A Ernesto Talvi

Julio 2019

Felicitaciones Ernesto por tu triunfo en las Internas del Partido Colorado. Le viene muy bien a tu partido y a nuestro país. No voy a seguir con comentarios tan trillados para no abusar de tu tiempo ni incursionar en temas políticos que no domino, pero te aclaro que no te voté (por temor a que el descanso eterno de mi padre y de mi abuelo se viera sacudido en caso que votara al Partido Colorado). Pero en el balotagevotaré con entusiasmo al que ocupe la cabecera de “la mesa de tres” (el de mi palo seguro que no va a ser) que conforme el gobierno de coalición.

Solo quiero comentarte dos asuntos. El primero, relativo a tu afirmación de que debemos construir un pequeño país europeo, con desarrollo, con justicia social,y alejarnos de la visión latinoamericana del subdesarrollo y el populismo. Total acuerdo, solo difiero en el adjetivo “pequeño”, pero no es poca cosa.Frecuentemente lo olvidamos, pero nuestra pequeñez solo es tal, precisamente en el contexto sudamericano. En el europeo no es así. La superficie de Uruguay es igual a la suma de las de Bélgica, Holanda, Suiza, Dinamarca y Eslovenia. El Benelux (los dos primeros más Luxemburgo) “caben” en nuestro territorio al norte del río Negro. Claro que nos faltan muchas otras cosas, pero son las que deberemos construir (sería más justo decir “seguir construyendo”, pero sobre bases más sólidas) en el futuro gobierno.

La segunda es una aclaración, con agradecimiento asociado. Hace unos cuantos años, coincidimos en el panel de un seminario o taller organizado por la filial salteña de la Asociación de Ingenieros Agrónomos, no recuerdo sobre que tema, pero sin duda vinculado a la economía agraria. Nos alojaron en el hotel Horacio Quiroga, y a la mañana siguiente, mientras desayunábamos, en una mesa vecina también lo hacían tu esposa y tus dos pequeños hijos, a los que habías llevado de vacaciones. Al mayor, de unos 6 o 7 años, que venía a cada rato a nuestra mesa, me lo “presentaste” aclarándome después que le habías puesto Ramón en homenaje a Ramón Díaz, el conocido economista del Partido Nacional. Silencié el hecho de que por un prejuicio ideológico (considerarlo “muy de derecha”) no había leído su libro “Historia económica de Uruguay”. Este pequeño hecho algo me habrá movidoporque nunca lo olvidé, y me ayudó a reparar, tiempo después, la ausencia de una lectura imprescindible. Ese es el agradecimiento, ahora la aclaración.

Como soy mayor que vos, debería dar el ejemplo de no tutearte sin conocernos, como es moda, pero me siento autorizado a hacerlo por el lejano antecedente salteño. Intentaré hacerte llegar estas líneas por intermedio de nuestro común amigo Eduardo Blasina. Un abrazo y arriba Uruguay, el futuro gran país. Rodolfo.

Carta abierta a veganos, animalistas y afines

Rodolfo M. Irigoyen
Diciembre 2018

Empecemos aclarando los tantos para evitar malos entendidos. Respecto a las explicaciones sobre el origen y el desarrollo de la vida en la Tierra, existen dos grandes líneas de pensamiento, el creacionismo y el evolucionismo. Como es sabido, la primera, que constituye una creencia (dado que no reclama ni admite comprobaciones) postula que tanto la materia inerte como los animales y las plantas, fueron originados tal cual son en un acto voluntario de un ser superior, omnipotente y eterno. En cambio la segunda, constituye una teoría científica (que no solo admite, sino que está obligada a probar sus postulados) desarrollada inicialmente por Charles Darwin a mediados del sXIX y que explica el desarrollo de las especies animales y vegetales a través de la evolución, determinada por un proceso natural de selección. Mi posicionamiento personal claramente se inscribe dentro de esta segunda línea interpretativa y con esa perspectiva realizo estos comentarios.

El mundo tal cual lo conocemos, es el resultado de uno de estos dos procesos, el creativo o el evolutivo, aunque con frecuencia se observan mezclas de ambas interpretaciones, en general como resultado del intento de las religiones de aggiornarse ante el imparable avance de la ciencia, que prueba, sin espacio para la duda, que la evolución es un proceso tan innegable como permanente y determinante del estado actual del mundo en el que vivimos.

El proceso evolutivo se desarrolló sin intervención consciente del hombre desde el inicio de los tiempos hasta hace unos 10 a 12 mil años, cuando los humanos iniciaron el proceso de domesticación de animales y plantas. Empieza así el desarrollo de la agricultura en base a lo que se denomina “selección artificial”, proceso por el cual el hombre permite que solo se multipliquen determinados animales y plantas, los más adecuados para la satisfacción de sus necesidades.

Y esta participación del hombre en los procesos naturales ha sido determinante del desarrollo de estos. No solo en las especies de animales y plantas que domesticó, diversificando y mejorando sus características productivas, sino sobre el conjunto de las especies vivas al ir modificando, con el correr de los siglos, el medio ambiente al que la vida debe adaptarse para seguir existiendo.

La magnitud de estos cambios y su velocidad de procesamiento, es difícil de imaginar. En un período de tiempo equivalente apenas al último 5% de la historia de su evolución como Homo sapiens, los humanos multiplicaron por mil su número sobre la Tierra. Y todo sigue creciendo: la población mundial, que actualmente es de 7.600 millones crecerá, según los modelos poblacionales, hasta unos 9.000 millones, para luego estancarse y posteriormente empezar a decrecer. Pero además, la duración de la vida humana es cada vez mayor: aunque con tasas diferentes, aumenta en los cinco continentes. Y la cantidad y calidad de los servicios de que la humanidad dispone tampoco dejan de multiplicarse en todo el mundo. Mil veces más población, con vida mucho más larga y necesidades infinitamente mejor satisfechas. En tanto las revoluciones tecnológicas y sociales (agrícola, industrial, institucional, informática) que son el motor de todos estos procesos, se suceden y aceleran.

