Tus risitas, Joel…

Rodolfo M. Irigoyen
Junio 2018

Sintonicé Del Sol FM a las 9 y poco sin acordarme que Darwin ya debía estar viajando al Mundial de Rusia. El Profe Geyerabide, “quedado especial” rellenaba el espacio como podía. Y el lío de ayer en la Ancap de Santa Clara estaba en la tapa de los diarios, era noticia. Resumiendo: el día del Raíd hípico, es decir el de la fiesta anual del pueblo, la única estación de servicio existente fue bloqueada impidiendo la venta de combustible, por el sindicato correspondiente, a los efectos de realizar una asamblea (de siete personas, el delegado sindical y los 6 empleados) para discutir el despido –por “notoria mala conducta”- de dicho delegado. Ante la aglomeración de vehículos en espera de combustible, los ánimos se fueron caldeando, se corrió la voz por el pueblo y se aglomeró gente exigiendo ser atendida, derivando en airadas declaraciones a los medios que cubrían el evento hípico: por un lado los usuarios, por el otro el sindicato, ambos colectivos considerando sus derechos avasallados.

Al final se llegó a una solución, y la cosa no pasó a mayores. Pero la noticia fue levantada por los medios capitalinos, siendo aprovechada por el citado “Profe” (periodista/humorista deportivo) como una preciosa oportunidad de ventilar la más rudimentaria, la más completa y tóxica retahíla de lugares comunes anti campo. Porque eso hay que reconocerle al Profe: su poder de síntesis. En 5 minutos declamó todos y cada uno de los añejos prejuicios que pautan nuestro subdesarrollo como nación, la despectiva mirada de una supuesta intelectualidad urbana hacia el resto del país, con toda la carga de ignorancia y mala leche del supuesto culto hacia los supuestos ignorantes, en clave de “clases sociales”.

A su menjurge no le faltó ningún ingrediente: los estancieros y su ocio improductivo con sus infaltables 4 por 4, los viajes a Europa de los mismos con los créditos no reembolsados al BROU, los palenques para azotar peones desde que se abolió la esclavitud, la soja y el glifosato, el no pago de impuestos con su corolario de desprecio por la asistencia social, la burla a las costumbres y pasatiempos locales como los raíds hípicos, metiendo de pasada en la bolsa al movimiento “Un solo Uruguay” etcétera.

No me importa el personaje, me duele constatar una vez más que somos incapaces de superar nuestra maldición de Malinche, la que nos mantiene sometidos a trasnochadas rencillas parroquiales “entre campo y ciudad”. Pero te soy sincero Joel, lo que realmente me calentó fueron las risitas cómplices que intercalabas en la diatriba de Geyerabide, la impunidad con que adheriste al panfletazo aprovechando que al aire no había nadie que te parara el carro, como ocurre en ese espacio cuando en lugar del payaso está

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.