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Obituario por Carlos Vargas Quijano

Todo el entorno acompaña mi inmovilidad. Tenazmente las teclas, pero también las fotos, el termo, las semillas de las ramas del paraíso que se ve por la ventana, incluso el mate abandonado en un precario equilibrio sobre el plano inclinado de la impresora. Sin embargo todo se mueve en un torbellino de vértigo, a mayor velocidad que un jet (1.600 Km/h) en nuestra rotación sobre el eje terrestre; 69 veces más rápido en nuestra rotación en torno al sol (107.000 Km/h); 64 veces más rápido en nuestra deriva espacial (800.000 Km/h). Aunque se rebele nuestra pobre razón, por más que nuestro sentido común se niegue a aceptarlo, las cosas son como son.

Dos días antes de irme de viaje me llamó Mercedes pidiéndome un artículo sobre el tema agropecuario que estaba en discusión. Tenía trabajo atrasado, todo por preparar, además el tema nos dividía, discrepaba de plano con lo que había dicho Pepe en la radio si no la expresaba. Que lo discutíamos a la vuelta. De Carlos no me despedí, andaba por ahí, con algún proyecto nuevo, con su serena inteligencia, con toda su vida por delante.

Cuando vuelvo, llamo a reclamar la revista que no me había llegado, a ver que noticias había. Lo que recibo es el mazazo, quince días sostenido en el tiempo, de la noticia del accidente, de la muerte de Mercedes Quijano y su hijo Carlos, del grave estado de su otro hijo Paco. “No hay nada más insolente que un hecho” escribió en algún lugar Dostoievski. Y los hechos estaban ahí, con toda su insolencia. Aunque se rebele nuestra pobre razón, por más que nuestro sentido común se niegue a aceptarlo, las cosas son como son.

Como la falta de un referente externo nos impide percibir las rotaciones y derivas cósmicas, el cierre de Cuadernos de Marcha nos deja sin un referente obligado para entender mejor nuestra realidad social. Referente con atributos tan escasos como el pluralismo (perdón por usar un término tan manoseado), la seriedad, la ausencia de mezquinos intereses económicos o políticos que siempre deforman las cosas. Y en lo personal, la muerte de Mercedes y de Carlos me deja sin dos amigos. Para no reiterar lugares comunes que ellos no se merecían, me limito a dejarles mi agradecido recuerdo.

Cuadernos de Marcha
Julio-Agosto del 2001

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