Estos son datos, reales y constatables, no una opinión interesada ni el imaginario actual de alguna creencia. Con independencia de la discusión ambiental que estos procesos conllevan (que merece capítulo aparte) es innegable que en el contexto actual, las invocaciones de “retorno a lo natural”, de la “alimentación sana” de “respeto a los animales” y otras por el estilo, nos hunden en un abismo de indeterminaciones solo sostenibles negando los postulados de la evolución, y sustituyéndolos por principios creacionistas que no requieren, o mejor dicho rechazan, cualquier tipo de racionalidad.

Porque ¿a que naturaleza queremos retornar cuando en relación con ella lo único permanente es el cambio? ¿A la de nuestros abuelos, emigrantes que huían del hambre y las pestes? ¿A la antigüedad donde solo se disponía del trabajo esclavo para apenas mantener una población veinte veces menor a la actual? ¿O más atrás, a las cavernas y la lucha con el mastodonte? ¿Dónde poner el límite?

La visión bucólica de la vida es una ilusión. Quien hoy lo dude, que se interne -sin ir más lejos- en los montes del Río Negro, del Queguay o del Tacuarembó, haga contacto con algunos de los montaraces que viven en y de esos montes, y evalúe esa forma de vida. Porque hacerlo el fin de semana de turismo, con camioneta, conservadora con hielo para comestibles y bebestibles, carpa con mosquitero, motor de luz y la civilización disponible en un rato, es hacerse trampas al solitario.

¿Y la alimentación sana consiste en no comer carne, cuando nuestra especie ha evolucionado durante millones de años con ella como base de su alimentación, hasta llegar a ser el omnívoro que somos? ¿Y sin lácteos, siendo mamíferos? ¿Cambiar nuestro mapa genético para satisfacer una moda? ¿Pensamos que el camino a seguir para vivir mejor o incluso sobrevivir como especie es el de imitar al amigo de Liza Simpson que no comía “nada que produjera sombra”? ¿O manifestando contra los transgénicos, indispensables para alimentar a la humanidad? Como dijo un científico norteamericano: “los que se oponen a los transgénicos, deben hacerse responsables de las consecuencias de sus opiniones y definir quienes serían los mil millones de personas que morirían de hambre si esa tecnología no existiera”

Y vinculado con lo anterior, el “respeto” ¿a qué animales? A todos, imposible, porque no pararíamos ni al llegar a los virus. Si se refieren solo a las mascotas, el criterio es demasiado restrictivo, quedarían libradas a su suerte y su eventual desaparición todas las demás especies, desde la abeja a la ballena. Algo parecido ocurriría si solo se “respeta” a las especies de interés económico, hayan sido domesticadas o permanezcan silvestres. Y así podríamos continuar indefinidamente, sin poder ponernos de acuerdo en los límites del colectivo animal al cual dirigir nuestra protección.

Pero hay algo más grave que esta dificultad logística en relación con el “respeto animal”. Se trata del hecho de que las mascotas y demás especies domésticas no son naturales en el sentido de “no hechas por el hombre” sino todo lo contrario. Naturales son los ancestros, pero los que queremos proteger, son “artificiales”. Natural es el lobo, pero a los perros que derivan de él los hizo el hombre, desarrollando el olfato para crear al perdiguero, la velocidad para llegar al galgo, el instinto de defensa para el ovejero alemán o el de ataque para el doberman. Entonces, cuando se exige la protección de las especies domésticas o de las mascotas, no se protege lo natural, sino lo artificial, lo creado por el hombre. Y si el  hombre los hizo, el hombre tiene derecho a usarlos con los fines para los cuales los creó.

Que la vaca lechera produzca 30 litros diarios, es producto de la inteligencia, porque el hombre trabajó y trabaja desde hace varios siglos para que ese fenómeno se produzca, y gracias a él la humanidad dispone de leche. Porque la exigencia “natural” para la alimentación del ternero se satisface con la décima parte de esa producción. Y el mismo razonamiento se aplica a infinidad de productos como los diferentes tipos de carnes y demás alimentos, o a la enorme variedad de aptitudes de las diferentes especies animales (y vegetales, dicho sea de paso) desarrolladas por el trabajo y la inteligencia del hombre con el fin de satisfacer los requerimientos de la sociedad humana. Otro asunto es el “como” se realizan esos desarrollos, y en ese sentido enfoques modernos y de creciente actualidad, como el del bienestar animal, también merecen capítulo aparte.

En definitiva, los postulados animalistas como defensores de la naturaleza, no tienen ninguna consistencia. Si solo quedara lo natural, en el sentido de no producido por el hombre, las especies domésticas y de interés económico desaparecerían como tales, conservándose como especies solo con magnitudes equivalentes a una milésima parte de la actual, en forma de relictos ancestrales refugiados en sus áreas geográficas de origen.  Y la misma línea argumental se puede desarrollar para las especies vegetales.

Asimilar como lo único natural a la forma actual que muestran los seres vivos en el mundo, es un posicionamiento reaccionario, negador de la evolución y el progreso, y que implica aceptar los postulados creacionistas: las cosas son, y deben seguir siendo, tal como dios las creó.

Entonces, muchachos y muchachas que motivan esta carta, por favor un poco de coherencia. Asuman las implicancias de sus creencias, elijan el credo que mejor las represente, y empiecen a ejercitarse en el cumplimiento de sus preceptos. Como todo converso, convendría que, al menos en sus inicios, se mostraran más realistas que el rey, y empezaran eligiendo algún precepto cuyo cumplimiento les resulte particularmente penoso. Por ejemplo, podría ser el de limitar vuestra actividad sexual a los estrictos límites del matrimonio, y, ¡ni que hablar! practicándola exclusivamente con el sexo opuesto. Como es natural.

