La vida del Toco Moreira se desarrolló entre Tambores y Piedra Sola. En la escuela de esta última, doña Teresa Macri lo tuvo de alumno, “compañero de banco” de Aída Álvarez. No quedan registros de si en las célebres vacunaciones que llevaba adelante Salud Pública en coordinación con Enseñanza Primaria, el Toco era de los gurises que disparaban campo afuera para eludir la aguja, o de los condiscípulos que, denotando tempranamente tendencias oficialistas, perseguían a los primeros para, oficiando de “apretadores”, ayudar a someterlos al rigor de la ciencia. Aunque su aura libertaria nos autoriza la licencia de ubicarlo entre los primeros.
Pero de su vida de adulto quedan más “sucedidos”, todos vinculados con el chupe, en el primero de los pueblos nombrados. Contaba el viejo Mario Dutra da Silveira, hombre de pro del pago, para el que el Toco hacía de vez en cuando alguna changa, que una vez lo encontró en la calle y le pidió 10 pesos.
-¿Para que los querés, Toco?
-Y pa’ tomar caña, pa’ que va’ser!
-Pero Toco, si al menos me pidieras para comer…
-Sabe lo que pasa don Mario, que a un hombre tan bueno como usté, yo no le puedo mentir…
-Está bien Toco, tomá los 10 pesos…
De tanto vivir borracho, y por culpa de alguien que lo llevó al médico, una vez le diagnosticaron tuberculosis. Juntaron “un lote” de bacilares en la zona y los embarcaron en el tren hacia Montevideo, con destino al Saint Bois. En el viaje, el Toco que llevaba alguna plata, se agarró tremenda mamúa y se durmió profundamente. Cuando se bajaron sus compañeros en la Estación Central donde los esperaban para llevarlos al hospital, nadie notó su ausencia. Al despertar y bajarse del tren, no sabía que había pasado. Un milico que lo encontró perdido, en vista de su estado, lo llevó y dejó en un hospital.
Allí lo atendieron y le hicieron una revisión médica completa, descubriendo que, en vez de tuberculosis, lo que tenía era un quiste hidático. Quiso el destino que estuviera por venir en ese momento a Montevideo una eminencia médica norteamericana, el Profesor May. Y se resuelve hacer una operación en la cual el célebre cirujano mostrara sus destrezas a sus colegas uruguayos. Y a la hora de la clase magistral, en medio del quirófano, el Toco yacente, rodeado de lo más graneado de la medicina nacional.
La clase empieza con un interrogatorio, intérprete mediante, que el Profesor realiza al paciente. La primera pregunta, y que en definitiva fuera la única, estuvo seguramente sugerida más por el aspecto de quien iba a ser sometido a la intervención, que por un destello de perspicacia de parte del eminente galeno
-¿Usted toma?
Y la respuesta del Toco, que si fue bien traducida seguramente el Profesor May no habrá olvidado:
-Lo único que no tomo son bueyes a pastoreo…
Operado, sano, totalmente recuperado vuelve a Tambores, donde siguió emborrachándose hasta el final de sus días. En Piedra Sola quedó el recuerdo de una expresión que se le atribuye, y que Aída, su “compañera de banco” siempre recordaba “Me cagué pero me alivié, dijo el Toco Moreira” Imaginando el contexto en el que tan metafísica afirmación debe haber sido expresada, no corresponde dudar de su autoría.
Piedra Sola
Enero 2009