El 10 de Marzo falleció en Montevideo Santos Ignacio Arbiza. Había nacido en el barrio de Capurro –su barrio- de la misma ciudad hace casi 87 años. Todo el que lo conocía lo llamaba “el Chino” y tenía de él, como primera referencia, el de haber sido Decano de la Facultad de Agronomía.
El apodo inapelable se aplicaba a un personaje multifacético. Recibido como Ingeniero Agrónomo en épocas de Maracaná, en su primera década profesional alternó, actividades privadas tan disímiles como la producción de maní en Tacuarembó o la comercialización de lanas en la barraca familiar de Montevideo, con sus primeras experiencias como docente.
Durante 1963 viaja a Australia para realizar una pasantía técnica en la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sídney, el centro de investigación y educación en lanas más importante del mundo. Allí se habían comenzado los proyectos de mediciones objetivas de la lana, avanzando de lo subjetivo hacia un sistema de mediciones objetivas, tanto en el mejoramiento genético como en la comercialización. Y eso fue revolucionario.
Arbiza tuvo la enorme virtud de visualizar la importancia de esta nueva filosofía, de recolectar una enorme cantidad de información bajo forma de libros y otras publicaciones, y de comenzar a transmitirlo en el curso de Lanas que comenzó a dictar a partir de 1964 en la Estación Experimental Mario Cassinoni de Paysandú, en cuya creación había sido activo protagonista. Su generosidad en poner esos materiales a disposición de todos los interesados, no conoció límites.
En paralelo con la actividad docente, y usufructuando sus vínculos con los empresarios ganaderos, provenientes del ámbito comercial, lleva adelante la inusual tarea de conseguir la donación de un determinado número de vientres ovinos, de cada una de las razas explotadas en el país. Esos núcleos fueron la base para la creación de las majadas experimentales de la Facultad de Agronomía.
Esa misma visión estratégica, y el impulso para llevarla a la práctica contra viento y marea, que fuera su señal de identidad, se manifestó también en la creación del laboratorio del Secretariado Uruguayo de la Lana –fundado en 1968- y del servicio de Flock Testing predecesor de las actuales evaluaciones genéticas. En palabras de un compañero de ruta “con una visión formidable, identificaba y llevaba adelante los proyectos, caminándole por encima a los detalles -que diciendo malas palabras otros tenían que resolver- pero que sin su iniciativa no se hubiesen concretado”
Ejerce el Decanato de Facultad de Agronomía en dos períodos: durante los difíciles años previos a la Intervención de la Universidad (que, obviamente, lo destituye) y en los iniciales de la reinstalación democrática. En ambos, liderando dos líneas estratégicas esenciales: la de fortalecer la débil vinculación de la Universidad con “el mundo real” de la producción, y la de desarrollar la política de capacitación de los cuadros docentes de la Facultad, por medio de convenios y becas para la realización de posgrados en centros de excelencia a nivel mundial.
Luego del golpe de Estado de 1973, obligado a exiliarse, se radica inicialmente en Buenos Aires y posteriormente en la Provincia de La Pampa, en Argentina. Allí emprende el estudio de las cabras, hecho que lo vincularía en los años siguientes a la docencia y la investigación en las dos especies, ovinos y caprinos. En 1976 se instala con su familia definitivamente en México, donde vive y trabaja durante los 32 años siguientes. Incorporado al área de Producción Animal de la UNAM, promueve la formación del primer posgrado en pequeños rumiantes, recorre incansablemente el territorio mexicano, haciendo docencia, publicando libros, coordinando carreras y posgrados, convirtiéndose en un referente obligado de la producción ovina y caprina de ese país.
Cuando se jubila (¡a los 82 años!) vuelve a radicarse en Montevideo. Con los años habían disminuido las consultorías internacionales, en la misma medida que aumentaban los nietos y bisnietos que se le desparramaban por el mundo. Permanente viajero, estudiaba la geografía y la historia de los pueblos que visitaba, consolidando su universalismo y la amplitud de miras con que siempre encaró a las constantes innovaciones que el desarrollo tecnológico genera.
Su casa –en Uruguay, en Argentina, en México- estuvo siempre abierta, en especial en los tiempos difíciles, a todo conocido o amigo que lo necesitara. Su claro posicionamiento político nunca fue obstáculo para coordinar acciones conjuntas con gente de otras tiendas, siempre que los objetivos comunes lo ameritaran.
Sus millares de alumnos, colegas y amigos de todo el mundo, reciben como legado su ejemplo de trabajador incansable, de hacedor creativo, de optimista incurable. Generador de un anecdotario inagotable, queda en la mejor memoria de todos los que tuvimos la suerte de tratarlo. María Díaz, su esposa y compañera de todas las horas, sus hijas Pilar y María Jesús, sus parientes políticos, su numerosa descendencia y su interminable parentela, lo llevarán siempre en el recuerdo.
Hasta siempre Chino. El Fénix no baja.
El País Agropecuario, Marzo 2015
Solo aclarar que el profesor Santos Arbiza fue catedrático (mi maestro) de caprinocultura en México, en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo hoy Universidad Autónoma de Chapingo, institución del mayor prestigio en agronomía en México.
Lo recuerdo con mucho aprecio.