En memoria de Juan Peyrou

Rodolfo M. Irigoyen
Noviembre 2018

Se fue Juan.  Y que difícil decidirse entre poner por escrito algo de todo lo que se podría recordar de él, lo que siento como obligación o seguir encerrado, llorando y a las puteadas por cosas que van a seguir siendo tan inmutables como las injusticias de la vida o la maldita puntería de la muerte, que es lo único que tengo ganas de hacer.

Pero por primera vez, ahora que está muerto, Juan me obliga a algo. Y ahora, tan luego ahora, obliga y además pone condiciones. Porque no se puede escribir algo sobre Juan recurriendo a lugares comunes o cursilerías.

Pero a riesgo de caer en ellas, no puedo dejar de decir algo sobre su voz, porque la vi y oí sorprendiendo a Zitarrosa, hipnotizando a los niños, haciéndole un nudo en la garganta a los hombres o en el corazón a las mujeres. O al revés, vaya uno a saber.

Ni dejar de decir algo sobre su guitarra, digna compañera de nuestros grandes poetas, como la de Numa para interpretar a Osiris, como la de Chalar para interpretar a Risso. Pero también para ponerse al hombro todo el talento de una familia de músicos, acompañando al Flaco Fossati, cuarteando a La Tribu de los Soares de Lima, en dúo con su hermano Beto o inspirando a Patricio Echegoyen, además de acompañar y estimular a cuanto gurí, propio a ajeno, que “pintara”, o al menos tuviera ganas de entreverarse y aportar algo a la música de la tierra. O de la ciudad, daba lo mismo. Esa gran generosidad que le heredó la Pilarica.

Y en otros planos, lo mismo. Recorriendo el espectro político en busca de su verdad, sobre cada momento en lo temporal, sobre cada sector en lo social, sobre lo rural o lo urbano en lo territorial. Pero en todos los casos con esa honestidad que llegaba a ser abrumadora, tan generadora de anécdotas como inhibidora de rencores.

O en el plano técnico, donde nos peleamos tantas veces, cuando uno no terminaba de acomodar el cuerpo ante la intuición genial y el argumento disparatado, ante las emociones expresadas como “verdad objetiva” o el fundamento sólido disimulado bajo un dicho campero.

Pero en definitiva, todo se resume en lo humano. En el recuerdo que deja en las que fueron sus compañeras de vida, en sus hijos que lo proyectan en el tiempo a través de la sensibilidad de Santiago, la fortaleza de Martín o la conmovedora fragilidad de Maite.

Fue, como dijo en algún momento Yupanqui “rico de lindas riquezas, guitarra, amigos, canción” y ese es su mayor legado, a toda su familia y sus innumerables amigos.

Ya se Juan que te merecías  algo mejor, pero te aseguro que no es changa esto de escribir a moco tendido. Un abrazo Caballo, nos vemos en cualquier momento. Catalán

Tus risitas, Joel…

Rodolfo M. Irigoyen
Junio 2018

Sintonicé Del Sol FM a las 9 y poco sin acordarme que Darwin ya debía estar viajando al Mundial de Rusia. El Profe Geyerabide, “quedado especial” rellenaba el espacio como podía. Y el lío de ayer en la Ancap de Santa Clara estaba en la tapa de los diarios, era noticia. Resumiendo: el día del Raíd hípico, es decir el de la fiesta anual del pueblo, la única estación de servicio existente fue bloqueada impidiendo la venta de combustible, por el sindicato correspondiente, a los efectos de realizar una asamblea (de siete personas, el delegado sindical y los 6 empleados) para discutir el despido –por “notoria mala conducta”- de dicho delegado. Ante la aglomeración de vehículos en espera de combustible, los ánimos se fueron caldeando, se corrió la voz por el pueblo y se aglomeró gente exigiendo ser atendida, derivando en airadas declaraciones a los medios que cubrían el evento hípico: por un lado los usuarios, por el otro el sindicato, ambos colectivos considerando sus derechos avasallados.

Al final se llegó a una solución, y la cosa no pasó a mayores. Pero la noticia fue levantada por los medios capitalinos, siendo aprovechada por el citado “Profe” (periodista/humorista deportivo) como una preciosa oportunidad de ventilar la más rudimentaria, la más completa y tóxica retahíla de lugares comunes anti campo. Porque eso hay que reconocerle al Profe: su poder de síntesis. En 5 minutos declamó todos y cada uno de los añejos prejuicios que pautan nuestro subdesarrollo como nación, la despectiva mirada de una supuesta intelectualidad urbana hacia el resto del país, con toda la carga de ignorancia y mala leche del supuesto culto hacia los supuestos ignorantes, en clave de “clases sociales”.

A su menjurge no le faltó ningún ingrediente: los estancieros y su ocio improductivo con sus infaltables 4 por 4, los viajes a Europa de los mismos con los créditos no reembolsados al BROU, los palenques para azotar peones desde que se abolió la esclavitud, la soja y el glifosato, el no pago de impuestos con su corolario de desprecio por la asistencia social, la burla a las costumbres y pasatiempos locales como los raíds hípicos, metiendo de pasada en la bolsa al movimiento “Un solo Uruguay” etcétera.

No me importa el personaje, me duele constatar una vez más que somos incapaces de superar nuestra maldición de Malinche, la que nos mantiene sometidos a trasnochadas rencillas parroquiales “entre campo y ciudad”. Pero te soy sincero Joel, lo que realmente me calentó fueron las risitas cómplices que intercalabas en la diatriba de Geyerabide, la impunidad con que adheriste al panfletazo aprovechando que al aire no había nadie que te parara el carro, como ocurre en ese espacio cuando en lugar del payaso está

La reinserción del pecarí

Rodolfo M. Irigoyen
Setiembre 2017

Estimados: las almas sensibles (alguna hay dentro de mis lectores)  seguro se habrán emocionado, como me ocurriera a mí, viendo hace pocos días por televisión, la liberación de 100 hermosos lechones pecaríes, por parte del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y  Medio Ambiente (MVOTMA). Dicha liberación se realizó en una “reserva privada”, anunciando los técnicos responsables que de esta forma el Pecarí se “reinsertaba en el medio rural”.

