Desde la temprana (también diría “y lejana” si no sonase cacofónico) escuela, nos viene la enseñanza de que las dos principales riquezas del Uruguay provienen de los bovinos y los ovinos. Dejando de lado valoraciones económicas de dentro y de fuera del sector agropecuario, el motivo de esta reflexión es que una vez más, en la adultez, comprobamos que fuimos niños engañados. Engañifa que perdura hasta nuestros días, y quien lo dude, que escuche hablar del tema a los especialistas agrarios.
Incursionando ligeramente en la taxonomía, que es una, pero estarán ustedes de acuerdo en que no la única forma de clasificar a los seres vivos, digamos que los Bovinos o Bóvidos constituyen una Familia, que tiene cuatro Subfamilias: Vacunos, Ovinos, Cabras y Antílopes. O sea que “las vacas” son Vacunos, y “las ovejas” Ovinos, y ambos, Bovinos. Llamarle por lo tanto a las vacas Bovinos no está mal, pero no las identifica en forma inequívoca, porque “Vacunos” y “Bovinos” no son sinónimos, dado que pertenecen a niveles taxonómicos diferentes. Y sí está mal considerar que las ovejas no son Bovinos.
La Familia de los Bóvidos pertenece al Suborden de “Pécora” o “Rumiantes”, así llamados por presentar el fenómeno digestivo de la rumia, que les permite regresar el alimento ingerido desde el Rumen (el primero de sus cuatro estómagos) para volver a masticarlo y tragarlo nuevamente. Fenómeno que, unido a la presencia de determinados microorganismos en su Rumen, les permite digerir alimentos de un elevado tenor fibroso, debido a la presencia de celulosa.
O sea que, cuando decimos “mala pécora” refiriéndonos a una dama, no la estamos tratando, literalmente, de “bruja” o “arpía” como es nuestra intención, sino a lo sumo de “mal rumiante” característica que seguramente no posee. Lo único que conseguimos con la susodicha expresión es agraviar en forma gratuita a tanto animal inocente.
Pero los Bóvidos no son los únicos rumiantes. También pertenecen a la misma Familia los Cérvidos y los Jiráfidos, cuyos ejemplares más notorios, los ciervos y las jirafas (vaya novedad) podemos admirar en nuestro Zoo, no sin un cierto grado de hacinamiento (de ellos y también nuestro).
El Suborden de los Rumiantes, pertenece al Orden de los Artiodáctilos. “Artio” viene del griego, y quiere decir “par”, y “dáctilo” bueno, ya se sabe (por las dudas, nada que ver con “dátiles”). O sea, que son los animales que tienen un número par de dedos, en cada mano o pata. Porque en total, todos tenemos un número par de dedos, porque tenemos, hombres o bestias, un número par de extremidades (por aquello de que cualquier número, par o impar, multiplicado por un par, da par) El caballo por consiguiente no es Rumiante, tiene un solo dedo, los otros los perdió en el proceso evolutivo.
Además de los Rumiantes, pertenecen a los Artiodáctilos los Subórdenes de Suinia, al que pertenecen los cerdos y los hipopótamos, y el de los Tylopados, a los que pertenece el camello. Ejemplares todos que también podemos observar en el tradicional paseo de Villa Dolores (sí, cerdos también hay, pero libres) mientras que los militantes del “Bienestar Animal” no consigan la clausura del zoológico.
Para finalizar, digamos que el Orden de los Artiodáctilos pertenece a la Subclase de los Ungulados, la que se caracteriza porque sus integrantes son vegetarianos (me suena…) y porque sus dedos terminan en pezuñas. Y la Subclase de los Ungulados pertenece a la Clase Mamífera, a la que también pertenecemos nosotros, lo mismo que todos los demás animales cuyas hembras posean mamas, con las que amamantan a sus crías (una inequidad que, en el caso de los humanos/humanas, el Movimiento Feminista seguro logrará decretar su caducidad).
Nada de esto pasaba seguramente por la cabeza de la recordada maestra escolar, cuando nos daba los primeros elementos de nuestra geografía económica, y repetía el difundido error de decir “bovino” cuando corresponde decir “vacuno”. Pero su misión era la de desasnarnos, y no la de divagar por temas taxonómicos, como puede hacer alguien que está “rumiando su aburrimiento”, una noche de sábado, en el medio del campo.
Piedra Sola
Mayo del 2006