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Rummy, Handball and “Luck-Ass”

Una de las materias en la que los uruguayos nos destacamos, es la de la negación de nuestra cultura, de nuestras raíces. El íntimo convencimiento de que si es de acá, no es bueno. Quizá sea un intento inconsciente de diferenciarnos de los argentinos, que en este sentido son la antítesis. Como es sabido, el mejor negocio es comprarlos por lo que valen, y venderlos por lo que creen que valen.

En ningún país, como en Uruguay, se cumple aquello de que «nadie es profeta en su tierra». Pero además de la negación de lo propio, le agregamos el complemento, que es el reconocimiento de todo lo extranjero, sin fijarnos mucho de si es mejor o peor que lo nuestro. Algo a lo que los mexicanos llaman «malinchismo», en honor a «la Malinche», la indígena que fuera amante, consejera y esposa –no sé bien en qué orden- del conquistador Hernán Cortés.

Veamos algunos ejemplos. El juego de cartas que acá se conoce como «Rummy» o «Rummy Canasta», en otras partes se conoce como «Canasta Uruguaya» en honor a la nacionalidad del inventor del juego. Aparentemente, le tuvimos que encontrar algún parentesco con un juego británico llamado «Rummy», para que acá fuera aceptado –con el nombre inglés, claro- y se popularizara, si cabe el término dada la extracción social de quienes mayoritariamente lo practican.

A principios de siglo, un «naturista» uruguayo de apellido Varera –naturista equivalía más o menos a lo que ahora se llama ecologista- inventó (o modificó uno ya existente) un juego de pelota, muy beneficioso, según su inventor, para un sano desarrollo corporal. Por supuesto que acá no logró ningún adepto, pero sí alguien que lo trasladó a Europa. Allá alcanzó un importante desarrollo, difundiéndose por gran parte del continente, en España con la denominación de «balón-mano», en otros países con el nombre inglés de «handball».

Quizá su denominación inglesa atrajo a los anglófonos nativos, lo cierto es que el deporte del naturista empezó a practicarse en algunos colegios capitalinos, y en la actualidad tiene un desarrollo importante en nuestro país. Tanto es así, que existe una Federación (o algo así) Uruguaya de Handball. Para mi asombro, vi en TV hace poco tiempo que esta institución organizaba un homenaje al doctor Varera. ¿Qué opinaría el bueno del naturista si viera el nombre que sus coterráneos le dan a su invento?

Vistas así las cosas, no deja de ser una suerte, que otro invento de estos pagos, la taba, no haya logrado la difusión que sin duda merece. Por ahora, las «suerte» y los «culo» se siguen tirando en canchas de tierra natural, medidas a pasos, y con un hueso producido cien por ciento por el vacuno. Canchas ubicadas en los fondos de los boliches de campaña –no pueden estar sobre la calle porque «el juego» está prohibido- y sólo conocen un breve auge en los meses previos y posteriores a las elecciones nacionales, siendo el propio día de los comicios, el de la olimpíada de la disciplina.

Pero no cantemos victoria. Basta con que la descubra algún gringo con visión para esto de los deportes rentables, para que se empiece a practicar en el extranjero, y al poco tiempo la tengamos de vuelta. Claro que el «hueso» no va a ser tal, seguramente será de plástico, los «buenos» vendrán de Taiwán y los más baratos serán chinos propiamente dichos.

Tampoco estará prohibido, dado que al fin la liberalización lo alcanzará. Ya nadie se acordará de «la taba» criolla, seguramente se llamará «luck-ass» o algo por el estilo. Y claro, el nuevo juego ya no se practicará en los boliches de campaña, sino en los recreos de los colegios bilingües, o en algún «country». Con los drinks, ofcórs.

Cuadernos de Marcha
Diciembre de 2000

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