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A Mario Azzarini “Imposible ir de cuerpo…”

Estimadísimo Mariolo: el motivo de esta comunicación, es trivial. Se origina en una de las graciosas anécdotas que hiciste en una intervención durante la sobremesa en el festejo 49° del Pay 69 en lo de José María Rodríguez Folle, que atribuiste a los inefables telegramas radiales del interior, en este caso a Radio Vichadero. La “verdad histórica” es otra, y para que la conozcas te escribo. Como muchas veces pasa, un cuento real adquiere “vida propia”, empieza a circular, lo hace por mucho tiempo, y al final llega a sus protagonistas corregidos y aumentados. Seguro conocés algún otro caso. Bueno, luego de este preámbulo, va la historia.

Resulta que estando yo en la EEMAC en setiembre del 69 (¡los 50 años que festejamos el próximo 14!) cumplía años mi hermana Margarita, con algún agregado especial (presentación de novio, creo) por lo que en mi casa paterna en Montevideo, se hacía una reunión, a la que me habían pedido que concurriera. Yo estaba en pleno año lectivo (¡con profesores de indecible nivel de exigencia!) por lo que me resultó imposible la concurrencia. Entonces envié un telegrama, en joda, con el texto que nos motiva: “Imposible ir de cuerpo, acompaño espiritualmente. Rodolfo”.

Vivíamos en 19 de Abril esq. Agraciada, y una cuadra más arriba, en 19 de Abril esq. Adolfo Berro, vivía la familia Dugrós, madre y hermanos del petizo Paul Dugrós, una leyenda que pasó por la Facultad, al que quizá no conociste porque nunca terminó el Básico, dado que ostenta el dudoso récord de haber perdido, 7 años de corrido, el curso de Geología, desarrollando (causa o efecto, nunca se sabrá) un odio cerval contra Jorge Bossi, profesor de la materia, que originó también un anecdotario que en otro momento merece ser recordado.

Y quiso el destino que el mismo día del cumpleaños de mi hermana, se casara una hermana de Paul, con fiesta también en la casa paterna, como ya expliqué, a una cuadra de la mía. En aquel entonces los telegramas, en papel impreso, eran llevados a la dirección correspondiente por el cartero. Y el del barrio, que seguro tenía varios para el casamiento (era de estilo mandar telegrama si no eras invitado pero te “participaban”) incluyó por error también el mío en ese lote, y así fue a dar no a manos de mi hermana, sino a las de la novia contrayente de la otra esquina.

Al otro día del casamiento, la familia Dugrós repasaba los telegramas recibidos, seguramente no leídos en el ajetreo previo a la fiesta, cuando apareció el mío, para escándalo de la madre de la novia, una viuda de alcurnia, muy refinada, que no toleraba gracias de tan mal gusto. Inmediatamente culpó al petizo, que como dije era muy jodón, o a su hermano el Cocorito, que era peor, famoso en el barrio. Ambos imputados negaron con vehemencia el haber perpetrado, ellos o algún amigote escudado en un nombre ficticio la guarangada, pero su pasado los condenaba. Hasta que alguien notó que la dirección, aunque muy parecida, lo que seguramente indujo al error del cartero, era 19 de Abril 3309 y no 33XX. Todo indicaba que era en la otra esquina, y eso salvó al petizo, que recordó en el acto que en esa esquina vivía mi familia.

Comisionado para ir a averiguar y devolver el telegrama, Paul fue a casa donde precisamente estaba mi hermana, quien les confirmó que dicho telegrama era para ella, y el que lo enviaba, el guarango de su hermano Rodolfo. Fue así como caí yo en la volteada, recibiendo las amonestaciones del caso en mi siguiente viaje a la capital. El petizo y su familia difundieron el cuento, que años después llegó a mis oídos corregido y aumentado, como pasa en estos casos. Y en formato “telegrama radial” lo conociste vos posteriormente.

Bueno Mariolo, como ves no era nada trascendente, pero me pareció que valía la pena conocieras los hechos tal como ocurrieron, porque tienen ese toque de fatalidad que les da mayor sabor. En el momento que lo contaste no quise intervenir para comentártelo después, pero no había surgido la oportunidad.

El abrazo de siempre, del Catalán

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