 dólares mensuales, nos da tres millones seiscientos mil dólares. Dejémoslo, en aras de un prudente redondeo “para abajo”, en tres palos verdes, como ingreso del núcleo familiar, constituido por dos adultos mayores, sin hijos, que no pagan alquiler. Monto generado hasta ahora desde que, 10 años después de terminada la dictadura, ambos cónyuges decidieron que para acceder al poder, el camino de la democracia representativa quizá valiera la pena ser transitado. Que bastante trabajo te dio convencer a “la barra”, dicho sea de paso.

La estimación del monto no la hago como crítica, es la descripción objetiva del resultado de las reglas de juego libremente aprobadas, como debe ser, por la mayoría de los uruguayos. Pero que es plata, es plata, Pepe. Pocos capitalistas en el Uruguay consiguen esos resultados en igual período de tiempo.

Y ahora –si, recién ahora- llego al punto que me interesa analizar, que no es el de los ingresos generados (eso solo contextualiza), sino que se refiere a lo que cada uno decide hacer con su plata, y los resultados que obtiene a partir de esas decisiones. Ese es el fondo del asunto.

La definición que da la economía al respecto, es que cada individuo gasta su dinero de forma de maximizar la utilidad global que, para la satisfacción de sus necesidades, alcanza con el mismo. La primera parte la constituyen magnitudes mensurables (tanto para una cosa, tanto para otra), la segunda es resultado de las preferencias subjetivas de cada uno. Disculpá el economicismo que calculo no debe ser de tu agrado, pero es necesario para que nos entendamos.

Según es fama, vos y Lucía destinan el 90% de sus ingresos al financiamiento de su grupo político, el MPP. No se si es exactamente así pero te aseguro que los creo capaces. Y los politólogos (coincido contigo, a mí tampoco me gustan) no tienen dudas en sostener que el objetivo principal de un político es acceder al poder, y el objetivo subsiguiente, conservarlo: acá está la madre del borrego. Y si hay en Uruguay una pareja que se dedica tiempo completo a la política, esa pareja son vos y Lucía.

La residencia en una humilde chacra de la periferia, la modestia en el vestir y en general en las costumbres propias de la vida rural, el Fusca del 62, una perra raza calle con solo 3 patas, todo conforma un estilo de vida que es el resultado de una elección racional, afín a la idiosincrasia de ambos, y no el resultado de una vida de privaciones derivadas de la pobreza. Porque si nos atenemos a los datos objetivos determinados por el nivel de ingresos, tu núcleo familiar forma parte del 10% más rico de nuestra sociedad.

Tu gran acierto, Pepe, es el de haber hecho coincidir los gustos relativos al estilo de vida, con el proyecto político de izquierda, generando simultáneamente una base financiera de funcionamiento. Y más importante todavía: vender ese “paquete” como el proyecto genuinamente progresista que medio mundo anhela, harto de demagogos enriquecidos y burócratas de cuello blanco. La gente siente que tu estilo de vida es la prueba viva de que nadie como vos encarna y legitima un proyecto político alternativo, genuinamente popular.

Tu pasado de guerrillero, de preso político, de hombre jugado (un disimulado manejo de los tiempos sugiere que fue contra la dictadura), tu filosofía callejera, el ilimitado acceso a “los medios” con sus ecos planetarios, hacen el resto: sos un ícono global, antorcha para los indignados y desilusionados del mundo real. Resumiendo, ninguna inversión más rentable que la tuya: todo a la política. Con la “externalidad positiva” de que el estilo de vida que legitima el proyecto político a los ojos de tus seguidores, para vos no es un costo, es el que te gusta. Y eso también se nota y se valora.

No es necesario que entremos en la evaluación de tu gestión como presidente, sabemos perfectamente como terminaron casi todas tus iniciativas. Pero aunque tus detractores se regodean en una descripción sin fin de esos resultados, al común de la gente no les importa, igual te creen porque te quieren creer. Porque a la hora de las evaluaciones, en la confrontación de los resultados objetivos con las creencias, los primeros siempre salen derrotados.

Por eso, para las próximas elecciones, aunque vas a llegar con 84 años, seguís siendo el pre candidato con mayor intención de voto, y oscilás entre la negación de esa posibilidad y un prudente “si la biología me lo permite…”. Me hacés acordar del cuento de aquel novel presidente brasilero, al que le advertían sobre los riesgos implícitos en el ejercicio del poder, cosa que reconocía, pero agregaba: “¡mais é gostoso!”…

Pero nadie mejor que vos sabe de los sinsabores que también incluye. ¿Viste lo de Kustirica? Cuando apuntabas al Nóbel estaba todo bien, pero ahora declara que “buena parte del rodaje tuvimos que acampar en el terreno del propio Pepe. ¡Fue un suplicio!” Y le da carne a las fieras aclarando que “la película era financiada por dos empresas uruguayas, Ancap y Antel”…“en 2015 el financiamiento se cortó, con el argumento de que aparecía demasiada gente fumando” (no se si eso te da alguna pista).

Pero como no da puntada sin nudo, reconoce que “al menos quedó material  filmado que se podrá usar en una futura película sobre el papa Francisco”

Para redondear, una comparación entre dos formas de invertir en política, con resultados ilustrativamente opuestos. La tuya, en el “Fusca del 62” que usás para ir al asado con los camaradas en el Quincho, al que llegás esquivando las cámaras de TV que proyectan al mundo la imagen del “presidente más pobre de la tierra”. Y la otra, una de las inversiones de Raulito (tu ex delfín ahora enterrado en la ignominia de la mentira y la corruptela) como ser la compra de algún Armani u otra pilcha equivalente, de las que con elegancia acostumbra vestir. Con la misma plata –un sueldo tuyo para el auto, uno de Raúl para el traje- se pueden obtener resultados políticos ubicados en las antípodas.

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