Ante las denuncias por “falta de inclusión”, dado el hecho de que los deportistas hombres recibieron mayores espacios informativos que sus émulas mujeres en los JJOO recientemente disputados en Río de Janeiro, en simultáneo con el destaque al récord de atletas gays, bisexuales o trans que participaron en los juegos, quisiera hacer un par de comentarios, no demasiado coincidentes con el espíritu reinante en los tiempos que vivimos.
Me marean un poco los temas estos de la “inclusión”. Entiendo que las mujeres compitan separadas de los hombres en aquellas disciplinas en que las capacidades físicas son notoriamente diferentes entre ambos sexos.
Ya me resulta un poco dificultoso entender que se exija la misma atención –del periodista, del espectador, de los muchos millones de televidentes- cuando el nivel de interés es notoriamente diferente entre la expresión masculina y femenina del deporte, por ejemplo del fútbol, del básquetbol o del vóleibol, precisamente porque la posesión del máximo de esas aptitudes es un atractivo básico del deporte en cuestión. Y a la inversa, no creo que un “nado sincronizado masculino” tendría atractivos similares al femenino. Aunque me acusen de sexista.
Ni que hablar cuando se trata del boxeo, cuya versión femenina me parece grotesca, por decir lo mínimo. Pero lo que realmente no entiendo ni entenderé, es la situación opuesta, es decir por qué se compite por separado cuando esas diferencias físicas no influyen para nada en la práctica deportiva, y sobre todo, porqué no existen en esos casos los reclamos feministas, o en general “políticamente correctos”, reclamando inclusión.
Periódicamente se disputan en El Pinar carreras “femeninas” de la categoría superescarabajo, cuando se trata solo de manejar, no, por ejemplo, de levantar a pulso el block del motor para colocarlo en su lugar.
Y mucho menos entiendo el porqué de la existencia de un campeonato mundial de ajedrez femenino (sin que exista, por supuesto, ninguna prohibición para que mujeres compitan en el “asexuado”) sin que por ello se levanten las airadas voces reivindicativas que nos atosigan a diario por miles de motivos de mucho menor importancia en lo que a capacidades físicas e intelectuales se refiere.
En cuanto a la diferenciación de lo que en apariencia pretende ser un “tercer sexo”, cuyo desarrollo enorgullece a la corrección política, la cosa me resulta aún más complicada. ¿Van a competir solo entre ellos/ellas? No parece existir por el momento la “masa crítica” como para que esto funcione.
De no ser así ¿sus registros, contra los de quién se compararán? Porque se trata de competir (más rápido, más alto, etcétera), y no pueden haber competidores opcionales, comparados ora con los hombres, ora con las mujeres.
Por lo tanto, no se me ocurre cual puede ser la solución para que este (o estos) colectivos no se sientan discriminados, mientras la determinación biológica del sexo siga estando definida, no por la voluntad del futuro usuario, sino por la impredecible aleatoriedad espermática de los procesos fecundativos.
Setiembre de 2016