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Yo le voy al Necaxa…

Al Jiji Zorrilla
En Tamaulipas o donde se encuentre

Un sábado de mañana estaba tomando mate cuando por la radio me entero que Juan Villoro presentaba su libro “La alcoba dormida” a las 10 en una sala del centro. Ya eran las 9 y media, por lo que salí expreso, llegando puntualmente a las 10. Y por una vez mi puntualidad enfermiza me sirvió de algo, pues el autor, desmintiendo su condición de mexicano, llegó puntualmente, solo, por lo que tuve oportunidad de presentarme y charlar un rato mano a mano, porque los anfitriones, por supuesto, empezaron a llegar 15 minutos mas tarde.

El hecho de que yo hubiera vivido varios años en México, hizo el diálogo más fluido, y conociendo sus antecedentes de escribir sobre fútbol en importantes medios de España y América Latina, explorando, como dice en la contratapa de su libro “Dios es redondo”, “las supersticiones, los ritos y los mitos que han convertido a las canchas en catedrales, a los jugadores en apóstoles y a los árbitros en ángeles del infierno…” el tema del fútbol dominó la conversación.

Conocía por supuesto los datos básicos sobre el fútbol uruguayo, pero cuando le aclaré que yo no era hincha de Nacional ni de Peñarol, sino del glorioso Liverpool, mostró una inmediata empatía, diciendo que me entendía, porque él “le iba al Necaxa”. Yo conocía al Necaxa, equipo del Estado de México (no de la ciudad) porque un querido amigo mexicano (a quien le dedico este recuerdo) era hincha del mismo, y compartíamos temores y esperanzas atentos a la permanente amenaza del descenso, tanto en México como en Uruguay.

Entonces Villoro me contó que el grito de “¡Yo le voy al Necaxa!”, actual habitante frecuente del fondo de la tabla (pero que tuvo su época de oro en la década del 30) se había convertido en México en una especie de declaración de principios de no adhesión al imperio de los poderosos, en su país el América y el Guadalajara, por lo que entendía perfectamente mis motivaciones como hincha de Liverpool. Y aceptando, a la vez, que esa definición también puede ser útil, en el caso de que exima a quien la expresa de otras definiciones que pueden resultarle comprometedoras.

Gran crítico de todo tipo de burocracia, en particular la de la FIFA “que tiene más agremiados que la ONU” y que se caracteriza por tener “funcionarios competentes”, aclarando a continuación que esa expresión es el ejemplo del perfecto oxímoron.

Al final de la presentación, cuando le alcancé mi ejemplar de “La alcoba dormida” para la tradicional dedicatoria, escribió: “Para Rodolfo Irigoyen con el enorme gusto de compartir la pasión por los equipos románticos de fútbol, que ganan más partidos en la imaginación que en la realidad. ¡Viva el Liverpool! Con gran afecto, Juan Villoro”

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