Sobre Martín Caparrós y su artículo “La carne cultivada”

Rodolfo M. Irigoyen
Diciembre 2016

Es lo que pasa con los periodistas que, después de dar la noticia deciden enriquecerla con comentarios y sugerencias propios aunque desconozcan por completo el tema en cuestión. Y si el sujeto es muy famoso como es el caso de Caparrós, peor, porque con la fama crece la fe que se le tiene al “sentido común” propio. Aunque el mismo, si no hubiera recibido conocimiento ajeno, le habría asegurado, por ejemplo,  que la tierra era plana.

Dice Caparrós: “Más de un tercio de las tierras útiles del mundo están dedicadas a la cría de ganado: entonces quedarían libres para el cultivo o, incluso, para oxigenar el planeta. El efecto invernadero cedería, y más aún si se tiene en cuenta que el 18% de los gases que lo producen vienen de las vacas y los chanchos”

A las tierras dedicadas a la cría del ganado –praderas, pastizales, zonas algo boscosas- no es necesario liberarlas porque no están prisioneras del ganado. Cuando son aptas para el cultivo y se las quiere cultivar, nada impide hacerlo, si se cuenta con los recursos –humanos, técnicos, financieros etcétera- para llevar adelante dichos cultivos.

Y en relación a la “oxigenación del planeta” la cuestión es exactamente al revés, es lo que los ecosistemas mencionados hacen en la actualidad: son los grandes fijadores del anhídrido carbónico existente en la atmósfera. Con él llevan adelante el proceso de fotosíntesis, que tiene la menuda tarea de alimentar a la humanidad.

Y respecto al estudio (del IPCC de FAO) que afirmaba que el 18% de los GEI eran producidos por los rumiantes (vacas, ovejas, ciervos, cabras) los propios autores se vieron obligados a reconocer tiempo después de su publicación, que se trataba de un cálculo equivocado y muy exagerado. Pero el reconocimiento del error tuvo mucho menos prensa que la difusión inicial del mismo. Y el pobre chancho no tiene nada que ver, porque no es rumiante.

A continuación viene lo políticamente correcto: “Y, sobre todo, más de la mitad de las cosechas del mundo se usan para alimentarlos (a los rumiantes): si ya no fuera necesario, esa comida podría terminar con el hambre de una vez por todas” (en realidad gran parte de esos granos no se destinan a rumiantes sino a monogástricos como aves –para carne y huevos- y cerdos)

El mundo vegetariano soñado por Caparrós sería un desastre, por muchas razones. Sintéticamente: desde el punto de vista nutricional sería un enorme paso atrás de la humanidad, al eliminar las fuentes de proteína de mayor calidad, esenciales en una dieta bien balanceada. Y desde el económico, la cría de esos animales que ocupan un tercio de la tierra del planeta, son la principal ocupación y fuente de ingresos de muchos cientos de millones de personas que quedarían desocupadas y condenadas, ahora sí, al hambre.

Y continúa: “Ahí está el riesgo: que quien por fin lo logre se convierta en un nuevo Monsanto, dueño de una tecnología que todo el mundo necesita; que un gran avance técnico no beneficie a los miles de millones que lo necesitan sino a una junta de accionistas”

Sin duda que los grandes accionistas de Monsanto y otras empresas similares se han visto beneficiadas por el avance técnico que significaron los OGM, pero del otro lado del mostrador, desde que existen esos transgénicos, 2.500 millones de personas, que no existían o no comían, hoy existen y comen. Y esta segunda consecuencia me parece infinitamente más importante que la anterior.

Y por último: Es ahora, mientras todo está por verse, cuando los Estados y sus organismos internacionales tienen la ocasión de cambiar el modelo: de decidir que serán ellos los que desarrollen la nueva comida para que no sea propiedad de unos pocos sino patrimonio de todos; para que no le sirva a una corporación sino a la humanidad. Sería una gran oportunidad –una oportunidad única– para cambiar los mecanismos que hacen que cientos de millones de personas no coman suficiente.

Atención estadistas, no dejen pasar el momento, es ahora. Tenemos la gran oportunidad de crear, con la ONU o algo similar, una especie de Frigorífico Nacional planetario que “cultive” y distribuya la carne para todo el mundo. Me lo imagino: gran eficiencia, cero burocracia, minga de corrupción, precios accesibles, sin problemas tecnológicos ni de logística y distribución. Y los antiguos hambrientos, viviendo felices de la caridad del Gran Hermano.

Con el mayor de los respetos, pero la dejo por acá. El riesgo que esto derive en pesadillas es alto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.