Dicen los matemáticos que si a un determinado número de personas se le pregunta, por ejemplo, cual es la población de Turquía, pero antes se le pide que diga si la misma es mayor o menor de 5 millones, seguramente la mayoría dirá que mayor, y el promedio dará, por ejemplo, 20 millones. Pero si a las mismas personas se les pregunta lo mismo, pero que digan si es mayor o menor de 240 millones, la mayoría dirá que menor, pero el promedio dará, por ejemplo, 150 millones.
Otro ejemplo. Si se le pide a una persona que estime rápidamente el valor de 10! (factorial 10) y definimos que equivale a 10x9x8…x2x1, sus estimaciones serán más altas que si definimos 10! como el resultado de 1x2x3…x9x10 (que obviamente dan lo mismo) supuestamente porque esa persona se queda “anclada” al 10 inicial y no al 1 inicial.
Cuando por primera vez llegaron a Europa frutas o productos agrícolas exóticos para los cuales “no había mercado”, los europeos que eran lo compradores, le fijaron precios muy bajos, y posteriormente se formó el mercado, asociado a ese primer precio.
Esto puede haber sido parte de la explicación de por qué, durante décadas, los precios de muchos productos primarios fueran relativamente muy bajos, en relación con los de bienes industriales. Solo la gran demanda de alimentos proveniente del enorme crecimiento económico de países asiáticos de “economías emergentes”, con poblaciones de muchos centenares de millones de habitantes, “puso las cosas en su lugar” respecto a las relaciones de precios entre productos primarios y secundarios.
Bienvenido este sinceramiento de la economía mundial, que nos abre posibilidades de desarrollo que tuvimos vetadas durante gran parte del siglo XX. Solo depende de nosotros que la sepamos capitalizar en tiempo y forma. Porque las injusticias, y los pretextos que se elaboran a partir de las mismas, se nos acabaron.
Piedra Sola, Abril 2011