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Mayadote

Mayadote entró a trabajar en el campo con mi padre en la época en que yo nací, y se fue, por inapelable decisión propia, cuando yo tenía 15 años. Hasta que yo tuve 10 años mi familia vivió en el campo, por lo tanto mi infancia se desarrolló en estrecho contacto con él, lo mismo que en todas las vacaciones durante mi pre adolescencia. Porque allí vivía, y solo “salía” un fin de semana por medio.

Fue mi primer (antes incluso que mi padre) y más recordado maestro de ciencias naturales, aunque nunca hubiera siquiera oído esta expresión. Desde el nombre de cuanto yuyo, pájaro o árbol que hubiera en el campo o en el monte, hasta el cómo y el porqué de su infalible ojo para detectar al animal enfermo o encontrar el objeto perdido en el campo.

Tampoco oyó hablar nunca de etología, pero como todo hombre campero, tenía un don especial para entender el comportamiento animal, interpretando, con toda naturalidad el mensaje de las orejas del caballo, del mugido de la vaca, de la actividad o quietud de la majada.

Gran admirador del “arte payadoril” atesoraba cancioneros criollos, de los que recuerdo al del payador argentino Evaristo Barrios, que me daba para que se lo leyera, no porque él no pudiera hacerlo, sino, sospecho, para ir despertando en mí el amor por la música de la tierra. Lo que me permitió en el futuro recrearme con el pícaro humor campero de Abel Soria y Julio Gallegos, con en el repentismo mágico de José Silvio Curbelo.

Todavía se me hace un nudo en la garganta cuando recuerdo el día en que se fue. Antes de subir a caballo, desprendiéndose su infaltable culero de trabajo, sacó el cuchillo y lo cortó para sacarle la hermosa hebilla plateada, que me la regaló para que me hiciera un cinto. Los cintos han ido cambiando, pero la hebilla permanece en uso, tras una pérdida temporal solucionada por otro gaucho que entiende de estas cosas, mi amigo el gringo Carlos Frick.

Cuando se jubiló, con 45 años de trabajo, había sido empleado en 3 estancias, 15 años en cada una, vaya uno a saber las implicancias de esos plazos que él determinaba. En los papeleos de la jubilación, surgió que su verdadero nombre era Hermógenes Malladott, seguramente de ascendencia catalana, pero para todos los que lo conocieron fue siempre fue Mayadote.

Usé su nombre como seudónomo en alguna versiada criolla en asados con amigos. En los que adjunto, le rcclamaba al Negro Chouy el haber dejado de publicar en El País Agropecuario los cuentos del tropero Gabino Dutra, otro personaje real, que seguramente hubiera sido su amigo en caso de que se hubieran conocido.

Don Jorge disculpemé
si le salgo medio al cruce
es que su pluma no luce
como antaño, campechana
se ha puesto medio haragana
¡tanto elogio recibido!
pero a usté paisano pido
en nombre de sus letores
¡no le afloje a los dotores!
¡écheles la falta’envido!

¿o es que acaso usté también
se fue pal láo de la cencia?
y abusa de la pacencia
con gráficas proyectadas
proyecciones graficadas
y anuncios catastrofistas
ecuación malabarista
y’un numeraje infinito
que’al paisano ¡pobrecito!
lo dejan’en la estacada

Don Gabino Dutra fue
hombre derecho, de ley
tranco seguro, de buey
troperos que ya no quedan
siempre decía “no crean,
hay dotores buenos criollos
que no se’andan con embrollos
al mejor lo conocí,
su nombre es Jorge Chouy,
pialador de muchos rollos”

Ese amigo se me fue
me quedaron sus consejos
la juventú quedó lejos
hoy vivo de los recuerdos
usted tiene juicio cuerdo
mas su gaucho se fue al trote.
Espero qu’este brulote
no lo moleste’al señor.
Su seguro servidor
Hermógenes Mayadote

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