Aclaremos que el Pecarí o Pecarí de Collar (Pecarí tajacu), pariente más chico del Jabalí europeo, es originario de América, pero en Uruguay está parcial o totalmente extinguido, de donde deriva la preocupación de las autoridades medioambientales por su reinserción en nuestro territorio.

Pero junto con la noticia de la liberación, se supo gracias a una denuncia, que a los tres o cuatro días de dicha liberación se detuvo a un cazador que ya había matado a cuatro de los cien lechones, uno de los cuales ya estaba en el horno. “Así que este es el famoso pecarí” habría comentado el cazador viendo el fruto de su acción, lo que descartaba el argumento de la ignorancia como justificación de la misma.

Las sanciones fueron “ejemplarizantes”. Le requisaron el vehículo, las armas y los perros, creo que no se salvó ni el horno con la asadera. Probablemente se tratara de un cazador habitual de jabalíes, cuya caza no solo está permitida sino incluso promovida, dada su condición de plaga particularmente dañina para la ganadería y la agricultura. Hasta acá, todos de acuerdo.

Pero quiero centrarme en el “operativo” oficial, sin duda lleno de buenas intenciones. Lo primero a recordarle al MVOTMA, es que liberarlos no implica su automática reinserción en el medio rural, como este Ministerio proclamó. Sino que la liberación es el inicio de un difícil proceso de readaptación, del cual quiero destacar el riesgo derivado de la presencia de predadores de cuatro patas, además del de dos ya mencionado.

No se aclaró si el predio donde se liberaron tiene alguna defensa o control (no parece si al toque cazaron cuatro) que genere condiciones mínimas de sobrevivencia para la nueva especie introducida. Y de entrada se me ocurren dos predadores: el ya mencionado jabalí y en particular los perros asilvestrados, tan dañinos como los anteriores, que se vienen extendiendo por nuestra campaña amparados en su supuesta condición de “mascotas”.

Pero la pérdida de esta condición –si es que alguna vez la tuvieron-  no es reconocida por una serie de colectivos (humanos) que se caracterizan por su desconexión de la realidad y por consiguiente por su absoluta irresponsabilidad. Pero mucho ojo para el que se le ocurra criticarlos, es políticamente muy incorrecto y el hereje resulta despedazado en las “redes sociales” o incluso demandado ante la Justicia. Así que pongo mis blancas barbas en remojo y la dejo por acá.

Yendo al tema de fondo, creo que la liberación debería estar precedida por un proceso educativo que generara la conciencia ambiental necesaria para valorar la preservación de nuestra fauna autóctona. Dicha conciencia, además, debe generarse en armonía y no de manera antagónica al normal desarrollo de nuestros procesos productivos, como ocurre con cierto irresponsable ambientalismo de barricada que soportamos habitualmente. Pero nadie le pone el cascabel al gato.

Y luego de esta etapa previa indispensable, deben encararse todas las complejidades que implica una intervención ambiental que procura regresar a un estado de cosas que pertenece al pasado. Porque el ambiente es dinámico, y en el interín, ocurren muchas cosas que hacen que las respuestas simples a los problemas complejos resulten, como siempre, equivocadas. Un par de ejemplos, uno del exterior, el otro nuestro.

En la región del Mercantour, en los Alpes franceses, hace algunos años se llevó adelante un programa de reinserción del lobo, extinguido en Francia, “importándolo” desde la cercana Italia. Para ello se contó con la tecnología más moderna, insertándoles a los animales chips electrónicos con GPS, monitoreando todos sus pasos para promover su reinstalación y reproducción.

Pero los modernos intereses ecologistas se enfrentaron con los tradicionales de la producción ovina familiar, cuando los lobos reinsertados empezaron a diezmar las majadas de los campesinos de la región. El objetivo ambiental siempre implica desafíos socioeconómicos de resolución más compleja que el propio proceso de reinserción.

La Quebrada de los Cuervos, en el departamento de Treinta y Tres, lo mismo que otras zonas serranas del país, desde antaño albergó poblaciones de chivos silvestres. Y era tradición que los acampantes en la zona cazaran algún chivito para comerlo asado. En épocas de la dictadura militar nadie se atrevía a portar armas largas y de grueso calibre, como las necesarias para tiros de distancia, por lo que la caza se redujo o desapareció.

Por este y seguramente algún otro motivo que desconozco, la población de chivos fue aumentando hasta volverse una amenaza para la supervivencia de las palmeras de la quebrada, ya que se comían sus rebrotes. Dos objetivos ambientales que, fuera de cierto nivel de equilibrio, se vuelven antagónicos.

Cuando se planteó la posibilidad de autorizar la caza del chivo para disminuir la presión sobre la reproducción de las palmeras, no faltaron organizaciones ambientalistas que, fieles a su tradicional postura de “lo quiero todo y lo quiero ya” salieron en “defensa de la cabrita” desconociendo la complejidad del problema.

Volviendo a los pecaríes, me parecería más efectivo que la liberación directa de los lechoncitos, el mantenimiento de una población inicialmente reducida, en condiciones de semi cautividad,  que asegurara la no extinción y sea la base de una futura multiplicación, pero defendida de un ambiente que nada tiene que ver con el que existía cuando los simpáticos chanchitos correteaban por la “penillanura levemente ondulada”.

Me temo que se avecinan tiempos de frustración para los técnicos del Ministerio. Ojalá me equivoque.

