“No toquen nada” de Océano FM y los frigoríficos

Rodolfo M. Irigoyen
Abril 2015

Estimados Joel y Ricardo: escuché el informe sobre la concentración en la industria frigorífica, y me hizo recodar otro sobre el mismo tema que realicé hace como 40 años, como técnico de una oficina de estudios económicos del MGAP. En ambos, el de ustedes ahora y el mío de antaño, orientaban al análisis los mismos supuestos implícitos: “la concentración es mala” y “la concertación (en este caso de precios) se facilita si los operadores son de la misma nacionalidad”. Doble error derivado del pensamiento estructuralista imperante hace medio siglo, frecuente aún en algunos sectores del gobierno.

El primer error, radica en manejar juicios de valor en relación con las estructuras de mercados. Son como son, y es por algo. La competencia perfecta (subliminalmente idealizada por ustedes) puede existir en los quioscos, pero no en un sector donde las unidades de producción tienen, necesariamente, una escala física y económica enorme.

La industria frigorífica es concentrada acá en Uruguay, pero también lo es en Brasil, también en EEUU, en una palabra, en todo lugar donde haya ganadería comercial de cierta escala. Como bien dijo el ministro Aguerre, “son negocios, y es necesario que los negocios funcionen” pero, agrego yo, cuando los negocios ganaderos funcionan, la industria frigorífica crece y se concentra. Claro que las cosas tienen un límite. Demasiada concentración es mala, la absoluta (monopolio o monopsonio) es pésima. Como siempre, es cuestión de equilibrios.

El segundo error consiste en presuponer “posibles alianzas de ciudadanías”. El último período de precios más altos de la carne al productor en Uruguay -2011/2013- se originó en gran medida en coletazos de la feroz batalla por segmentos del mercado brasileño entre Marfrig y Minerva, justamente los dos grupos brasileños de mayor peso en Uruguay.

No es necesario demostrar que los frigoríficos no son instituciones filantrópicas, como tampoco lo son las empresas ganaderas, y la capacidad de aumentar los ingresos, de unos y de otros, pasa en alguna medida por sus posibilidades de incidir en la formación de los precios, obviamente mucho mayor en el caso de los frigoríficos. Por eso bienvenida la autorización de exportaciones en pié, que dinamizan una fase fundamental de la cadena cárnica, y cualquier otra medida que tienda a disminuir el poder de determinación de la industria.

Lo mismo que entre los productores en las transacciones intermedias (entre criadores e invernadores) donde, por ejemplo, las ventas por pantalla mejoraron la transparencia y las posibilidades de financiamiento. Pero no se trata de “buenos y malos” en ningún caso, sino que depende de las respectivas estructuras de mercado y de las condiciones coyunturales de cada momento (clima, mercados internacionales, etcétera).

Esto da para mucho más, pero no la quiero hacer más larga. Me permito un consejo: no traten de explicar el precio en la carnicería (lo de mayor interés para su audiencia) por la concentración de la industria. A sus oyentes les será de mayor utilidad saber que podemos consumir la mejor carne del mundo, los 365 días del año, y más barata (precio corregido por calidad) que en cualquier otro país. No está demás que sepamos que en algunas cosas los uruguayos somos unos privilegiados.

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