Ocurrió al final de la primera parte del Campeonato Uruguayo del 95 (nunca se si es el Apertura o el Clausura). Al llegar a la última fecha, las posiciones eran encabezadas por Peñarol y Defensor, seguidos a dos puntos por Liverpool. Y jugaban Peñarol con River Plate en el Estadio Centenario, y Defensor con Liverpool, en el Estadio Franzini, cancha del primero.
Algo me roncó en las tripas cuando, Spica mediante, sentado en la tribuna para “visitante” del Estadio de los Tuertos, escuché cómo el partido del Centenario empezaba 5 minutos después que el nuestro, cuando se había asegurado que, dadas las posiciones en juego, ambos tenían que jugarse en forma absolutamente simultánea.
Del partido del Franzini solo diré que ganó Liverpool 2 a 1. Empezó ganando Defensor, pero dos penales incuestionables, ejecutados por la zurda implacable del “Pato” Castro, “pusieron cifras definitivas al escór” dicho en la jerga futbolera radial. Con estos tres puntos, Liverpool se ponía un punto por encima de Defensor y también por encima de Peñarol si este perdía, y por consiguiente en ese caso el negriazul era campeón.
Y a la hora en que terminó nuestro partido, Peñarol iba perdiendo 1 a 0 con River. Pero se seguía jugando, por el asunto de los 5 minutos de “atraso” que mencioné anteriormente. Y resulta que el arquero de River era a la sazón Fernando Alves, por largos años golero de Peñarol, que había pasado, ya con unos cuantos pirulos, a defender a los darseneros.
Cuando los 5 minutos se estaban por extinguir y se mantenía el 1 a 0, Alves salió a controlar una pelota que llegaba al área, e in-ex-pli-ca-ble-men-te en un golero de su experiencia (también en la jerga radial) la agarró antes de que la pelota entrara al área, cometiendo un “jáns” al borde de la misma, que pudo haber implicado su expulsión, cosa que no ocurrió.
Para ejecutar la pena, la colocó Bengoechea, dueño en esa época de todos los tiros libres peligrosos a favor de Peñarol. Armada la barrera por Alves, este se colocó demasiado cerca “del palo del arquero” dejando peligrosamente libre “el palo de la barrera”, lo que era un regalo para un rematador como Bengoechea. Pero un defensa de River, percatándose del “error” de su arquero, se colocó en la línea del arco, al lado del palo desguarnecido.
Entonces Alves, que mandaba en el armado de la defensa, como le corresponde al arquero, ordenó a su compañero que saliera de esa posición, mandándolo a que también fuera a formar la barrera. En conclusión, a Bengoechea le bastó con tocarla por encima de la barrera para que la pelota entrara mansita en el arco darsenero, “decretando”, en la hora, el empate. Y con el empate, consiguiendo para Peñarol el punto imprescindible para igualar a Liverpool en el tope de la tabla, y de esta forma llegar a disputar una final con el negriazul, que Peñarol ganó 2 a 0.
Muchos años después se supo, por confesión del susodicho, que para la misma Peñarol “compró” al golero de Liverpool (“me dieron 30.000 dólares, que necesitaba para comprarle la casita a la vieja”). Y al ganar esa “rueda” pudo disputar la final por el Uruguayo con Nacional, que ganó la otra. Final que también la ganó Peñarol, logrando así el tercer título en su camino al quinquenio 93-97. Pero esa es otra historia.
Montevideo
Junio 2012