La fortuna de los Mujica-Topolansky

Rodolfo M. Irigoyen
Agosto 2017

Pepe, se que a ustedes no les gusta, siempre han sabido evitarlo, pero hay veces en que no hay más remedio que hablar de plata. Porque en cualquier momento te lo van a sacar, y cuanto más tiempo pase, va a ser peor. Así que vamos a ver un poco como es la cosa.

Vos sos parlamentario desde el 15 de febrero de 1995, y Lucía desde el 15 de febrero del 2000, y ambos lo han sido hasta le fecha en forma ininterrumpida. Si hacemos la cuenta hasta el 15 de agosto del 2017, son 22 años y medio tuyos y 17 años y medio de Lucía, en total, entre ambos, 480 meses.

El sueldo más los gastos de representación que reciben los senadores (y diputados) uruguayos, asciende en la actualidad a unos $ 205.000 (Informe de Jaime Clara, diario El Observador). A eso hay que agregarle otras partidas menores para gastos como ser sueldos de secretarios, gastos de prensa, telefonía celular etc. En total, y al tipo de cambio de hoy, unos 7.500 dólares mensuales. Que habrán sido más hace un par de años cuando el dólar valía 18 pesos, o menos en otros momentos en que el atraso cambiario era menor al actual. Pero para los fines aproximativos que nos interesan, podemos dejarlo en esa plata.

Claro que después vienen los descuentos, cuya cuantía es definida por la política económica. Pero como yo no soy de la DGI, y lejos está de mis intenciones el dar manija con las rencillas intestinas de la “fuerza política”,  me voy a manejar con los montos brutos, y que cada cual vea cuánto le aprieta el zapato.

A vos habría que restarte algo por los 3 años que fuiste ministro del MGAP y sumarte más por los 5 que fuiste presidente, además de otros ingresos de menor monto, pero vamos a no perdernos en cuentas chicas.

Cuatrocientos ochenta meses a 7.500 dólares mensuales, nos da tres millones seiscientos mil dólares. Dejémoslo, en aras de un prudente redondeo “para abajo”, en tres palos verdes, como ingreso del núcleo familiar, constituido por dos adultos mayores, sin hijos, que no pagan alquiler. Monto generado hasta ahora desde que, 10 años después de terminada la dictadura, ambos cónyuges decidieron que para acceder al poder, el camino de la democracia representativa quizá valiera la pena ser transitado. Que bastante trabajo te dio convencer a “la barra”, dicho sea de paso.

La estimación del monto no la hago como crítica, es la descripción objetiva del resultado de las reglas de juego libremente aprobadas, como debe ser, por la mayoría de los uruguayos. Pero que es plata, es plata, Pepe. Pocos capitalistas en el Uruguay consiguen esos resultados en igual período de tiempo.

Y ahora –si, recién ahora- llego al punto que me interesa analizar, que no es el de los ingresos generados (eso solo contextualiza), sino que se refiere a lo que cada uno decide hacer con su plata, y los resultados que obtiene a partir de esas decisiones. Ese es el fondo del asunto.

La definición que da la economía al respecto, es que cada individuo gasta su dinero de forma de maximizar la utilidad global que, para la satisfacción de sus necesidades, alcanza con el mismo. La primera parte la constituyen magnitudes mensurables (tanto para una cosa, tanto para otra), la segunda es resultado de las preferencias subjetivas de cada uno. Disculpá el economicismo que calculo no debe ser de tu agrado, pero es necesario para que nos entendamos.

Según es fama, vos y Lucía destinan el 90% de sus ingresos al financiamiento de su grupo político, el MPP. No se si es exactamente así pero te aseguro que los creo capaces. Y los politólogos (coincido contigo, a mí tampoco me gustan) no tienen dudas en sostener que el objetivo principal de un político es acceder al poder, y el objetivo subsiguiente, conservarlo: acá está la madre del borrego. Y si hay en Uruguay una pareja que se dedica tiempo completo a la política, esa pareja son vos y Lucía.

La residencia en una humilde chacra de la periferia, la modestia en el vestir y en general en las costumbres propias de la vida rural, el Fusca del 62, una perra raza calle con solo 3 patas, todo conforma un estilo de vida que es el resultado de una elección racional, afín a la idiosincrasia de ambos, y no el resultado de una vida de privaciones derivadas de la pobreza. Porque si nos atenemos a los datos objetivos determinados por el nivel de ingresos, tu núcleo familiar forma parte del 10% más rico de nuestra sociedad.

Tu gran acierto, Pepe, es el de haber hecho coincidir los gustos relativos al estilo de vida, con el proyecto político de izquierda, generando simultáneamente una base financiera de funcionamiento. Y más importante todavía: vender ese “paquete” como el proyecto genuinamente progresista que medio mundo anhela, harto de demagogos enriquecidos y burócratas de cuello blanco. La gente siente que tu estilo de vida es la prueba viva de que nadie como vos encarna y legitima un proyecto político alternativo, genuinamente popular.

Tu pasado de guerrillero, de preso político, de hombre jugado (un disimulado manejo de los tiempos sugiere que fue contra la dictadura), tu filosofía callejera, el ilimitado acceso a “los medios” con sus ecos planetarios, hacen el resto: sos un ícono global, antorcha para los indignados y desilusionados del mundo real. Resumiendo, ninguna inversión más rentable que la tuya: todo a la política. Con la “externalidad positiva” de que el estilo de vida que legitima el proyecto político a los ojos de tus seguidores, para vos no es un costo, es el que te gusta. Y eso también se nota y se valora.

No es necesario que entremos en la evaluación de tu gestión como presidente, sabemos perfectamente como terminaron casi todas tus iniciativas. Pero aunque tus detractores se regodean en una descripción sin fin de esos resultados, al común de la gente no les importa, igual te creen porque te quieren creer. Porque a la hora de las evaluaciones, en la confrontación de los resultados objetivos con las creencias, los primeros siempre salen derrotados.

