Recientemente los medios difundieron la adhesión del Papa Francisco —en el contexto de la última Encíclica de la Iglesia Católica— al movimiento ecologista que se opone al uso en la agricultura de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Es oportuno hacer algunas puntualizaciones que enmarquen las implicancias de este posicionamiento:
- Que desde mediados de los años noventa, cuando aparecieron los cultivos transgénicos, la población mundial se incrementó en 2.000 millones de personas, pasando en estos últimos 20 años de 5.500 a los 7.500 millones que somos en la actualidad.
- Que a pesar de ese gran incremento en el número de habitantes, el nivel nutricional del conjunto de la población mundial se incrementó también sustancialmente.
- Que en los próximos 20 años, la población mundial se incrementará nuevamente en otros 2.000 millones de personas.
- Que es impensable la satisfacción de ese gran incremento pasado y futuro de la demanda de alimentos, en ausencia de los OGM, que por unidad de producto, son más eficientes en el uso de la tierra, del agua y de los agroquímicos.
- Que debido a lo anterior, los daños ambientales que todo proceso productivo conlleva, han sido sustancialmente menores de lo que hubieran ocurrido en caso de querer cubrir ese gran incremento de la demanda de alimentos por los medios tradicionales de cultivo y producción. O sea que los OGM, además de evitar la hambruna, también disminuyen el inevitable deterioro ambiental.
- Que es falso que el uso de OGM sea el responsable de la marginación de los pequeños productores rurales, que por razones de escala productiva y económica, sufren un proceso de marginación desde hace medio siglo. En todo caso, los cultivos transgénicos, que mejoran el resultado económico también de los pequeños productores, podrían enlentecer ese proceso de concentración, que se da en toda la economía, no solo en el agro.
- Que la inocuidad de los transgénicos se prueba a diario en todo el mundo, dado que, sepamos o no sepamos, todos los consumimos en los productos alimenticios o farmacéuticos, sin ninguna consecuencia adversa atribuible a su condición de transgénicos.
- Y finalmente, que la discusión actual a nivel científico, se centra en lo que vendrá después de los OGM, y no en como regresar a un pasado idealizado. Por delante está el siglo XXI, no el regreso al XX.
Para cerrar, una frase, de un científico norteamericano: “los que se oponen al uso de los transgénicos en la agricultura, deberían hacerse responsables de sus recomendaciones, e indicar quiénes son los 1.000 millones de personas que morirían de hambre sin su utilización”.
Carta a Búsqueda
Abril de 2015
El Papa incurre en un doble error. El primero es opinar como el Papa Francisco I y no como Jorge Bergoglio, un mortal mas. El segundo es en relación al tema de los OMG, en dónde los argumentos del autor del artículo, son incuestionables
Respecto al tema sugiero la lectura del libro “Los enemigos del progreso” de Karl Sagan.