Por eso, para las próximas elecciones, aunque vas a llegar con 84 años, seguís siendo el pre candidato con mayor intención de voto, y oscilás entre la negación de esa posibilidad y un prudente “si la biología me lo permite…”. Me hacés acordar del cuento de aquel novel presidente brasilero, al que le advertían sobre los riesgos implícitos en el ejercicio del poder, cosa que reconocía, pero agregaba: “¡mais é gostoso!”…

Pero nadie mejor que vos sabe de los sinsabores que también incluye. ¿Viste lo de Kustirica? Cuando apuntabas al Nóbel estaba todo bien, pero ahora declara que “buena parte del rodaje tuvimos que acampar en el terreno del propio Pepe. ¡Fue un suplicio!” Y le da carne a las fieras aclarando que “la película era financiada por dos empresas uruguayas, Ancap y Antel”…“en 2015 el financiamiento se cortó, con el argumento de que aparecía demasiada gente fumando” (no se si eso te da alguna pista).

Pero como no da puntada sin nudo, reconoce que “al menos quedó material  filmado que se podrá usar en una futura película sobre el papa Francisco”

Para redondear, una comparación entre dos formas de invertir en política, con resultados ilustrativamente opuestos. La tuya, en el “Fusca del 62” que usás para ir al asado con los camaradas en el Quincho, al que llegás esquivando las cámaras de TV que proyectan al mundo la imagen del “presidente más pobre de la tierra”. Y la otra, una de las inversiones de Raulito (tu ex delfín ahora enterrado en la ignominia de la mentira y la corruptela) como ser la compra de algún Armani u otra pilcha equivalente, de las que con elegancia acostumbra vestir. Con la misma plata –un sueldo tuyo para el auto, uno de Raúl para el traje- se pueden obtener resultados políticos ubicados en las antípodas.

A Noam Chomsky

Rodolfo M. Irigoyen
Julio 2017

Estimado Chomsky: lo primero es lo primero. Como lingüista, en todos esos temas tuyos de la ciencia cognitiva y la gramática universal, sea lo que sea de lo que se ocupen, no dudo de que sos “el uno”. Profesorados eméritos, doctorados honoris causa, no dudo que todo bien habido.

Aclarado lo anterior, después te pasó lo que le pasa a muchos famosos. Como el mundo les rinde culto en un tema, se sienten autorizados a opinar de cualquiera. Y opinan pontificando. Te doy un par de ejemplos:

Paul McCartney, como es archifamoso por su trayectoria musical, y no le gusta la carne, afirma que si todo el mundo dejara de comer carne un día a la semana, tanto la economía como la alimentación de la humanidad, mejorarían. Sin asumir, por supuesto, ninguna responsabilidad por el daño que pudiera causar, tanto en la economía como en la alimentación de los muchos millones de personas que le creen y le hacen caso.

O, siguiendo con temas alimentarios, el caso del Papa Francisco, que como es el más famoso intermediario con el Más Allá, manifiesta no estar de acuerdo con el uso de los cultivos transgénicos, para alcanzar el difícil objetivo de alimentar a la humanidad en el Más Acá. Y sin duda que aumenta esas dificultades, porque mucha gente, dada su fama y su investidura, le cree y le hace caso, con lo que disminuye la eficiencia global en la producción de alimentos.

Dicho todo con el mayor de los respetos, porque este, por elevado que sea, no debe anular nuestro espíritu crítico. Y ahora tu caso, Noam, con las mismas aclaraciones previas. Famoso por tus méritos académicos, decidiste usar tu fama para incidir en la política mundial, convencido de que vos sí sabés como hacerlo. Y empezaste por definirte como “anarquista libertario” y con esa divisa te largaste a pontificar sobre las formas de dirigir al mundo.

Acá en Uruguay teníamos dos homólogos en lo que a la divisa se refiere. El primero, el payador (especie autóctona de juglar repentista) Carlos Molina, el “bardo arachán”, que nos dejó hace algún tiempo, no sin antes recomendarnos, durante años, en décimas algo tembleques pero de permanente tono épico, que nos abocáramos de una vez por todas al nebuloso objetivo de la “defensa de la Patria Grande”

Al otro “anarquista libertario” uruguayo no es necesario que te lo presente, lo conocés bien, es tu amigo y anfitrión José “el Pepe” Mujica. Sospecho que te llevó a conocer su chacra, porque en tu conferencia hiciste especial mención al deterioro ambiental que está sufriendo el planeta. Pero atribuirle la responsabilidad de ese deterioro al neo liberalismo que domina el mundo… ¡viejo pícaro!, nos querés hacer olvidar que luego del derrumbe de la Unión Soviética, entre otras cosas se la definió como una de las peores catástrofes ambientales que sufriera la humanidad.

También por el lado ambiental le diste respuesta a la pregunta de la Senadora Constanza Moreira, relativa a tu visión del papel jugado por los gobiernos latinoamericanos de izquierda, ante la inversión extranjera. Y denunciaste su pasividad ante las inversiones transnacionales que siguen viniendo tras nuestra tierra, tras nuestra agua, en definitiva, como siempre, tras la explotación de nuestros recursos naturales. Que para peor, ni siquiera disponen ya para su defensa de la elegante pluma de Galeano, otro libertario famoso que se nos fue.

Convengamos en que a todos nos gustaría que las transnacionales vinieran tras nuestra capacidad de innovación, tras nuestros niveles educativos, tras el uso de nuestra eficiente infraestructura, tras nuestra confiable institucionalidad y robusta macroeconomía, en fin, tras la transparencia de la acción de nuestros gobiernos democráticos.

Ocurre que no son estúpidos, Noam. Si lo fueran, no dominarían al mundo como vos bien denunciás. Ellos toman sus decisiones en base a las realidades objetivas de la economía, sin tener en cuenta nuestras trasnochadas utopías. Y lo hacen poniendo en juego todo su poder económico, porque si no se los come la competencia. Porque Noam, aunque los libertarios no lo crean, el principal rival de un capitalista no es “el pueblo”, sino los otros capitalistas.

Y para que veas lo lejos que estamos de tus esperanzas, te aseguro que hablar de pasividad, es lo mínimo que se puede decir. En la década pasada, Néstor y Tabaré, dos paladines de los progresistas gobiernos de izquierda de Argentina y Uruguay, estuvieron por irse a las manos compitiendo por los favores de una transnacional papelera, que al final nos eligió a los uruguayos.

Y en los presidentes subsiguientes de los mismos países, Cristina y el Pepe ¡si, tu amigo! intercambiaron insultos y amenazas persiguiendo los favores de una segunda transnacional papelera, que también nos eligió a nosotros (¡menudo honor!¿te das cuenta?). Y en esta administración, de nuevo Tabaré está protagonizando una bajada de lienzos histórica para conseguir la instalación de una tercera planta, también decidida a succionar nuestra naturaleza sin dejarnos nada a cambio.

Claro que siempre nos queda el sagrado derecho a negarnos, pero nada hace presagiar que vayamos a ejercerlo, porque solo decimos que si a todo lo que nos piden o exigen. Pero no todo está perdido, tenemos nuestro orgullito, no se si te hablaron del sindicato de AFE, que le ha impedido a los piratas vikingos inspeccionar las vías del tren que irían a usar para el traslado de madera y celulosa. Pero los compañeros son tan pocos… ese es el problema del Uruguay, nuestros ejemplos son minúsculos.

Bueno Noam, para ir terminando ¿sacaste la cuenta de que el año que viene cumplís los noventa? ¿no estás cansado de tanto viaje, tanta conferencia, en definitiva, de tanta lucha? ¿no tenés algunos bisnietos a los que mejor dedicarte a entretener con tus cuentos? Con nosotros al menos, estás más que cumplido. Te lo demostraron los cientos de admiradores que llenaron la sala de conferencias para escucharte. Te deseo buen retorno.

Sobre Martín Caparrós y su artículo “La carne cultivada”

Rodolfo M. Irigoyen
Diciembre 2016

Es lo que pasa con los periodistas que, después de dar la noticia deciden enriquecerla con comentarios y sugerencias propios aunque desconozcan por completo el tema en cuestión. Y si el sujeto es muy famoso como es el caso de Caparrós, peor, porque con la fama crece la fe que se le tiene al “sentido común” propio. Aunque el mismo, si no hubiera recibido conocimiento ajeno, le habría asegurado, por ejemplo,  que la tierra era plana.

Dice Caparrós: “Más de un tercio de las tierras útiles del mundo están dedicadas a la cría de ganado: entonces quedarían libres para el cultivo o, incluso, para oxigenar el planeta. El efecto invernadero cedería, y más aún si se tiene en cuenta que el 18% de los gases que lo producen vienen de las vacas y los chanchos”

A las tierras dedicadas a la cría del ganado –praderas, pastizales, zonas algo boscosas- no es necesario liberarlas porque no están prisioneras del ganado. Cuando son aptas para el cultivo y se las quiere cultivar, nada impide hacerlo, si se cuenta con los recursos –humanos, técnicos, financieros etcétera- para llevar adelante dichos cultivos.

Y en relación a la “oxigenación del planeta” la cuestión es exactamente al revés, es lo que los ecosistemas mencionados hacen en la actualidad: son los grandes fijadores del anhídrido carbónico existente en la atmósfera. Con él llevan adelante el proceso de fotosíntesis, que tiene la menuda tarea de alimentar a la humanidad.

Y respecto al estudio (del IPCC de FAO) que afirmaba que el 18% de los GEI eran producidos por los rumiantes (vacas, ovejas, ciervos, cabras) los propios autores se vieron obligados a reconocer tiempo después de su publicación, que se trataba de un cálculo equivocado y muy exagerado. Pero el reconocimiento del error tuvo mucho menos prensa que la difusión inicial del mismo. Y el pobre chancho no tiene nada que ver, porque no es rumiante.

A continuación viene lo políticamente correcto: “Y, sobre todo, más de la mitad de las cosechas del mundo se usan para alimentarlos (a los rumiantes): si ya no fuera necesario, esa comida podría terminar con el hambre de una vez por todas” (en realidad gran parte de esos granos no se destinan a rumiantes sino a monogástricos como aves –para carne y huevos- y cerdos)

El mundo vegetariano soñado por Caparrós sería un desastre, por muchas razones. Sintéticamente: desde el punto de vista nutricional sería un enorme paso atrás de la humanidad, al eliminar las fuentes de proteína de mayor calidad, esenciales en una dieta bien balanceada. Y desde el económico, la cría de esos animales que ocupan un tercio de la tierra del planeta, son la principal ocupación y fuente de ingresos de muchos cientos de millones de personas que quedarían desocupadas y condenadas, ahora sí, al hambre.

Y continúa: “Ahí está el riesgo: que quien por fin lo logre se convierta en un nuevo Monsanto, dueño de una tecnología que todo el mundo necesita; que un gran avance técnico no beneficie a los miles de millones que lo necesitan sino a una junta de accionistas”

Sin duda que los grandes accionistas de Monsanto y otras empresas similares se han visto beneficiadas por el avance técnico que significaron los OGM, pero del otro lado del mostrador, desde que existen esos transgénicos, 2.500 millones de personas, que no existían o no comían, hoy existen y comen. Y esta segunda consecuencia me parece infinitamente más importante que la anterior.

Y por último: Es ahora, mientras todo está por verse, cuando los Estados y sus organismos internacionales tienen la ocasión de cambiar el modelo: de decidir que serán ellos los que desarrollen la nueva comida para que no sea propiedad de unos pocos sino patrimonio de todos; para que no le sirva a una corporación sino a la humanidad. Sería una gran oportunidad –una oportunidad única– para cambiar los mecanismos que hacen que cientos de millones de personas no coman suficiente.

Atención estadistas, no dejen pasar el momento, es ahora. Tenemos la gran oportunidad de crear, con la ONU o algo similar, una especie de Frigorífico Nacional planetario que “cultive” y distribuya la carne para todo el mundo. Me lo imagino: gran eficiencia, cero burocracia, minga de corrupción, precios accesibles, sin problemas tecnológicos ni de logística y distribución. Y los antiguos hambrientos, viviendo felices de la caridad del Gran Hermano.

Con el mayor de los respetos, pero la dejo por acá. El riesgo que esto derive en pesadillas es alto.

“No toquen nada” de Océano FM y los frigoríficos

Rodolfo M. Irigoyen
Abril 2015

Estimados Joel y Ricardo: escuché el informe sobre la concentración en la industria frigorífica, y me hizo recodar otro sobre el mismo tema que realicé hace como 40 años, como técnico de una oficina de estudios económicos del MGAP. En ambos, el de ustedes ahora y el mío de antaño, orientaban al análisis los mismos supuestos implícitos: “la concentración es mala” y “la concertación (en este caso de precios) se facilita si los operadores son de la misma nacionalidad”. Doble error derivado del pensamiento estructuralista imperante hace medio siglo, frecuente aún en algunos sectores del gobierno.

El primer error, radica en manejar juicios de valor en relación con las estructuras de mercados. Son como son, y es por algo. La competencia perfecta (subliminalmente idealizada por ustedes) puede existir en los quioscos, pero no en un sector donde las unidades de producción tienen, necesariamente, una escala física y económica enorme.

La industria frigorífica es concentrada acá en Uruguay, pero también lo es en Brasil, también en EEUU, en una palabra, en todo lugar donde haya ganadería comercial de cierta escala. Como bien dijo el ministro Aguerre, “son negocios, y es necesario que los negocios funcionen” pero, agrego yo, cuando los negocios ganaderos funcionan, la industria frigorífica crece y se concentra. Claro que las cosas tienen un límite. Demasiada concentración es mala, la absoluta (monopolio o monopsonio) es pésima. Como siempre, es cuestión de equilibrios.

El segundo error consiste en presuponer “posibles alianzas de ciudadanías”. El último período de precios más altos de la carne al productor en Uruguay -2011/2013- se originó en gran medida en coletazos de la feroz batalla por segmentos del mercado brasileño entre Marfrig y Minerva, justamente los dos grupos brasileños de mayor peso en Uruguay.

No es necesario demostrar que los frigoríficos no son instituciones filantrópicas, como tampoco lo son las empresas ganaderas, y la capacidad de aumentar los ingresos, de unos y de otros, pasa en alguna medida por sus posibilidades de incidir en la formación de los precios, obviamente mucho mayor en el caso de los frigoríficos. Por eso bienvenida la autorización de exportaciones en pié, que dinamizan una fase fundamental de la cadena cárnica, y cualquier otra medida que tienda a disminuir el poder de determinación de la industria.

Lo mismo que entre los productores en las transacciones intermedias (entre criadores e invernadores) donde, por ejemplo, las ventas por pantalla mejoraron la transparencia y las posibilidades de financiamiento. Pero no se trata de “buenos y malos” en ningún caso, sino que depende de las respectivas estructuras de mercado y de las condiciones coyunturales de cada momento (clima, mercados internacionales, etcétera).

Esto da para mucho más, pero no la quiero hacer más larga. Me permito un consejo: no traten de explicar el precio en la carnicería (lo de mayor interés para su audiencia) por la concentración de la industria. A sus oyentes les será de mayor utilidad saber que podemos consumir la mejor carne del mundo, los 365 días del año, y más barata (precio corregido por calidad) que en cualquier otro país. No está demás que sepamos que en algunas cosas los uruguayos somos unos privilegiados.

A Frei Betto

Rodolfo M. Irigoyen
Diciembre 2011

Estimado Frei Betto: con el mayor de los respetos, me permito sugerirle que no siga oponiéndose a lo que recomienda el aserto popular, de explícito origen bíblico, que reza: “Aleluya, aleluya, cada cual a la suya”. Usted se dedica a las almas, y seguro se irá al cielo, y Joseph Blatter, presidente de la Fifa, se dedica, entre otras cosas, a organizar los campeonatos mundiales de fútbol, y seguro se irá al infierno, justo castigo por sus turbios manejos en la presidencia de la mayor transnacional del deporte y de la televisión. De los cuales, los atropellos que usted denuncia, son una tímida muestra.

Pero invertir los papeles, sería un rotundo fracaso. Blatter igual se iría al infierno, porque los Oídos del Señor no darían crédito a sus hipócritas oraciones. Y usted igual se iría al cielo, porque en sus nuevas funciones sin duda pondría toda su integridad personal y las desarrollaría con las mejores intenciones y pastoral actitud. Hasta acá, las cosas no cambiarían.

La novedad estaría en que en menos de 3 meses, su administración haría que la FIFA diera quiebra, y la organización del fútbol, con todos sus campeonatos, desapareciera. Y la consecuencia más inmediata y por demás lamentable sería que usted resultaría ipso facto linchado por una turba furiosa, en la cual seguro revistarían los humildes trabajadores brasileños que su epístola trata de defender, que se dedican a la venta de cerveza en los estadios, consumo que la FIFA prohibió.

Deje que Blatter siga su camino a la condenación eterna, mientras asegura el eficiente (aunque turbio) funcionamiento de la FIFA, y con ella los campeonatos mundiales de fútbol, como el próximo a desarrollarse en Brasil. Porque ese circo es lo que desea, en forma inapelable, el 90% de la humanidad y el 100% de los brasileños, sus compatriotas. Mientras tanto usted continúe con su labor pastoral, apuntando a la futura residencia celestial de las almas de su rebaño.

Me despido de usted expresándole nuevamente el respeto que me merece por sus siempre elevadas preocupaciones.